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ABC MARTES 30 s 1 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 83 De Prada: Creo en la memoria que desmitifica y comprende El escritor gana el premio Biblioteca Breve con El séptimo velo una novela sobre la identidad personal SERGI DORIA BARCELONA. Una novela inusualmente perfecta, narrada con la precisión de un relojero minucioso dijo Luis Alberto de Cuenca. Ángela Vallvey habló de un novelón sobre una época fascinante y una búsqueda épica de la identidad Manuel Longares identificó el protagonista con Dostoievski y Céline: Afronta el reto de vivir y adapta su conciencia a cada momento que vive Pere Gimferrer alabó la eficaz superposición de relato e imágenes que propulsan la acción Elena Ramírez destacó la amnesia que cuestiona los mitos de la Historia y la autenticidad del héroe Hasta aquí, algunas de las opiniones del jurado del Biblioteca Breve, que decidió otorgar los 30.000 euros a El séptimo velo de Juan Manuel de Prada, entre los 392 manuscritos que concurrieron al premio que convoca Seix Barral. del aire (2000) Desgarrados y excéntricos (2001) y La vida invisible (2003) Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) ha dedicado mucho tiempo y ha puesto muchos kilos en la báscula para escribir El séptimo velo novela ambiciosa y voluminosa que intenta contener el mundo El título surge de una frase: La mente humana es como Salomé al inicio de la danza, escondida del mundo por siete velos de reserva, timidez y miedo La identidad personal y la memoria son los motores de esta novela como las de antes, una rara avis en esta época de atomización moral, cuando el pasado deviene casus belli, sujeto a la revancha ideológica y el revisionismo montaraz. Una novela épica y polémica: En la documentación abordé los hechos históricos de forma complaciente. Tenía una vi- Juan Manuel de Prada, ayer en Barcelona sión heredada de la propaganda; pero, al profundizar, constaté que eran imágenes falsas, emblemas míticos... Mi novela cuestiona esos tópicos En plena ofensiva de la oficialista memoria histórica Juan Manuel de Prada sostiene que la recuperación del pasado debe ser misericordiosa y comprensiva con la mezquindad humana. Si no es así, no será fecunda. El héroe de la resistencia Jules Tillon representa un pasado que hay que recuperar y, también, desmitificar. Yo creo en la memoria que desmitifica y comprende El séptimo velo es una novela contracorriente, que no cede a las oleadas del ideologismo. Su autor abomina de Azaña, pero reconoce el calvario ELENA CARRERAS La memoria histórica debe levantar acta de lo ocurrido, pero ha de ser misericordiosa y comprensiva que arrostraron los 500.000 republicanos que perecieron de disentería en las playas francesas de Argelès: Francia no fue una tierra de acogida para unos exiliados republicanos que fueron tratados, en palabras de sus autoridades como un hatajo de indeseables apunta. Al igual que en sus obras anteriores, De Prada transita por los arrabales de la vida Acompaña a personajes marginales, triturados por la Historia Una actitud moral que guía una obra donde priva el factor humano Las máscaras del pasado El asunto: una indagación en busca de los orígenes, un secreto familiar oculto durante medio siglo, que se remonta a la Francia ocupada, atraviesa la posguerra española de colores gris marengo y la Argentina que brinda asilo a los nazis y llega a nuestros días. Sus protagonistas: un narrador que sigue los pasos de Jules Tillon, hombre heroico y misterioso, miembro de la resistencia y epígono del escurridizo Houdini, por su habilidad para sortear peligros. Un héroe a todos los efectos, con una amnesia pertinaz que le incapacita para recordar el heroísmo que se le atribuye y construir un futuro habitable con la mujer que ama. El reto: enfrentarse a los fantasmas del pasado. No hay otro remedio, porque ése es el asunto de la novela de Juan Manuel de Prada. La frase- divisa de la novela: El olvido no es una enfermedad de la memoria, sino una condición de su salud y de su vida Autor de Coños (1995) El silencio del patinador (1995) Las máscaras del héroe (1996) La tempestad (premio Planeta, 1997) Las esquinas Multitudinario adiós a Claudio Guillén dos horas después de presentarse su último proyecto A. A. MADRID. Entre lo uno y lo diverso, Claudio Guillén, sabio de múltiples moradas, está más vivo que nunca. Ayer, momentos antes de que se le brindara una multitudinaria despedida en el cementerio civil de Madrid, en la sede de la Biblioteca Nacional se presentaba la nueva etapa de la colección BLU (Biblioteca de Literatura Universal) que él dirigía con ilusión y empeño, y que tenía que glosar ayer. La muerte de Claudio Guillén deja huérfana a la literatura de uno de sus mayores talentos, en plena etapa creativa. Nos embarga la tristeza por su desaparición abrió el acto la ministra de Cultura, Carmen Calvo, que recordó que el académico tenía que haber estado allí, sentado junto a ella, presidiendo la presentación del volumen 18 de BLU, consagrado a la narrativa de Goethe y editado por Almuzara. Claudio Guillén era el alma de BLU desde 1997, tres lustros después de regresar de su exilio para poner al alcance de los lectores la literatura universal, desde su maestría y empeño personal, recordó la ministra: Una trístísima casualidad ha querido que el acto en que él debía hablar hoy de la narrativa de Goethe se haya convertido en una sencilla ceremonia de liturgia civil en agradecimiento a su trabajo y su vida. A él le debemos todo lo bueno que se ha hecho por el conocimiento universal, y por el bien de la lectura Claudio Guillén sentía pasión por el trabajo, y hasta el último momento estuvo tallando, cuidando, abrillantando el volumen dedicado a Goethe. Y pensaba continuamente en nuevos proyectos, que sólo la muerte ha arrebatado: En este día, todos debemos agradecer a Claudio su vida, y su obra subrayó la ministra de Cultura, que destacó el tesón del máximo especialista en Literatura Comparada por cuidar en una lengua que es cultura como él sostenía a los clásicos: Homero, Bécquer, Gracián, Garcilaso de la Vega, Juan Ramón Jiménez, Sor Juana Inés de la Cruz, y Goethe, al que consideraba creador de la literatura universal adiós por parte de la legión de amigos que poseía, informa Efe. Al cementerio civil de Madrid acudieron las ministras de Cultura, Carmen Calvo, y de Educación y Ciencia. Mercedes Cabrera; la concejal del Ayuntamiento de Madrid, Alicia Moreno; el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina; el director de la Real Academia, Víctor García de la Concha; sus compañeros académicos, entre ellos, Antonio Muñoz Molina, Arturo Pérez- Reverte, Javier Marías, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Carlos Bousoño, Antonio Fernández Alba, Álvaro Pombo, Francisco Rodríguez Adrados, Valentín García Yebra; el presidente de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, José García Velasco, y colegas y amigos como Andrés Amorós y José María Pozuelo Yvancos. Todos despidieron a un auténtico señor, de múltiples moradas. Despedida en el cementerio civil Apenas dos horas después de que se presentara el nuevo proyecto que Claudio Guillén mimó con pasión de miniaturista, el catedrático recibía el último El académico, fiel a la pasión que sentía por el trabajo, supervisó el volumen de la narrativa de Goethe