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60 MADRID Nuevos incidentes en Alcorcón DOMINGO 28 s 1 s 2007 ABC No queremos matar a nadie La aparente calma que se vivía en el Parque de Lisboa se vio turbada por una concentración que, durante unas horas, coincidía entre paseos, compras y los preparativos del sábado noche POR J. M. C. Y C. H. MADRID. Desde primera hora de la tarde, los ánimos estaban caldeados entre los alcorconeros. Para acceder hasta el centro joven- -donde se habían dado cita durante toda la semana- dos paradas de Metrosur ejercían de filtro por parte de los agentes policiales: Puerta del Sur y, sobre todo, Parque de Lisboa. Allí, la tarde se preveía dura: para los comerciantes, que temían una avalancha contra sus tiendas; para los vecinos, que nunca habían visto sus calles tan plagadas de unidades policiales; y para muchos jóvenes... El objetivo era, simplemente, demostrar que somos más Así lo explicaba un grupo de amigos que habían acudido a la concentración. No queremos matar a nadie, pero sí tenemos que hacerles ver (a los iberoamericanos) que no pueden imponernos nada en nuestra ciudad afirmaban Juanjo y Sebastián. El problema, repetían unos y otros, es la imposición que se realiza por parte de estos grupos explicaba Roberto. No es posible que nos pidan dinero por entrar a una cancha de baloncesto o por ocupar una sombrilla en la piscina Y así lo corroboraban los grupos de personas mayores que, esporádicamente, se adherían a la movilización. En su momento, no me fui a Madrid porque, además de caro, era mucho más inseguro. Y ahora, ¿qué futuro les espera a mis hijos? se preguntaba María Eugenia. Los cacheos de la Policía a jóvenes, incluidos menores, fueron constantes durante toda la jornada atención por la multitud de vecinos que se concentraban en los balcones de sus casas para presenciar el espectáculo y tomar alguna que otra fotografía: menores que lanzaban piedras y botellas contra los vehículos policiales; jovencitas recién maquilladas y con sus mejores galas- -rímel y bolso incluidos- para correr delante de la Policía, y algunos radicales que volcaron un turismo, ante lo que tuvo que ser necesaria la intervención de los Bomberos. FRANCISCO SECO Los comercios de la zona cerraron por la tarde El temor de los comerciantes de la avenida de Leganés- -la calle en la que se sitúan las paradas de Metrosur donde se habían dado cita los jóvenes- -era tal, que la mayoría no se atrevieron a abrir sus establecimientos ayer por la tarde. Los que sí lo hicieron tenían previsto cerrarlos cuanto antes. Se te puede meter aquí una multitud que huye de la Policía, y te destrozan la tienda explicaba la propietaria de una tienda de muebles. El temor entre los comerciantes ha sido constante durante toda la semana afirmaba Sara, la dueña de una agencia de viajes. Si alguien no hace nada, tendremos este temor para siempre Dispersión por la ciudad A medida que transcurrían las horas, se iban incorporando refuerzos a la concentración juvenil, sobre todo alcorconeros en sus vehículos tuneados y con las lunas tintadas. Muchos de ellos son los que cada fin de semana abarrotan los locales de Costa Polvoranca aunque, casualmente, anoche las calles de esta zona se encontraban prácticamente vacías. El cansancio de los jóvenes no evitó que muchos se trasladaran a otras zonas del municipio. Así, la presencia policial era especialmente intensa en las estaciones de Cercanías, donde algunos menores saltaban las vallas de acceso para evitar los controles que la Policía Nacional realizó durante toda la jornada. Se vigilaban no sólo las instalaciones de transportes públicos, sino también Un sábado entre disturbios La imagen que ayer ofrecía el barrio de Parque de Lisboa era poco usual para los vecinos y, en ocasiones, llamativa. Mientras los antidisturbios corrían detrás de los jóvenes por el parque de la Paz, se cruzaban en su camino corredores de footing y muchas parejas que habían salido a dar un paseo a sus mascotas. Ya está bien de pasear el perrito por aquí, ¿no? espetó un antidisturbio Y todo, observado con Un radical lanza una botella contra los agentes DE SAN BERNARDO los principales accesos por carretera. Mientras tanto, en las canchas de baloncesto donde comenzó todo, un niño jugaba tranquilamente, ajeno a todo lo que ocurría, y encestaba balones en una canasta donde se podía leer: DDP (Dominican Don t Play)