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32 ESPAÑA Tribuna Abierta MARTES 30 s 1 s 2007 ABC Ignacio Uriarte Presidente de NN. GG del PP SOBRE LOS PACTOS L A historia de nuestro país es siempre la mejor maestra, incluso para el Gobierno de la nación. Tras el nuevo panorama social y político que han creado los asesinos de ETA, y dado que Zapatero aseguró desde un primer momento que contaría con los jóvenes en esta legislatura, debería haber llamado a diez de ellos cualesquiera, al azar, con el único propósito de que contestaran a una pregunta: ¿cómo nos podemos unir los dos principales partidos políticos frente a ETA? Veinticinco años de historia democrática en España no sólo han logrado el fortalecimiento de los distintos partidos políticos, sino que han aportado una gran conciencia institucional, política y democrática a los españoles. Por eso estoy convencido de que cualquiera de esos diez jóvenes mirarían con asombro al presidente de su país mientras en sus mentes se plantearía un recurso que el tiempo ha demostrado dar los mejores resultados: los pactos. clamó claridad en todas sus declaraciones públicas. Ahora, Para superar las dificultades que entraña lograr el entendimiento entre personas de diferente signo político es fundamental que en torno a la mesa de diálogo se sienten políticos de altura. Políticos con sentido de Estado que sean capaces de respetar los consensos básicos nacionales para afianzar las estructuras del Estado de Derecho España tiene tradición de excelentes pactos políticos. En democracia se fraguó uno de los primeros acuerdos entre las formaciones políticas de la Transición, antes incluso de la entrada en vigor de la Constitución. Era el 25 de octubre de 1977 cuando, con mucho esfuerzo y generosidad, se firmaron los Pactos de la Moncloa. La foto de ese día refleja el esfuerzo de todos los partidos políticos que conformaban el arco parlamentario en su intento de hacer progresar a un país y lograr que los españoles mirasen al futuro con valentía y orgullo. Sin embargo, para superar las dificultades que entraña lograr el entendimiento entre personas de diferente signo político es fundamental que en torno a la mesa de diálogo se sienten políticos de altura. Políticos con sentido de Estado que sean capaces de respetar los consensos básicos nacionales para afianzar las estructuras del Estado de Derecho. En este contexto, la deslealtad es el principal detonante de ruptura de los acuerdos alcanzados entre los representantes políticos, sobre todo si alguno de los firmantes rompe su compromiso al cambiar de estatus político en el Parlamento. De esta forma se demuestra que su firma únicamente respondía a un interés mediático y electo- una vez demostrado el error del camino tomado por Zapatero y la constatación de que los asesinos de la libertad, la palabra y el futuro no renuncian a sus objetivos, se vuelve necesario retornar al camino de la mayoría, la fortaleza que ofrecerían 312 diputados nacionales para acabar definitivamente con ETA. O, lo que es lo mismo, que PP y PSOE retomen el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. No me cabe la menor duda de que Mariano Rajoy saldría con todo el coraje y el convencimiento a firmarlo, pero tengo la sensación de que a Zapatero alguna razón que sólo él conoce le impide firmar ese acuerdo de unidad, de progreso y de futuro para España. Sin embargo, el presidente del Gobierno no dudó en excluir al PP en asuntos como la Educación, el Pacto del Tinell o el de la Memoria Histórica. Queda demostrado que un pacto real es el que une y no desune a los españoles, el que suma y no divide a toda una sociedad, siempre y cuando uno de los firmantes no lo rompa unilateralmente mintiendo a otro partido político, a toda una sociedad y beneficiando con ello a una organización terrorista como ETA. Rodríguez ralista por encontrarse en la oposición y supone la demostración palpable de que se ha jugado sin remordimientos con la esperanza de mejora de todos los españoles. En términos políticos este tipo de pactos ejemplifican la grandeza de un Gobierno y de su presidente, sobre todo si éste cuenta con el respaldo parlamentario de una mayoría absoluta que no le obliga a tener que pactar, como sucedió en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. foto del Pacto Antiterrorista retrataba a 308 diputados de PP y PSOE frente a los 22 de IU, PNV BNG, ERC, EA y CHA, quienes, reunidos un día después por Gaspar Llamazares, conformaron el llamado frente antipacto En aquella foto de diciembre de 2000, dos hombres escenificaban lo que para la instantánea del 77 hicieron falta diez. Javier Arenas representaba a la mayoría absoluta lograda por el PP meses antes, con más de diez millones de vo- La tos y- ¡aquí llega la sorpresa para todos! -el actual presidente del Gobierno, el señor Rodríguez Zapatero, representando a más de 7 millones de ciudadanos, 125 diputados, y apostando firmemente por una lucha antiterrorista basada en el acoso judicial y policial a ETA. Del mismo modo que había sucedido con el anterior pacto, la foto representaba un nuevo avance en la política española, pero sobre todo aseguraba a los españoles la victoria de la democracia frente al terror. Su texto se organizaba en diez puntos muy claros, no más de seis páginas en las que se exponían las medidas necesarias para acabar definitivamente con la banda terrorista. Cabe preguntarse por qué el PSOE abandonó la estrategia que el tiempo ha demostrado como la más eficaz en la lucha contra ETA. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, prefirió desde un primer momento mantener un incomprensible silencio al respecto, pese a que el PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, re- Zapatero únicamente puede seguir tres caminos en los próximos meses: el primero pasa por ratificar, en el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo con el PP, el camino de unidad y de futuro; un segundo camino de pactos y uniones con los partidos minoritarios que seguiría endeudando políticamente a nuestro Gobierno y le haría tomar sendas sociales abruptas en el camino de la falta de cohesión social, de la crispación y de la crisis política; y un tercer camino, que afronte la debilidad de la que el Ejecutivo está haciendo gala en esta legislatura y que con valentía y grandeza política permita a los socialistas elegir otro líder y contribuir así a la construcción de un nuevo futuro para España. Esto nos dará la ocasión al resto de españoles- -y en particular a los jóvenes- -de volver a apostar por políticos de altura, el verdadero camino de la esperanza. Todo apunta a que Rodríguez Zapatero no contará con nosotros para pedirnos consejo. Por ello, nos sentimos obligados a recordarle que los jóvenes no queremos estar al margen de la política y que seguiremos movilizándonos y defendiendo las ideas en las que creemos. Incluso si el presidente del Gobierno ignora lo que pensamos.