Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 31 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA LOAPILLA M EL RECUADRO SIERRA NAVA NO ES EL PRESTIGE N UNCA hasta la otra noche había visto a un señor trajeado de tapicería. Pero no de tapicería resultona de Laura Ashley o de Gastón y Daniela, no. Tapicería de mujeres, a leuro el kilo de puesto de gitanos aleluyas del mercadillo. Vi a un señor trajeado de tapicería del Piojito. ¿Quedaban más metros, hijo mío, que quiero hacerme un terno así y estrenarlo el Domingo de Ramos, que a mí a modernidad no hay quien me gane? Hablo de la gala de los premios Oscar, que es como en Cádiz les llaman a los Goya, para que nadie pueda darte el premio de la rima fálica con el apellido del pintor. Y si me sorprendió ver al señor tapizado presentando la gala, más que pasaran las estatuillas y las estatuillas, los lujosísimos trapos y costosas pieles de las progres Visa Oro, y allí nadie citara la bomba de Barajas, como antaño la guerra de Irak. Ni condenaran a la ETA, como antes le mentaban sus castas todas a Bush. Hasta que ayer Oti Rodríguez Marchante me dio la clave en su esclarecedora Tercera de ABC. Para la pipirijaina del titirimundi la consigna era que no había consigna. Habían dejado ANTONIO la consigna en consigna. Una maraviBURGOS lla. Con razón dicen que el cine es una fábrica de sueños. En la tómbola oficial de la fábrica de sueños, por unas horas no insultaron a los diez millones de votantes de la derecha ni nada. Sin que sirva de precedente, los progres de Visa Oro, de los que viajan en gran clase a Chiapas y se alojan en hoteles de cinco estrellas para mostrar su solidaridad a los zapatistas de allí como se la muestran, trincando, a los zapateristas de aquí, pronunciaron sus discursos, dieron las gracias, y no dijeron palabra alguna que comenzara por P: ni Paz ni Proceso, ni PP. La única P de la noche fue la P de Penélope. Una maravilla. Maravilla que demuestra que son unos monstruos. Mientras se celebraba la gala, media Andalucía, gobernada por sus amiguetes, estaba bajo un inmenso temporal, como de exteriores de una película de naufragios. Una autovía de la red nacional, la A- 92, estaba cortada por la nieve y por la incompetencia. Como la gente no suele hacer caso a los avisos de la Dirección General de Tráfico y se empeña en ir al trabajo, acudir al médico, visitar a los parientes y esas cosas, pues hubo un montón de automovilistas atrapados. No Nada. Andalucía es de los nuestros. Como No Nada en el Estrecho con ese temporal. Un barco, el Sierra Nava a las mismas horas de la consigna de silencio en los Goya, encallaba en el Estrecho. En esa otra Costa de la Muerte que es el Estrecho de Gibraltar. Costa de la muerte de las criaturas que perecieron en las pateras de la playa tarifeña de los Lances, cuando todos se preocupaban muchísimo de los linces y no de los pobres moros que se ahogaban en el Estrecho. El Estrecho del embudo. Al avío que se va el tío. De aquellos muertos del Estrecho no se hablaba, como no se habla de los dos ecuatorianos asesinados por la ETA en el aparcamiento de Barajas. De este barco, del Sierra Nava segunda edición del Prestige Prestige a la andaluza, ya sin Fraga ni Aznar en el poder, tampoco hay que hablar. De chapapote está poniendo las playas de la bahía de Algeciras hasta las mismas trancas, 350 toneladas de petróleo lleva en sus tanques, pero da lo mismo. Como Algeciras está en Andalucía, y en Andalucía mandan los nuestros, y como la cuestión de los barcos depende de Magdalena Álvarez, y Maleni es de los nuestros, aquí no habrá quien saque esta vez pegatina alguna del Nunca mais ni civil Camino de Santiago con los voluntarios yendo a recoger chapapote. Entre otras cosas, porque no vamos a tirarle como entonces el chapapote a la cara al presidente del Gobierno, porque es de los nuestros. Son unos artistas. Los titirimundis de la pipirijaina de los Goya (sin premio) y los que viven del poder e islas adyacentes. Unos virtuosos de la consigna. Están, como el presentador, tapizados. Tapizados de unanimidad. Es una maravilla cómo de Rubalcaba y Blanco abajo, todos repiten como loritos la cantinela del argumentario que han recibido esta mañana. Ellos sí que se merecían el premio Goya a la mejor superproducción de manipulación de la verdad. IENTRAS las autonomías se sirven competencias a su gusto en la barra libre de los nuevos estatutos- -hasta Castilla- La Mancha acaba de decretar por su cuenta la caducidad del trasvase Tajo- Segura- el Gobierno trata de maquillar su dejadez con el anuncio de una ley de reordenación de competencias, destinada a ser el penúltimo fracaso de ese bienintencionado ministro que se llama Jordi Sevilla. Si la cartera de Administraciones Públicas constituye siempre un departamento fantasma, destinado a parir reformas que jamás se llevan a efecto en el endiablado puzle de un Estado gaseoso, en el Gabinete de Zapatero se trata de un Ministerio obsolescenIGNACIO te, decorativo e inútil coCAMACHO mo un jarrón chino. Cuando el presidente es el primero que propicia un desparrame desquiciado de la estructura territorial, resulta de lo más extravagante que un ministro trate de recoger a posteriori el agua derramada del cubo que su jefe acaba de volcar a puntapiés. Esa ley anunciada por Sevilla no es más que un cosmético y tardío voluntarismo jacobino, que en su enunciado viene a reconocer que al Estado se le está yendo de las manos su propio mecanismo de funcionamiento, pero sin que el Gobierno parezca dispuesto a reordenarlo de un modo efectivo. Empeño en el que, por cierto, han fracasado previamente tanto González con la célebre LOAPA como Aznar con su vano intento de cerrar el modelo autonómico con un traspaso masivo de competencias. Tras alentar un delirio soberanista en Cataluña y extenderlo irresponsablemente a los demás territorios en menú de autoservicio, Zapatero propone ahora una especie de autorregulación según su célebre principio del diálogo: que se pongan de acuerdo las autonomías. Ya se ha visto cómo funciona eso en las conferencias de virreyes, digo, de presidentes. Lo que el Gobierno pretende es legislar sin modelo previo, es decir, sin definir el objetivo de lo que legisla. Es obvio que ninguna autonomía va a ceder competencias, y menos que ninguna las que pretenden- -por ahora, País Vasco y Cataluña- -trato bilateral, de igual a igual con el Estado. Así que la ley Sevilla de llegar a término, que no llegará porque se acabará antes el mandato, lo único que puede hacer es regular las citadas conferencias y el marco de la financiación. El marco, porque el cuadro es un cuadro propiamente dicho: sólo en los cuatro nuevos estatutos ya aprobados se ha adjudicado el 90 por 100 de las inversiones estatales. Este carajal- -Borrell dixit- -no lo arregla una loapilla que ni siquiera van a aceptar esos regímenes autonómicos crecidos ante la manifiesta flaqueza de un Estado en proceso de licuación, sino que requiere un tirón de riendas hoy por hoy impensable bajo este Gobierno sin proyecto ni mapa, sin idea ni patrón. Y aun en el hipotético caso de que esa voluntad llegara a fraguarse, en el seno del PP o de un PSOE de improbable lucidez recobrada, apenas quedaría materia que reordenar tras la fragmentación emprendida. El daño ya está hecho con carácter irreversible: el agua derramada nunca vuelve a llenar el cubo volcado.