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ABC JUEVES 25 s 1 s 2007 Secuestros de familia ESPAÑA 21 Me dijo que no volvería a ver a mis hijas Una mujer valenciana lleva seis años luchando por recuperar a sus dos hijas a las que su ex marido, de Paquistán, retiene en aquel país pese a que un juez le otorgó a ella la guardia y custodia en 2002 ISABEL RODRÍGUEZ DE LA TORRE VALENCIA. Durante los siete años que duró su matrimonio el choque entre culturas apenas si se hizo evidente. Alguna discusión por la inclusión del cerdo en la dieta familiar, pero nada más. Él, Muhammad Y. es paquistaní. Ella, Beatriz Contreras, valenciana. Lleva más de seis años sin ver a dos de sus hijas, Sadia y Shazifan Bibi, y cinco sin hablar con ellas. Apenas recuerda su voz y les pone rostro gracias a unas fotos traídas a hurtadillas por un amigo de su ex marido. Tiene su custodia; un juez valenciano se la concedió en 2002, pero su ex marido retiene a las pequeñas en Gujral (Paquistán) Me engañó. Me dijo que su madre se estaba muriendo y que quería conocer a las chiquillas, por eso las llevé. Ese fue su gran fraude se lamenta Beatriz cuando recuerda aquel viaje que realizó en 2001. Aquel 4 de abril partió hacia Gujral con sus tres hijas: Loli, que entonces tenía 7 años, Sadia, de 6, y la pequeña Shazifan Bibi, de año y medio. Su marido no la acompañó. Fue a recibirlas un cuñado. Beatriz tardó poco en darse de bruces con la realidad. Cuando despertó al día siguiente descubrió que le faltaba la cazadora en la que guardaba los pasaportes y los billetes de vuelta y que la abuela que quería conocer a sus nietas había muerto mucho tiempo atrás. Se vio sola, en un país extraño, con una lengua que no era la suya, encerrada en una casa de la que no podía salir y sin recursos propios para subsistir. Un mes de lloros, súplicas y plegarias no fueron suficientes para ablandar la voluntad de su familia política, que decía seguir instrucciones de Muhammad. Un intento de suicidio y el miedo a las consecuencias de un desenlace fatal precipitaron su vuelta cuasi forzada a España. Los familiares de su marido la invitaron a regresar y aceptó segura de que aquí conseguiría convencer a su esposo para que sus hijas volvieran. Si llego a saber lo que iba a pasar, yo no salgo viva pero ellas sí dice arrepentida de una decisión que le ha hecho tocar fondo. Se conocieron en Valencia, en casa de una amiga de Beatriz. Él trabajaba en una fabrica de muebles en un pueblo cercano a la capital. Dos años después, se casaron por lo civil. Ella tenía entonces 18 años. Me ha dicho que jamás volveré a ver a mis hijas. Maldigo la hora en que le conocí. Me ha hecho mucho daño, mucho... Sadia y Shazifan Bibi, en una de las pocas fotografías que guarda su madre do evidente en el caso que nos ocupa que bajo la custodia paterna no queda asegurada la relación maternofilial habida cuenta de haberse negado el progenitor a traer a España a dos de sus hijas para que puedan permanecer con sus padres en nuestro país, que es el suyo por cuanto son nacionales españolas, no existe la menor duda de que la guarda y custodia debe atribuirse a la madre señala la sentencia de separación, que añade: La actitud y conducta del progenitor está vulnerando el derecho de los menores a no ser separados de sus progenitores y habiendo impedido la vuelta de las menores al hogar materno, puede estar incurriendo en un delito de sustracción de menores Es decir, en un secuestro. Muhammad recurrió esta resolución, que establecía que las menores deben ser traídas de forma inmediata por el progenitor a nuestro país y entregadas a su madre pero lo hizo sólo porque le parecieron excesivos los 300 euros mensuales que el juez le obligó a pagar por la manutención de las tres ABC El juez no le retira el pasaporte ni lo obliga a comparecer Cuando Muhammad Y. compareció en el juzgado el pasado 23 de noviembre para ser informado de sus incumplimientos y de la obligación de entregar las niñas a su madre, negó que las tuviera secuestradas y que hubiera dado órdenes a los suyos para impedir su salida de Paquistán; declaró que no las trae porque carece de recursos para costearles el viaje y que lleva cinco meses en Valencia intentando ahorrar para ello; al salir del juzgado fue en busca de su ex. Me dijo que le daba igual la cárcel. Que se iba a ir a Alemania y que no le iba a volver a ver ni a él ni a las niñas El juez no ha visto necesario retirarle el pasaporte ni obligarle a comparecer cada quince días. Sustracción de menores Beatriz regresó a España el 25 de junio de 2001 pero su marido no dio su brazo a torcer. Casi un año después, Muhammad fue a Paquistán y volvió a Valencia con su hija mayor. Las otras dos niñas tenían que quedarse allí y educarse en la religión musulmana, decía. Loli es fruto de una relación anterior de Beatriz; él la reconoció cuando contrajeron matrimonio, pero ha dejado de importarle. Loli se duele al recordar su estancia en Paquistán y los golpes que allí recibió; tiene pesadillas por la ausencia de sus hermanas y sueña con el reencuentro. A su regreso de Paquistán, Beatriz interpuso una primera denuncia; luego vino una segunda y después una tercera y una cuarta... Interpuso también una demanda de separación. En 2002 el juez le otorga la guarda y custodia de las niñas de manera provisional. En febrero de 2003 la sentencia de separación es concluyente: Sien- Me engañó, me dijo que su madre se estaba muriendo y quería conocer a las chiquillas, por eso las llevé Esta batalla no se gana en el juzgado. O se acude a la vía diplomática, o está todo perdido crías, cantidad que nunca ha llegado a abonar. Durante todos estos años Muhammad ha vivido a caballo entre Paquistán y Valencia. Allí volvió a contraer matrimonio y tiene un hijo con el que están las dos pequeñas españolas. Me dicen que están bien pero yo no sé si tienen hambre. si van vestidas... Aquí Muhammad ha trabajado en una tienda de ultramarinos y un locutorio telefónico que regentan unos familiares. Beatriz le ha visto reciente- mente y ha acudido en reiteradas ocasiones al juzgado para comunicarlo, para pedir que hagan algo. Se está burlando de la Justicia y me está arruinando la vida afirma tras saber que ha expirado el plazo de un mes que le concedió el Juzgado de Instrucción número 12 para que entregara las niñas a la madre. Su desprecio por las resoluciones de los tribunales españoles le ha hecho merecedor de una nueva causa; el juzgado ha incoado unas diligencias por un presunto delito de desobediencia. A Beatriz y a quienes le acompañan en esta pelea les parece poco: han solicitado que se le retire el pasaporte para evitar que cumpla su amenaza de desaparecer para siempre. El juez no lo ha considerado oportuno. Su abogado prepara un nuevo escrito para pedir al juzgado que inicie otro procedimiento por secuestro. Esta batalla no se gana en el juzgado. O se acude a la vía política y diplomática o está todo perdido dice. ¿Entonces qué hago? ¿Presento otra denuncia? inquiere ella.