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ABC VIERNES 26 s 1 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 79 Carolina Rodríguez Baptista exhibe sus Encuentros en Madrid La mujer, protagonista indiscutible en sus esculturas y pinturas tridimensionales N. P. MADRID. La artista venezolana Carolina Rodríguez Baptista (Caracas, 1971) que vive a caballo entre Madrid y Miami, inauguró ayer en la sala Durán una exposición, Encuentros en la que reúne una veintena de esculturas y ocho cuadros tridimensionales, que tienen como protagonista indiscutible a la mujer, siempre elegante y en movimiento. Explica la artista el porqué del título de la muestra: En el camino de la vida nos vamos encontrando con diferentes personas; son almas que coinciden y unas van influenciando en otras Durante diez años vivió en Nueva York, donde estudió en la Parsons School of Design. Precisamente, el hecho de ser diseñadora gráfica le ha llevado a esa pasión por la tridimensionalidad en la obra de arte, que considera necesaria para llevar a cabo el mensaje Y es que incluso sus pinturas son una prolongación de sus esculturas, pues incorporan el relieve a la superficie del lienzo. Son obras abstracto- figurativas advierte Carolina Rodríguez Baptista. Es una firme defensora de la figuración, que en su opinión se ha dejado a un lado en el arte contemporáneo, aunque aprecia que últimamente se está volviendo a la figura humana en Estados Unidos. ¿Por qué esa obsesión por la mujer como eje de su trabajo? En el siglo XXI comprobamos que la mujer ha avanzado mucho, pero queda mucho por hacer. Ser mujer es uno de los privilegios más grandes que tenemos Afirma Esther Waisman en el texto del catálogo de la exposición que cada una de las obras delatan sus múltiples fuentes de inspiración: el amor por la conversación, la música, la lectura, la danza... Todo ello indica que estamos ante una artista extremadamente emocional. Cada espectador ve en sus obras algo de sí mismo: el encuentro con un recuerdo lejano, la evocación de un instante, un pensamiento o quizás un deseo olvidado Es ésta su tercera exposición en Madrid, la primera en solitario en una galería. La experiencia, dice, está siendo muy positiva Aprecia que la gente vive el arte en España de una manera más abierta que en Estados Unidos: Aquí hay más gente en torno a este mundo y más oportunidades En el extranjero, trabaja con la Virginia Miller Gallery de Miami y la Galerie Espace Zafra de París. Su obra se halla en colecciones particulares y en centros como el Museo de Arte Moderno de Caracas y el Art Directors Club de Nueva York. Respecto al arte venezolano, dice que está creciendo, pero es consciente de que los artistas aún deben salir del país para triunfar. Más información sobre la muestra: http: www. duranexposiciones. com El escritor, ayer en Madrid con su libro en la mano REUTERS José Saramago: Sólo son optimistas los seres insensibles, estúpidos o millonarios El Nobel presenta Las pequeñas memorias que creó luchando contra un hipo que pudo acabar con él, y asegura que no volverá a escribir más de su vida ANTONIO ASTORGA MADRID. El hombre más sabio que José Saramago ha conocido en toda su vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y su mujer. Vivían de esta escasez sus abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos, que después del desmame eran vendidos a los vecinos de Azinhaga, en el Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. Ahora José Saramago rememora su infancia hasta los 15 años y homenajea a sus padres y abuelos en Las pequeñas memorias (Alfaguara) unos seres muy queridos para él, que hicieron de sus vidas su trabajo, que no eran arquitectos, pintores, escritores, y que por tanto estaban condenados a desaparecer. Los tengo aquí como si fueran míos. Estaban muertos y los resucito Ese hombre que no sabía leer ni escribir le enseñó a Saramago a amar la tierra, los pájaros, los árboles, la naturaleza: Si yo no hubiera vuelto jamás al pueblo, hoy sería otra persona. Ese pueblo, esas gentes analfabetas, hicieron de mí la persona que soy: igualito en temperamento que el niño de entonces, y más bien melancólico. Ese niño soy yo, pero sin premio Nobel Si Saramago pudiera revivir su infancia volvería a hacerlo para que su abuelo le llevara de nuevo a conocer el frío: Es la única condición para volver a ser quién soy paña tal vez se vivía peor Hoy Saramago sigue siendo eterno pesimista: Ahora mi optimismo está por los suelos. Hoy estamos todos hundidos en la mierda del mundo, y no se puede ser optimista. Sólo son optimistas los seres insensibles, estúpidos o millonarios. Hay basura en la calle, hay basura en las pantallas de televisión, y hay que ser pesimista Y pesimista es Saramago en materia de educación, donde dice que hay confusión mental: La escuela, hoy, no puede educar, no tiene medios. Yo he sido educado por una familia de analfabetos, que tenían sus valores, y nos los inculcaban. No había juguetes. Ahora el niño tiene que estar contento, con la habitación repleta de juguetes hasta el techo porque sino estaría triste, y el niño triste está creciendo... mientras que el niño tonto está leyendo, y nadie quiere niños tontos Las pequeñas memorias (traducidas por su esposa, Pilar del Río) son las últimas de Saramago, que no volverá a escribir más de su vida: No habrá segunda parte. El 2006 ha sido muy malo para mí. Tuve un hipo que me impedía dormir, y perdí mucho peso. Lo peor, o casi, fue la medicación que, destinada a quitarme el hipo, estuvo a punto de quitarme la vida. Gracias a Pilar, y a la receta de mi abuela que recordaba, salí adelante. Me compró una botella de vinagre, la bebí a chorros y era como si me hubiera tragado dinamita Y al despertar el hipo ya no estaba allí. El agua que helaba los cántaros Hace ochenta años, en su Azinhaga natal la esperanza de vida era de 33 años, y el frío asaltaba unas casas que hoy tienen frigorífico y televisión: No estoy diciendo que todo tiempo pasado fuese mejor... Vivíamos en una casa pobre, el agua en invierno se helaba dentro de los cántaros, y teníamos que liberarla con pico y pala, picando esos cántaros de agua congelada; había poca comida y mucho frío. Era el año 1922, y en Es- Mi familia, que era analfabeta, me inculcó valores que hicieron de mí lo que soy La artista, junto a algunas de sus esculturas DANIEL G. LÓPEZ