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ABC MARTES 23 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA CAROLINA 50 LTO el fuego, abajo los garrotes, un minuto de tregua en medio de la crispacióny eldesvarío. Un respirodefrivolidad antes de volver a la trifulca encendida de este país de todos los demonios, que decía Gil de Biedma. Porque hoy cumple 50 años Carolina de Mónaco, la princesa encantada del colorín, el icono sentimental de una generación- -la mía, modestamente- -a la que se le ha ido pasando el arroz mientras ella permanecía como el retrato de Dorian Gray, incólume en el espejo del misterio, la seducción y la belleza. A ver si esa efemérides no merece una pausa, siquiera para apagarlas velasdenuestropropio vértigo. Cincuenta años. En este lapso la vida no es sólo lo IGNACIO que nos ha ocurrido mienCAMACHO tras hacíamos planes, como dijo John Lennon, sino lo que ha sucedido mientras ella se andaba casando y descasando, casando y enviudando, amando y desamando, una cascada torrencial de gerundios que nos dejaban definitivamente atrás, envueltos en el hierático magnetismo de una mujer que discurría por la existencia marcándonos el tiempo como un reloj de papel couchéclavadoen lapareddenuestros desengaños, nuestras porfías y nuestros anhelos. Hermética y distante, altanera y glacial, rodeada de una aurelola de enigma y de tragedia sobre un escenario de lujos y oropeles, Carolina ha construido, quizás asu pesar, un mito mundano sobre el que se han proyectado millones de miradas. En realidad, nunca ha hecho nada relevante ni significativo; es una esfinge de cristal alzada sobre un trono casinario y de opereta, una sirena ociosa mecida por el oleaje de la nada, un icono superfluo de un mundo de millonarias trivialidades. Pero ante ese telón de vacuidad opulenta ha compuesto el papel de una heroína zarandeada por la fatalidad, el rol de diosa infeliz golpeadaporun destinoadverso, y haproyectado a su alrededor el halo dramático y solemne de los cuentos agridulces en que los ricos sufren y las princesas llevan en sus ojos el sedimento insondable de un desencanto. En ese nimbo frío y dolorido de su expresión, en esa elegancia de sentimientos contenidos, en esa altiva dignidad ceremonial reside el secreto imantado de la fascinación que la ha mantenido intacta en medio siglo de primer plano bajo los voraces focos del universo rosa. Fue la joven heredera despendolada de los umbrales de la libertad sexual, la muñeca rota de los playboys buscavidas de la jet- set, la viuda discreta y la madre campestre y provenzal de una prole sacudida por el arrebato de la fama, la hija responsable de un magnate con corona, la hermana sensata de un par de badulaques caprichosos, la errática amante atormentada en busca de un sueño de independencia desvanecido y, últimamente, la serena y decorosa consorte de un destemplado dipsómano de sangre azul y la sombra vigilante de una veleidosa ninfa saltarina. De todos esos papeles ha emergido siempre con un gélido orgullo victorioso, impermeable a la pátina del tiempo que nos desgasta a sus coetáneos mortales en el roce implacable con la espuma de los días. Y todo se lo perdonamos, ay, menos que dilapide nuestra admiración y su excelencia junto a ese bronco tronera perdulario capaz de mear la mona por las esquinas. A CINCO NOCIONES CONTRA ETA XTRAER lecciones del horror no pocas veces obliga forzosamente a entremezclar la naturaleza de la guerra y la idiosincrasia del terrorismo. Con el tiempo que lleva ETA habiéndole declarado la guerra a España, lo más caduco es confundir todavía términos como paz tregua proceso Hay en casi todo terrorismo una habilidad especial a la hora de transferir a la víctima las trampas de su semántica destructiva. En las últimas semanas, ha habido motivos para conceptualizar y revalidar algunas impresiones sobre la ETA actual y su envergadura criminal. Provisionalmente y entre otras muchas, uno puede extraer un mínimo de cinco nociones. La primera es que a quien le corresponda tomar iniciativas respecto a ETA- -es decir, el Gobierno de la nación- -tiene por primera obligación inexcusable resguardar todo el sistema político, incluida la oposición, aunque eso la deje en condiciones de intentar sacar provecho de los errores del Gobierno. Luego viene la moviola- -en manos del electorado- -para ilustrar quién aisló a quién, pero un gobierno no puede pretender dar protección a todo el VALENTÍ hardware del sistema político si no es PUIG que procura hacerla extensiva a la oposición. Otra noción aportada por la experiencia reciente se ajusta al método Colin Powell: los líderes que se preocupan más por ser queridos que por ser eficaces no podrán controlar a las personas con las que deben enfrentarse. Esa segunda noción incumbe posiblemente al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Dicho de otro modo: los buenos líderes son los que sin cesar intentan que la mejor gente sea la que se sienta más satisfecha. Convencer a la buena gente tiene prioridad, y en segundo lugar ya vendrá seducir a reductos más tibios o ambivalentes. Como tercera noción, la calle es del Gobierno por ser quien representa legítimamente a la sociedad, y por tanto ejerce el monopolio de la fuerza. Todo lo que transcurra en la calle de forma refractaria a la ley y el orden afec- E ta a la autoridad del Gobierno, la mengua visiblemente y desconcierta el sistema de controles y equilibrios de la nación. La calle no puede ser un peón a cambiar por otro peón. El desorden público no es un elemento de trueque, para insinuar comprensión, abertura, aproximación o talante. La calle no puede ser de nadie porque es de todos. Por eso la calle es del Gobierno y para eso están los gobiernos. Cuarta noción: cierta dosis de optimismo siempre ayuda en situaciones tan complejas y arduas pero a condición de que sea un multiplicador de fuerza a condición de que sume energías y no haga ostentación del tan gratuito optimismo antropológico. Es decir: a lo sumo, optimismo a secas, con grandes dosis de realismo y alguna que otra referencia barroca. Sirve ahí el principio Patton: adaptarse a las circunstancias y no intentar que las circunstancias se adapten a nuestros planes. Desde luego, una cosa es la soledad del poder y la otra, tener la agenda en blanco. Quinta noción: es bueno que la oposición sepa expresar lo que quiere. Que no ha sido así es la percepción de la franja centrocampista de la sociedad española. Aparece en las encuestas. En los instantes más álgidos de las últimas semanas, la sociedad española esperaba de Mariano Rajoy que le hablase, que dijera algo por encima de la cacofonía partidista, que aportase alguna certidumbre más allá de los automatismos de la antítesis Gobierno- oposición. Su posición no es fácil, pero indudablemente es para eso que está donde está. La pinza parlamentaria que se le aplica seguramente escuece, pero ante una ofensiva de aislamiento un partido como el PP- -con buenos equipos y experiencia de gobierno- -tiene no pocos recursos políticos para evitar eficazmente que no le aíslen. Rajoy sabe hablar y hablar claro. De no hacerlo, se le supone enfrascado en componer distintos vectores del PP y eso lo debilita. Es en momentos así que a los políticos de la derecha les compete actuar no en virtud de lo que la derecha es, sino en razón de lo que debiera ser. En realidad, eso también es pragmatismo, capacidad de decisión necesaria cuando a uno le estorban los nudos gordianos y los juegos de laberinto. vpuig abc. es