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Sábado 27 de Enero de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.282. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Un año sin La Mataviejitas Tras la captura de Juana Barraza, una practicante de lucha libre La Dama del Silencio que se convirtió en la primera asesina en serie de México, las ancianas de la capital pueden vivir sin miedo MANUEL M. CASCANTE DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany HORAS BAJAS DIBUJO mis palabras con un pincel muy fino que a veces se trasluce en la paleta y otras veces se suelta la melena boscosa, y se enreda, y araña. No sé en qué tierra nacen, ni por qué plano inclinado se precipitan, ni en qué pista dura y brillante como el hielo patinan hacia el umbral de los secretos y eligen una frase obsesionante. Una intención para una música. Un decir lo que ya sale a mi encuentro, y duele en su anticipo de contrarios, y ayer era París cruzando el Sena, y hoy es un sucesivo cementerio. Ando mezclada en todo lo que abrazo, y en todo lo que muere y lo que nace. Estoy contaminada hasta niveles críticos, como una mariposa bajo su propio efecto. Cuando observo la nieve derretida, o encajo un huracán como una bofetada, o se me escapa un sueño por la puerta de un ojo. Cuando mastico las hojas verdes de los últimos ramos, y me prendo, como el Keaton de Alberti, de una auténtica vaca, del triángulo rosa de los atardeceres, de la suave pelambre de los días pequeños, o juego al desencanto y se me va el aliento por una caracola, todo el dolor de un hombre llora sobre mi falda. No sé qué hacer con él, si arrullarlo o nutrirlo. A cantar nanas tristes te enseña la marea. Entre el valle y la cumbre, a la sombra de flacas enterezas, siempre acecha una flor. Más allá, ruge el viento y alardean los mástiles. Los gallos de pelea picotean el humo. Llueven, como discursos de tirano, los ácidos residuos de las fábricas. Nos estamos amando en un lecho de estiércol. Y va girando el mundo a su manera, entre vivo y letal, entre bronco y sumiso, infatigablemente equivocado. Tan ciego, tan oscuro, tan hermoso... tan desgraciadamente en nuestras manos. D esde hace un año, las ancianas de la Ciudad de México pueden vivir sin miedo a morir a manos de un asesino. O, al menos, pueden vivir con la misma preocupación que sus conciudadanos de otras edades. En enero de 2005 era capturada in fraganti Juana Barraza Samperio, tras asesinar a una mujer de 82 años a la que había estrangulado con un estetoscopio. Al ser detenida, Barraza portaba formularios para solicitud de pensiones y una identificación como trabajadora social. Durante más de un lustro, las autoridades del Distrito Federal persiguieron al Mataviejitas quien se suponía que se trataba de uno o dos hombres que actuaban disfrazados de mujer- -generalmente, de enfermera- -para ganarse la confianza de sus futuras víctimas. La sorpresa se produjo al comprobar que los presuntos asesinos eran en realidad una sola persona, y del sexo femenino: la primera asesina en serie de la historia de México (en las estadísticas mundiales, sólo un 2 por ciento de estos monstruos eran mujeres) Aunque la Fiscalía capitalina únicamente ha podido adjudicarle once de los casi cincuenta asesinatos cometidos contra ancianas desde finales de los noventa, lo cierto es que este tipo de crímenes cesaron tras la detención de Barraza. El de La Mataviejitas es un caso de manual, dice Martín Gabriel Barrón, un criminólogo que participó en las investigaciones y acaba de publicar El nudo del silencio (Océano) un retrato científico de la psicópata. Barraza sufrió una infancia difícil (fue vendida por su madre a un individuo a cambio de unas cervezas) creció en un mundo marginal y violento, almacenando toda Juana Barraza, tras su detención, con un busto de su retrato- robot clase de carencias afectivas; intentó dedicarse a la lucha libre bajo unas mallas y una máscara rosa y el nombre de La dama del silencio (aunque, en realidad, se dedicara a vender palomitas a las puertas de los recintos deportivos) y, finalmente, según propia confesión, se dedicó a asesinar a mujeres de avanzada edad porque le recordaban a su madre. Ahora, con 49 años, a La Mataviejitas le espera la cárcel. No existen terapias para estos psicópatas- -dice Ba- REUTERS rrón- pues, además, cualquier ayuda que reciben siempre la utilizan a su favor. Barraza era consciente de sus actos y, aunque no muestra ningún signo de arrepentimiento, distingue perfectamente entre el bien y el mal, y ella es consciente de la maldad de sus actos Barrón sostiene que hay más asesinos en serie sueltos por el país, e incluso defiende la hipótesis de que uno de ellos puede estar detrás de muchos de los asesinatos cometidos contra mujeres en Ciudad Juárez.