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ABC MIÉRCOLES 31 s 1 s 2007 Necrológicas AGENDA 61 Karel Svoboda Compositor Genio de la música contemporánea checa y europea Fue el autor de grandes éxitos musicales como la banda sonora de la popular serie infantil La Abeja Maya que tuvo gran éxito en España Simón Tecco (Liubliana) El más grande compositor checo de música pop, Karel Svoboda de 68 años, se suicidó el domingo. El autor de grandes éxitos musicales como la banda sonora de la popular serie infantil La Abeja Maya fue encontrado muerto en el jardín de su casa de Jevany, 20 km. al sur de Praga. Según el portavoz de la policía, Sona Budska, todo indica que murió a causa de un disparo que se efectuó él mismo. La noticia de su muerte ha provocado conmoción en la opinión pública checa y sobre todo entre sus colaboradores más cercanos. El más popular cantante checo, Karel Gott, que durantes décadas colaboró estrechamente con Svoboda, declaró que la noticia de su muerte era inesperada, llegó como un relámpago y no soy capaz de aceptar todavía la perdida de mi gran amigo y de un excelente profesional Autor de centenares de canciones y de bandas sonoras pa- ra películas, obras teatrales, series televisivas y musicales, Karel Svoboda se hizo famoso en la década de los sesenta, como miembro del grupo de música rock Mefisto Fue amante de la música desde niño. Hijo de un modesto sastre, a los catorce años su madre le compró un piano con el que comenzó a desarrollar sus dotes musicales. Con la instauración del régimen comunista a fines de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que trabajar en una mina, luego como tractorista y hasta llegó a ser militar profesional. Más tarde por voluntad de su madre comenzó a estudiar Medicina, pero después de tres años abandonó la carrera porque se sentía atraído por la música y las actuaciones del grupo Mefisto del que ya era miembro. Al colaborar con Mefisto me di cuenta de que no volvería a estudiar Odontología y que sería músico reconoció en una ocasión. Era la década de los años sesenta y en el grupo Mefisto Karel Svoboda en 2000 tuvo la primera oportunidad como compositor. En esta época comenzó también a colaborar con un grupo dramático experimental en la Linterna Mágica y en el Teatro Rokoko checo, donde estrenó su primera partitura para obras de teatro. En este teatro cantaban las nacientes estrellas de esa década y fueron quienes me impulsaron para componer para ellos decía al recordar sus inicios. A los treinta años obtuvo AP su primer gran éxito internacional, al ganar el festival de Rio de Janeiro, con la canción La voz distante interpretada por la cantante checa Helena Vodrackova. Un año después volvió a obtener el primer premio de este festival, esta vez con una canción interpretada por el más famoso cantante checo Karel Gott, con quien inició una larga y estrecha colaboración. En su carrera de composi- tor Svoboda escribió ochenta canciones para Gott, con quien posteriormente conquistó el mercado alemán, donde tuvieron gran éxito las bandas sonoras de las series infantiles Tres nueces para Cenicienta y de La Abeja Maya esta última basada en la novela de Waldemar Bonsels. Durante más de treinta años, Svoboda compuso música para la cadena de televisión alemana ZDF. La música escrita para centenares de películas y series televisivas es considerada como la mayor obra del compositor checo. Con la casa productora alemana Polydor obtuvo cinco discos de oro y con la checa Supraphon el disco de diamante después de vender más de diez millones de discos. También es el autor de tres musicales: Drácula estrenado en 1995 y al que asistieron más de 1,5 millones de espectadores, Monte Cristo y su última obra, el musical Golem estrenado en noviembre pasado en Praga y cuyo guión se refiere a una vieja leyenda judía. Sin duda Karel Svoboda fue un genio de la música contemporánea checa y europea. Deja una gigantesca obra y el enigma del porqué decidió suicidarse. En Praga se comentaba ayer que los motivos podrían ser una enfermedad incurable o el miedo a envejecer. Pero también hay otro trauma, motivo por el cual su esposa Vendula Svoboda fundó el fondo de ayuda Una pequeña esperanza destinado a los niños enfermos de leucemia. Fondo que Svoboda creó en el año 2000, después de la muerte de su hija Clara, de cuatro años, que falleció a causa de esa enfermedad. Josefina Méndez Bailarina ADIÓS A UNA GRANDE DE LA DANZA Ah, que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor José Lezama Lima Ahmed Piñeiro Fernández Todos los que en Cuba amamos la danza experimentamos estos días mucho dolor a causa de la muerte de Josefina Méndez. De alguna manera, también tenemos una deuda con ella, mucho más ahora que sabemos que ya no está. Aunque hablar de Josefina- -de Yuyi, como le llamaban cariñosamente sus más allegados- -como alguien ausente, suena demasiado rotundo, demasiado radical: los seres humanos va- liosos, casi imprescindibles, como ella, siempre van a permanecer. Siendo todavía muy niño- -tenía acaso 3 ó 4 años, no puedo precisar ahora con exactitud- descubrí con Josefina Méndez el arte del ballet. Fue ella la primera bailarina que vi alzarse sobre las puntas de los dedos de los pies. De aquella función atesoro algunos recuerdos, que hoy regresan no con toda la nitidez que quisiera. Para mí, esa primera noche de ballet, la muchacha vestida de rosado no era Josefina Méndez, era la princesa Aurora, la protagonista de La bella durmiente, el mismo cuento escuchado tantas veces en la voz suave y melodiosa de mi madre, cada noche antes de dormir. La última vez que la vi fue el 6 de noviembre del 2006. Esa noche tuvo lugar en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, la función de Clausura del XX Festival Internacional de Ballet. De pronto y sin que nadie lo esperara, Josefina salió a saludar. Al reconocerla, el público le ofrendó una de las ovaciones más cálidas y sentidas de la noche. A pesar de un evidente agotamiento, se la veía muy feliz. Así es el artista. En cada papel que asumió dejó su sello, su impronta, porque además de poseer el raro don de transformar cada paso en arte- -en ella, el movimiento parecía eternizarse, tornarse infinito- tenía también la rara la virtud de hacerlo dramáti- camente creíble. No por casualidad Arnold Haskell, el célebre crítico inglés, la llamó La Reina de la Tragedia al calificar sus notables cualidades histriónicas. ¡Quién que la vio podrá olvidar su imagen en grandes roles del siglo XIX, como su apasionada y lírica Odette, todo hechizo y ternura, ejemplo de ensoñación romántica; o su Odile, avasalladora, enigmática y maligna, radicalmente diferente, en El lago de los cisnes! O su Giselle, apasionada y febril en el primer acto; desencarnada y espiritual en el segundo, un rol que como su laureada Madame Taglioni, en Grand pas de quatre, llegó a interpretar en la Ópera de París, en calidad de estrella invitada de esa compañía, el Gran Templo de la Danza, reservado sólo para los de mayor grandeza. Pero también Carolina, en El jardín de las lilas; Consuelo, en Tarde en la siesta; Juana de Arco, en Juana en Rouen; La muerte del cisne, Las sílfides o su pa- radigmática Cecilia Valdés, destellante en su cubanísima sensualidad, y Majísimo, La noche de Penélope y Dionaea- -estas últimas, creadas para ella- o su expresión fuerte e intensa en La casa de Bernarda Alba, que un crítico español llegó a catalogar como simplemente definitiva Y así ha de recordarse, del mismo modo, al ser humano: una mujer de infinita gracia criolla, muy elegante, ingeniosa, de gran inteligencia y refinamiento, y transmitiendo siempre una sensación de majestuosidad. Gracias, Josefina Méndez, por estos más de cincuenta años de arte, de absoluta y total entrega. Gracias por haber sido, por haber permanecido, y sobre todo, por continuar siendo y estando ya para siempre en un lugar privilegiado y seguro: la memoria de un público, la historia de una compañía, la cultura de un país: tu público, tu compañía y tu país, eternamente agradecidos.