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56 MADRID MIÉRCOLES 31 s 1 s 2007 ABC Los antidisturbios abandonan Alcorcón tras el cese de altercados C. HIDALGO MADRID. Los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) o antidisturbios han abandonado ya la vigilancia en las calles de Alcorcón, como venían haciendo desde que se produjeran los primeros disturbios entre grupos de jóvenes el pasado 20 de enero. Las refriegas se reprodujeron el siguiente sábado, día 27, y se saldaron con cuatro detenidos. Fuentes policiales consultadas por este periódico precisaron que el retén de guardia de la UIP- -unos 50 agentes- -que había permanecido en Alcorcón de manera preventiva regresó a Madrid el pasado domingo por la noche. Hay que tener en cuenta que en los próximos días se van a celebrar en Madrid partidos de fútbol, la manifestación contra ETA del Foro de Ermua, y Fitur, la gran cita del turismo, que arranca hoy en Ifema. De cualquier modo, agentes de la comisaría de Alcorcón permanecen vigilando algunas vías como la avenida del Alcalde José Aranda. Más rifirrafe político Mientras, los políticos siguen polemizando por el asunto de la seguridad en esta localidad. El portavoz del Partido Popular en la Asamblea, Antonio Be- teta, acusó ayer a su homólogo socialista, Rafael Simancas, de practicar la política del avestruz con los altercados ocurridos en Alcorcón, al considerar que no quiere ver el problema de inseguridad porque, si lo ve, el PSOE es responsable Beteta respondía de esta forma a las manifestaciones en las que Simancas acusaba a la presidenta regional, Esperanza Aguirre, de querer solucionar los problemas de convivencia que puedan estar produciéndose en el municipio de Alcorcón con policía, porra y tentetieso AL DÍA Manuel de la Fuente OFICIO DE VIVIR L a sangre del apocalipsis no llegó al río de Alcorcón el pasado sábado. Ese río revuelto en el que tantos y tan variados pescadores han intentado sacar sus partidistas ganancias. Apenas unas cuantas carreras, alguna pirotecnia policial y cierta dosis de violencia juvenil, la misma que en otros momentos del año (mayormente en verano) expresan los chavales a borde de trepidantes ciclomotores. Pero que nadie se llame a engaño. Ni por el lado del racismo, ni por el lado de la convivencia y la multiculturalidad. Salvo casos aislados y concretos, con nombres y apellidos (ojalá no sean las excepciones que confirman la regla) en nuestros barrios, de la capital y de sus ciudades satélite, las relaciones entre vecinos españoles y vecinos inmigrantes no son ni buenas ni malas, sino que generalmente son inexistentes. Es más, incluso entre los propios conciudadanos no venidos de fuera tampoco las relaciones son muy intensas. La gente va a lo suyo, que suele ser bastante, según andan las cosas de achuchadas entre la gente normal, ésa que se entera por la tele de que vive en un país que atraviesa una magnífica racha económica. En muchos barrios, la gente vive moderada y dignamente bien gracias a una interminable lista de trucos, de sabiduría popular, gente que conoce bien de antiguo el a menudo muy duro oficio de vivir. Los inmigrantes son los últimos náufragos llegados a ese mar de soledades en que a menudo se convierte una gran ciudad, y pongamos que hablo de Madrid, Alcorcón, Leganés, Alcalá de Henares, Fuenlabrada. En nuestras urbes, los inmigrantes también van a lo suyo, que no es poco, y que es hacer unas perras para mandar una lavadora a su país, o ir haciendo unos ahorros con los que sus hijos no tengan que criarse a miles de kilómetros de su tierra. Se les trata poco, y poco tiempo tienen también para andarse por las ramas de la multiculturalidad y el entendimiento multirracial cuando trabajan de sol a sol. Como por otra parte también hacen sus vecinos españoles, trabajar, trabajar y trabajar. Sencillamente, en los barrios, las cosas son como son. Ni xenofobia, ni utopías multiétnicas. Cada uno en su casa, y Dios (o Alá, o Manitú) en la de todos.