Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE Jesús Almagro cumplió su papel El representante español en esta edición del Bocuse d Or era el madrileño Jesús Almagro, del restaurante Pedro Larumbe. Tuvo que participar el primer día cuando los favoritos lo hacen en el segundo. Aún así su actuación fue más que digna, alcanzando un meritorio noveno puesto. Su plato de carne obtuvo la séptima mejor puntuación, con una bonita presentación en cilindros crujientes hechos con la piel del pollo. Teniendo en cuenta las exigencias de la peculiar competición la delegación española volvió muy satisfecha. En ella, representantes de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio, que han patrocinado al cocinero junto a Alimentos de España y AMER. Para apoyarle estuvo también en Lyon una numerosa representación de cocineros que trabajan en Madrid. Ganadores del concurso con sus bocuses de oro, plata y bronce AP Bocuse d or Pasen al gran circo de la cocina Lyon ha celebrado su gran concurso culinario. Una cita ruidosa a la que suele asistirse aunque tenga más de show que de otra cosa TEXTO: CARLOS MARIBONA Auténtica cocina? ¿Un circo? ¿Un negocio? Resulta difícil definirlo. El Bocuse d Or, la competición que se celebra cada dos años en Lyon y que los franceses consideran el campeonato del mundo de cocina, tiene más de lo último que de lo primero. Un show donde prima el espectáculo, y el resultado final depende mucho más de intereses comerciales y nacionales que del trabajo y maestría de los profesionales que compiten. Esta semana, Lyon, la ciudad donde tiene su restaurante el mítico cocinero Paul Bocuse, quien da nombre al premio, ha sido el esce- A nario de la undécima edición de un concurso tan previsible y falto de interés en su resultado como espectacular en su presentación. Tras cinco horas de nervioso trabajo ¿cómo puede un cocinero concentrarse con ese clamor? suena la música y las bandejas con las elaboraciones se pasean para que las vean el jurado y el público, que aplaude enardecido. El jurado está compuesto por 24 cocineros de renombre, uno por cada país participante, todos vestidos a la manera clásic. Por España, un año más, Juan Mari Arzak. Previamente han sido presentados al público al estilo de las estrellas de un partido de la NBA por un locuaz locutor hijo del propio Bocuse. Pero volvamos a las bandejas. Todo muy bonito, pero plantea la duda de si es más importante la estética o la calidad. Tras un interminable recorrido por el escenario, la bandeja se fotografía antes de que se emplate su contenido para los miembros del jurado. Cuando estos lo prueban es imposible que las temperaturas sean las deseadas. Cada participante debe preparar dos platos con productos impuestos por los patrocinadores. Este año, la carne era pollo de Bresse, orgullo de Francia. Y el pescado, como casi siempre, noruego. Se obligaba a utilizar dos que Noruega tiene mucho interés en promocionar: el cangrejo rojo real y el pez balder. El primero, un gigantesco cangrejo, con un peso medio de más de 4 kilos, del que sólo se aprovechan las patas y las pinzas. De sabor agradable y algo dulzón sin comparación alguna con nuestros centollos. El segundo, conocido como fletán blanco, es un pez grande, de larga vida, hasta siete años, carne blanca y firme y un sabor bastante plano. Para acompañarlos, tres guarniciones, algo que en la cocina moderna ya no se estila. Pero los parámetros del Bocuse se han quedado anclados veinte años atrás, los que tiene el concurso. Por eso llamaba la atención que el presidente de honor de este año haya sido uno de los niños terribles de la cocina de vanguardia, el britá- nico Heston Blumenthal, que compite con Ferrán Adriá por el liderazgo mundial en la innovación culinaria. La hora de los premios. Otro espectáculo multitudinario en el que los patrocinadores, que ponen mucho dinero en juego, también son protagonistas: aguas minerales, relojes, casas de champán, marcas de foie- gras... Y lo que es peor, países que imponen sus productos, pagan una fortuna y esperan a cambio buenas clasificaciones para sus cocineros. Así que no hay lugar para sorpresas. Mejor plato de pescado, Noruega... Mejor plato de carne, Suecia. Segundo clasificado, Dinamarca. Llega el turno de anunciar el ganador: redobles de tambor, caras de supuesta expectación... Pero casi todos saben lo que va a pasar. ¡Francia! Si el concurso se organiza a la mayor gloria de la cocina francesa, el resultado no puede ser otro. Así que por sexta vez en once ediciones, el representante galo recoge la estatuilla dorada. Y tras los franceses, los nórdicos. Tres entre los cinco primeros, más Islandia en octavo lugar. Casualidades de la vida. Mientras tanto, los países con verdadero potencial en la cocina los que le pueden hacer sombra a la gran Francia, aparecen dispersos por la clasificación: Japón, sexto; España, novena; Estados Unidos, decimocuarta; China, decimoséptima; Italia, decimoctava...