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26 ESPAÑA MIÉRCOLES 31 s 1 s 2007 ABC Uno de los pequeños féretros con los restos mortales de uno de los tres hermanos que murieron al incendiarse su casa en Torrecilla de Alcañiz FABIÁN SIMÓN La madre de los tres bebés muertos pidió el alta para poder enterrar a sus pequeños Torrecilla de Alcañiz, a punto de celebrar las fiestas de San Blas, vivió su día más triste y se vuelca con la familia s Los tres hermanos que resultaron heridos evolucionan bien ROBERTO PÉREZ TORRECILLA DE ALCAÑIZ. No ha sido inventada la palabra adecuada que pueda expresar lo que llevamos dentro El vicario general del Arzobispado de Zaragoza intentó ayer en su homilía llevar un consuelo imposible a Torrecilla de Alcañiz. Marco Antonio, Luis Manuel y Víctor Omar, los tres bebés muertos en el incendio de su casa, reposan, desde ayer por la tarde, en el cementerio de esta pequeña localidad del Bajo Aragón. El pueblo, de unos 400 habitantes, quedó paralizado. Sólo trabajó la Guardia Civil, una pareja en la puerta de la vivienda siniestrada y los especialistas en el interior intentando encontrar respuesta a lo que no lo tiene. La despedida fue emotiva en un pueblo que tardará en reponerse de un suceso que ha unido a todo su vecindario en torno a la madre de los pequeños. Estaba ingresada en el Hospital Comarcal de Alcañiz, pero pidió el alta voluntaria para asistir al funeral y despedir a sus tres pequeños, dos de ellos gemelos, de sólo seis meses; el otro, de poco más de un año. A duras penas aguantó en pie. Sedada, pero consciente, siguió la misa entre sollozos, en una iglesia parroquial en la que no cabían los vecinos. gados desde Zaragoza, incluso desconocidos, compatriotas de pueblos cercanos que querían acompañar a los parientes. Entretanto, siguen ingresados en Zaragoza otros dos de los siete hijos de esta ecuatoriana de 31 años que hace justo un mes enterraba, también en Torrecilla de Alcañiz, a su último marido, natural de Sevilla, muerto en accidente de tráfico. Al funeral asistieron también, entre otras autoridades, el presidente de la Diputación de Teruel, Ángel Gracia, y el consejero de Bienestar Social del Gobierno aragonés, el también turolense Miguel Ferrer. Por la mañana, el arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, acudió a Alcañiz para acompañar a la madre. Sin embargo, no pudo oficiar el funeral; lo hizo el vicario general del arzobispado zaragozano, al que pertenece esta localidad, Jesús Arduña. Junto a él, el párroco de Torrecilla de Alcañiz, Pablo Roda; un sacerdote escolapio natural de Torrecilla, José Pascual, y el coadjutor de la parroquia, Fredy Santamaría. tros. Durante la homilia, Jesús Arduña quiso, sobre todo, llamar a la solidaridad y a la ayuda para la familia. En la casa vivían la madre con sus siete hijos, la abuela y una hermana de ésta. Sin trabajo, sin compañero y con su larga prole, hasta ahora salían adelante con las ayudas de los servicios sociales. El vicario general insistió en que, a partir de ahora, el apoyo ha de ser aún más amplio ante la tragedia personal, e insistió en que lo ocurrido no sólo llena de consternación y de dolor, sino que también nos llama a estar atentos a la necesidad que pueda surgir, llevar la ayuda y el amor a las personas que nos necesitan, hacer todos lo que buenamente podamos, también las instituciones, las civiles y las eclesiásticas Destacó la respuesta solidaria de todo un pueblo desde el mismo momento en el que emprendieron ellos mismos el rescate y lograron sacar de la casa a la madre de los pequeños y a dos de sus hijas. Lo destacó el vicario gene- Emoción entre los vecinos Los vecinos tampoco pudieron ocultar la emoción y no fueron pocos los que rompieron en llanto al ver llegar los tres fére- Abrazada a los féretros Ante los tres pequeños féretros, la madre, estaba abrazada de forma permanente a la dueña de la casa en la que vivían alquilada y en la que se produjo el incendio. Junto a ellas, la abuela y una hermana de ésta. Y también otros familiares lle- No ha sido inventada la palabra adecuada para expresar lo que llevamos dentro dijo en el funeral el vicario de Zaragoza En el pueblo sólo quedaron los guardias civiles que investigan el siniestro; el resto acudió al sepelio