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76 CULTURAyESPECTÁCULOS JUEVES 25 s 1 s 2007 ABC España como escenario del cine clásico Buen clima, bajos costes y excelentes técnicos hicieron de nuestro país el lugar ideal para rodar en los años 50 y 60 MANUEL LUCENA GIRALDO Si clásico es aquello que perdura por encima del paso del tiempo, pues se muestra capaz de transmitir a una generación tras otra aspectos imperecederos de la aventura humana, cabe preguntarse en qué condiciones aparece, por qué hay lugares y épocas en que florece de manera especial. Algo de ello se relaciona con el pequeño tamaño de ciertos espacios de creatividad, en los cuales se concentra una masa crítica como dicen los sociólogos, que favorece la efusión artística. De la Atenas de Pericles a la Florencia de Brunelleschi, la Viena de Gustav Klimt o el Berlín de Fritz Lang- -que fue también el epicentro de la República de Weimar- -lo que vincula estas ciudades este también es un dato de interés, pues apunta al buen uso de una libertad que no existía en otras partes- -es su capacidad asombrosa para aglutinar talento y darle adecuado cauce de expresión. Precisamente fue el colapso de la Alemania de Weimar ante el, en su momento infravalorado poderío nazi, lo que empujó a un buen número de cineastas y artistas del cine judíos directores, libretistas, escenógrafos, maquilladores o maquinistas- -a emprender su propio sueño americano, cruzar el Océano Atlántico e incorporarse a la industria cinematográfica estadounidense, cuyo destino a sus ojos de emigrados sin raíces era tejer el mismo sueño para otros, utilizar el nuevo canal de comunicación de masas para propagar el modo de vida americano. Hasta tal punto, que el Hollywood del cine clásico es inseparable de su mezcla de talento, capacidad para los negocios y olfato para calibrar las demandas del hombre de la calle, golpeado tras la crisis de 1929, necesitado de creer en la esperanza, ayuno de héroes humanos y respuestas solidarias ante las catás- Todos los grandes artistas del cine clásico trabajaron en España: Sofía Loren, Charlton Heston, Ava Gardner... En el Castellana Hilton se hospedaban las estrellas de Hollywood. Era el único hotel que aceptaba artistas trofes de la vida. No resulta extraño que la diáspora judía a partir de los años treinta interpretara de manera magistral la demanda desde el propio gobierno del presidente Roosevelt y de vastos sectores sociales, hastiados del cinismo y la ambición que habían conducido Estados Unidos al desastre, de un cine ético y virtuoso, ejemplificado por el director Frank Capra. Por la misma época en que éste realizaba sus maravillosas películas para la Columbia Pictures, recaló en la meca del cine un personaje que sería fundamental en la conversión de España en escenario privilegiado de unas cuantas películas inmortales: Samuel Bronston. Como narra con maestría Jesús García de Dueñas en la gran monografía que le dedicó, El imperio Bronston (Ediciones del Imán) y hay en ello un buen argumento de Berlanga- -este recaló en España en 1957 para hacer cine con el apoyo del magnate de la industria química DuPont (más adelante le harían la vida imposible) porque el millonario necesitaba liberar unos fondos que le había congelado el Gobierno estadounidense, pero también a causa de lo que podríamos llamar una combinación mediterránea: excelente clima (los días de cancelación de rodaje por causas climatológicas eran muy pocos) bajos costes de producción por lo barato del país y disponibilidad de excelentes técnicos. A todo ello se agregaría, en una mezcla muy de la época, una extraña colusión con las autoridades, dispuestas a acoger al productor norteamericano según el espíritu de los acuerdos firmados con el nuevo aliado. Productor ejecutivo Y Bronston, en el centro de todo el montaje, puso lo suyo: un espíritu de productor ejecutivo, un artista deseoso no sólo de hacer películas rápido y que ganaran dinero, sino artísticas, capaces de aguantar por su propio valor el paso del tiempo. La primera de las películas españolas de la factoría Bronston emanadas del Hollywood madrileño fue El capitán Jones filmada en 1957 entre Denia y Madrid, con dirección de John Farrow, música de Max Steiner y actuación de figuras como Robert Stack haciendo del marino norteamericano de origen escocés en plena guerra de independencia- Maureen O Sullivan, Charles Coburn, o Bette Davis, que fue Catalina de Rusia, para cuyas escenas las autoridades facilitaron los salones del Palacio Real. Aunque algunos actores es- Samuel Bronston, en los años en que trabajaba intensamente en España El gran descubridor de un país para el cine norteamericano Esa persona es, sin duda, Samuel Bronston, un productor ruso nacido en Besarabia en 1909 y emigrado a los Estados Unidos en pos de un sueño que logró hacer realidad en España. Se inició como agente para las películas de la MGM en Francia antes de la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, en 1940, fue productor ejecutivo de la Columbia Pictures. En el año 1943 fundó su propia productora y en 1959 creó sus propios estudios en España comprando y, prácticamente rehaciendo, los antiguos estudios de cine Chamartín, que se convirtieron en la sede principal de la factoría Bronston. Posteriormente pasaron a llamarse los Estudios Luis Buñuel, que todavía existen en las afueras de Madrid. Samuel Bronston se enamoró de la Sierra Madrileña y supo decubrir en ella una impresionante variedad de paisajes y decorados naturales difíciles de encontrar en otros países. Además, las autoridades españolas, en los años 50 y 60, concedían todo tipo de facilidades para los rodajes que se convertían así en una fuente de ingresos importantísima para una población que aún no había superado las penurias de la guerra civil y la posguerra. Murió en 1994 y por expreso deseo suyo fue enterrado en Las Rozas.