Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 28- -1- -2007 Situación en el País Vasco s La presión a los jueces ESPAÑA 17 Álvaro Delgado Gal SIN CONTEXTO Los apuros crecientes del Gobierno, la trayectoria poco edificante de la Fiscalía, y el conflicto enquistado con el PP, tiñen de sospecha y desvirtúan cualquier movimiento, cualquier acción El proetarra Landa, a la derecha, en la rueda de prensa de ayer EFE Batasuna se exhibe en Madrid en plena resaca del auto de Garzón sobre Otegi B. T. MADRID. Nada más hacerse público el auto en el que Baltasar Garzón determina que las declaraciones de Arnaldo Otegi tras el atentado de ETA en la T- 4 no son delito, Batasuna parece haber interiorizado la posibilidad de una menor presión judicial sobre su propaganda y ya se atreve a difundirla fuera de sus circuitos habituales. Así, el dirigente proetarra Carmelo Landa protagonizó ayer un acto en Madrid organizado por Izquierda Castellana y utilizó esa tribuna para elogiar la decisión de Garzón, aunque calificó a la Audiencia Nacional como tribunal de excepción El acto se celebró pese a que Unidad Diversidad y otras plataformas cívicas habían pedido que se prohibiera para hacer efectiva la suspensión de actividades de Batasuna. or qué se le ha negado a De Juana Chaos la excarcelación provisional? Nos han llegado dos versiones, una en clave maquiavélica, y otra de carácter técnico. Según la explicación maquiavélica, doce magistrados a las órdenes del PP han invadido la jurisdicción del tribunal sentenciador y cambiado el signo de una decisión que habría sido favorable a De Juana. Esto se ha formulado de manera directa o indirecta, levantando el índice acusador, o dando rodeos y dejando caer vagas insinuaciones. Por supuesto, las explicaciones maquiavélicas son de ida y vuelta. Cabría replicar que doce magistrados justos han impedido que prevaricaran tales y cuales magistrados a las órdenes del Gobierno. Para el disparate, hay barra libre. La otra aproximación se centra en los argumentos jurídicos, los cuales, por supuesto, nunca son puramente jurídicos. Imaginemos queDeJuana, en vez de ser un asesino temible, fuera un científico lunático que esconde en su software neuronal la fórmula que curará el cáncer. Es probable que las plausibles razones que se han esgrimido para dejar inalterada su situación carcelaria, hubieran pesado menos en el ánimo de los jueces. Se habría considerado quizá más urgente garantizar su vida, que crear precedentes enojosos o aplicar la ley por lo derecho. Elcaso, sinembargo, es que De Juana había echado un órdago alEstado, yquedetrásdeeseórdago, podían venir otros muchos. Es obvio que ETA habría aprovechado la ocasión para abrir un frente muypeligroso. Demodoquelamayoría judicial ha atendido, no sólo a un algoritmo técnico, sino a una composición de lugar prudencial sobre las consecuencias de la ex- ¿P carcelación. Lo último, en cierto modo, es política. Pero política aquí, nosignificaapoyoaunpartido, sino apoyo al Estado. En un país ideal, nos habríamos remansado en esta tesis amable, y a nadie, absolutamente a nadie, se le habríansupuestointencionespérfidas: ni a los cuatro magistrados que votaron por la prisión atenuada, nialosdocequevotaronlocontrario. Por desgracia, no vivimos en un país ideal. Por desgracia, la ideadetransferiralPlenodelaSala la decisión sobre De Juana sugiere diferencias enormes, es más, excepcionales, entre sus señorías. Ypara cúmulo yrematede desgracias, los apuros crecientes del Gobierno, la trayectoria poco edificante de la Fiscalía, y el conflicto enquistado con el PP tiñen de sospecha y desvirtúan cualquier movimiento, cualquier acción. Para parecer irreprochable, senecesitauncontexto. Ynosestamos quedando sin contexto. O si se prefiere, sin instituciones, que son a la vida pública lo que la chichonera al niño que todavía no ha aprendido a andar. Cuando todo esto sea historia, personas más serenas que nosotrosdecretaránqueaquísehanestado haciendo las cosas bastante mal desde hace bastante tiempo. Pero no es cuestión de derramarse en vagas jeremiadas. Yendo a lo concreto, cabe decir que el llamado proceso de paz se ha planteado con una torpeza casi inaudita. La negociación del Estado con una banda terrorista no se puede desarrollar de modo aceptable si no se cumplen antes tres requisitos. Primero, claridad en los objetivos. Segundo, consenso con las principales fuerzas políticas. Tercero, consulta permanente con los guardianes del derecho. Aunque sean distintas, las tres condicionesseencuentraninterrelacionadas. Sin claridad en los objetivos, es improbable el consenso. Y sin consenso, y sin claridad en los objetivos, es difícil que los guardianes del derecho se pongan de acuerdo sobre qué aspectos de la ley deben someterse a una segunda lectura. Conde- Pumpido se permitió, hace unos meses, ciertas efusiones líricas acerca de las togas y del polvo que inevitablemente se adhiere a éstas en el trance de lidiar con la realidad efectiva, la que está en la vida y no en los libros. La reflexión de Conde- Pumpido cuadraba más a un filósofo político que a un funcionario del Estado. Contenía, no obstante, una almendra de verdad. Lo malo, es que a esa almendra le fallaba, de nuevo, el contexto. Resulta escandaloso, profundamente escandaloso, quenoshallemostodavía a obscuras sobre el alcance de lo que se ha querido- -y todavía se quiere- -tratar con los terroristas. El domingo pasado, un diario madrileñopocosospechoso dehacerobstrucciónalGobiernopublicaba un informe en que se decía que representantes del PSE habíanconvenidoconETAelestablecimientos de una Mesa política meses antes de que los terroristas anunciaran el alto el fuego. Pasemos por alto si la Mesa implicaría, en la práctica, el inicio de un proceso seudoconstituyente. Lo que no ofrece ninguna duda, es que integra un dato de primerísima importancia. ¿Lo ha incorporado el presidente a sus exposiciones públicas? ¿Lo ha transmitido a Rajoy, cabeza visible de diez millones de españoles? No. Lo que ha hecho Zapatero, es permitir que por él hable el PSE, un partidoqueno refleja, formalmente, la doctrina del Gobiernocentral. Losportavocespresuntos del Gobierno conocen mejor que los diputados del Congreso, que los votantes y que los jueces, no ya los detalles de la negociación, sino la propia naturaleza de ésta. Así, señores, es difícil que se haga carrera.