Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 OPINIÓN LUNES 29 s 1 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro DESAJUSTE UNIVERSITARIO L desajuste entre la oferta y la demanda amenaza seriamente el futuro de la universidad española. ABC se ha hecho eco del riguroso atlas presentado hace unos días, que deja notar el riesgo que esta distorsión supone de cara al ya inminente espacio europeo de Educación Superior. La oferta de titulaciones es manifiestamente excesiva: nada menos que 2.300, lo que conlleva una notoria reiteración de las 140 que figuran en el catálogo oficial. El número de campus universitarios ha crecido de forma desordenada, con una acentuada tendencia al localismo. De ahí que la media de alumnos matriculados en cada uno de ellos se sitúe muy por debajo del umbral de la rentabilidad. Nada menos que dos tercios de los títulos son poco rentables y en algunos casos la cifra es alarmante: a veces, apenas llega a una docena el número de alumnos matriculados. Es cierto que la realidad es muy diferente, por ejemplo, en las carreras vinculadas a las Ciencias de la Salud, que superan con holgura el listón, que en algunos títulos minoritarios de Humanidades, en particular determinadas filologías. Al exceso de oferta se suma la reducción de la demanda, puesto que el total de estudiantes ha descendido en un 18 por ciento de acuerdo con el informe. Son datos que configuran un panorama preocupante, que no debe pasar desapercibido a los responsables de la política universitaria. Las causas son relativamente fáciles de detectar. Hay centros universitarios por todas partes, algunos improvisados, con grados muy diferentes de prestigio y tradición. En las universidades principales se percibe un envejecimiento del profesorado y en otras no parece alcanzarse el grado imprescindible de preparación para enseñar al más alto nivel. La realidad demográfica es de sobra conocida, como lo es también la tendencia de los universitarios españoles a estudiar lo más cerca posible de su lugar de origen, con un índice muy reducido de movilidad. Es imprescindible luchar contra estas causas a través de medidas sensatas y coherentes. Ante todo, impulsar la concentración de titulaciones análogas en los centros más apropiados y ofrecer un perfil propio de cada universidad que le permita especializarse. Es necesario también fomentar la movilidad de profesores y alumnos. En este último caso, a través de becas, incentivos y facultades académicas para que se matriculen en los centros más apropiados según su vocación y no en el más próximo a su domicilio. La universidad debe funcionar de acuerdo con criterios de excelencia intelectual y eficacia social, en conexión con el mundo empresarial y el mercado de trabajo. En ningún caso puede concebirse como una fábrica de títulos de dudosa utilidad, porque la competencia internacional es muy fuerte y no se puede jugar en desventaja. E RAJOY MUESTRA SUS CARTAS L A dialéctica entre Gobierno y oposición es la esencia del sistema democrático. La presentación de alternativas a la acción gubernamental resulta imprescindible para que los ciudadanos puedan juzgar con buen criterio, más allá de la discrepancia permanente que no siempre consigue calar en la opinión pública. De ahí el acierto del PP al celebrar una serie de conferencias sectoriales sobre los problemas que realmente importan a los ciudadanos y al presentar una síntesis de sus propuestas, concedidas como un anticipo del futuro programa electoral. Esta iniciativa popular contrasta muy positivamente con la falta de pulso de un Ejecutivo que parece haber agotado muy pronto sus energías. Zapatero- -que ayer insistió, en un nuevo ejercicio de retórica, en que su principal afán es seguir trabajando por el fin de la violencia en España -ha fiado toda su acción de gobierno en el proceso ya fracasado y en un vuelco del modelo territorial hacia fórmulas vagamente confederales que no satisfacen a nadie y plantean serias dudas de constitucionalidad. A la hora de la gestión cotidiana, la gran mayoría de los ministros ha mostrado una notoria ineficacia, acentuada en esta parte final de la legislatura. Concentrar la estrategia política en la imagen del líder y en la filosofía del talante como panacea de todos los males es impropio de un partido de Gobierno en una sociedad desarrollada. Es lógico que el PP no quiera caer en los mismos errores. La crítica es muy necesaria, mucho más cuando esa degradación del Estado que denuncia Rajoy empieza a ser percibida por amplios sectores sociales, pero es imprescindible también ofrecer alternativas sólidas, ya que la política democrática se construye sobre la base de opciones diferenciadas. Rajoy ha presentado en Toledo un programa liberal y centrista basado en la moderación y la concordia. Es un fiel reflejo de la forma de concebir la vida pública de un líder al que no es fácil presentar como extremista según pretenden sin éxito sus adversarios. Apelar al próximo bicentenario de la Constitución de Cádiz y, por supuesto, al espíritu de la Transición es algo más que un gesto para la galería. Es importante la referencia a los problemas reales de la gente, esto es, su salario, su puesto de trabajo, la educación y la sanidad, y no a cuestiones artificiales como la memoria histórica o la disputa estéril sobre las identidades. La prioridad de la política económica y social se apoya en los éxitos evidentes conseguidos en los ocho años de mayoría del PP. Por supuesto, la defensa de España como nación y como Estado frente a cualquier intención de convertirla en algo residual es un elemento nuclear del proyecto. En este sentido, urge recuperar una genuina política exterior, más allá de ocurrencias como la alianza de civilizaciones que no consigue ocultar la pérdida de peso de nuestro país en Europa y en el mundo. El equilibrio entre el abanico de cuestiones que España debe afrontar en los próximos años es buena prueba de que Rajoy no se deja arrastrar hacia esa oposición rígida y monotemática que algunos intentan imponerle. El líder del PP ha hablado de garantías para los ciudadanos y desu compromiso personal con esa alternativa quela semana pasada planteó públicamente en el Foro ABC como un paso más allá de la mera labor de oposición. No podía faltar la apelación alrigor yalsentido comúnfrenteaun Ejecutivo quehaconseguido dividira los españolesantelas cuestionesfundamentales. La referencia a la labor patriótica de la oposición es una forma brillante de exponer la distancia que separa a la política de verdad del simple partidismo. En efecto, gobernar es decidir y ejercer las propias responsabilidades, lo que exige tomar posturas que no siempre van a contentar a todo el mundo. Pero esa es la grandeza y la servidumbre del poder democrático, que no puede reducirse a la sonrisa beatífica o a la absurda pretensión de quedar bien con todos los sectores. Los ciudadanos empiezan a saber qué les ofrece el proyecto de gobierno popular de cara a las próximas convocatorias electorales. Sería muy conveniente que Zapatero dijera algo concreto sobre sus objetivos a corto y medio plazo, porque afirmar que no piensa entrar en polémicas con el PP porque todos sus esfuerzos se dirigen hacia la paz es lo mismo literalmente que no decir nada. LA NUEVA POLICÍA PARA EL ULSTER L A decisión del Sinn Fein norirlandés de aceptar la legitimidad de la nueva Policía de este territorio es un hito fundamental en el proceso de paz. Después de probado el abandono definitivo de las armas, representa un nuevo paso de los violentos en la buena dirección que ha de llevar a Irlanda del Norte a un escenario de autonomía política. No se trata tanto del hecho de que se constituya un nuevo cuerpo con un balance religioso que puede ser más o menos discutible como receta. El principal mérito de este paso que ha dado el brazo político de los terroristas es que significa que aceptan plenamente el ordenamiento jurídico que esta Policía está llamada a defender. Que los que han estado dedicándose a matarlos consideren ahora que hay que defender y respetar a los agentes del orden, es tal vez la prueba del nueve para certificar el cambio fundamental en la estrategia política de los republicanos, antaño defensores violentos de la unión de esta provincia británica con Irlanda. Los agentes significan también las leyes y las instituciones y que unos y otros decidan respetarlas es el mejor camino para organizar una convivencia razonable en la que las dos comunidades puedan expresar pacíficamente sus anhelos. Una vez dado este paso fundamental, el proceso político puede ser restablecido y se abre el camino a la celebración de elecciones libres. La creación de esta nueva Policía norirlandesa se ha hecho necesaria debido a la reputación de la vieja Real Comisaría del Ulster, manchada por lamentables episodios probados de guerra sucia. La experiencia demuestra una y otra vez que los métodos que no respetan la ley no son útiles para luchar contra el terrorismo, puesto que tarde o temprano tienen secuelas indeseables en la defensa del Estado de Derecho. A diferencia de lo que sucede en el País Vasco, el Sinn Fein político ha tenido siempre el mando sobre los comandos armados, algo que se ha revelado extremadamente útil a la hora de confiar en el cumplimiento de los compromisos, pero ni siquiera esa circunstancia puede evitar que siga habiendo facciones minoritarias empeñadas pertinazmente en la violencia. Por desgracia, otra de las lecciones evidentes que pone de manifiesto el proceso en el Ulster es que siempre puede haber sectores irredentos de los violentos que se resistan a abandonar las armas a pesar de todos los compromisos. No es fácil que reaccionen razonablemente aquellos que en su día prefirieron intentar imponerse por la barbarie de la violencia y en contra de toda razón. En todo caso, luchando eficazmente contra ellos es como la nueva Policía del Ulster se ganará su reputación en un horizonte verdaderamente democrático.