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ABC DOMINGO 21- -1- -2007 Calvo propondrá el Corona de Aragón como candidato al Patrimonio Europeo 83 Los usos del GPR Paleontólogos Se han utilizado estos dispositivos para obtener imágenes de fósiles enterrados, en particular de grandes dinosaurios. Arqueólogos La técnica se usa para descubrir estructuras enterradas tales como edificios, columnas, estauas, casas... Arquitectos e ingenieros Utilizan georradares para conocer la consistencia de un terreno o la existencia de cavidades ocultas antes de empezar a construir Dos maneras de ver bajo tierra Arqueólogos, ingenieros y policías, tienen varias maneras de ver objetos enterrados. La primera, el georradar (o GPR, siglas de Ground penetrating radar) consiste en enviar pulsos de radar (radiación electromagnética en el rango de las microondas) hacia el subsuelo y detectar la señal reflejada de posibles estructuras enterradas. El ingenio emite y recibe a través de antenas y su capacidad de penetración depende de la conductividad del suelo, desde los quince metros de los suelos secos y rocosos a los pocos centímetros en suelos húmedos o fangosos. Un dispositivo similar, aunque más agresivo y muy conocido en sismología, utiliza, en lugar de ondas electromagnéticas, ondas sonoras. El arte del crimen Apenas una docena de investigadores forman el núcleo duro de la lucha policial contra los delitos del mundo del arte. Su trabajo se centra sobre todo en tres frentes: recuperación de piezas robadas, falsificaciones y expolio de yacimientos arqueológicos P. MUÑOZ MADRID. En el mundo del arte se mueven los expertos, pero también los pillos. Y en ocasiones coinciden en la misma persona unos y otros explica el jefe de la Brigada del Patrimonio Histórico de la Comisaría General de Policía Judicial, que dirige un equipo de investigadores reducido, pero altamente especializado. Su trabajo, habitualmente, apenas se refleja en los medios de comunicación, pero sus pesquisas han sido muy importantes en casos tan conocidos como el del asalto a la vivienda de la empresaria Esther Koplowitz, o más recientemente- -a principios de diciembre último- -en la intervención de un falso Velázquez y otras obras de arte, cuyos propietarios intentaron vender, sólo la primera de las obras, en 900.000 euros. La investigación desveló, además, toda una trama de engaños perfectamente urdida por los implicados. La Brigada actúa en tres campos fundamentales: recuperación de piezas robadas- hay unos 50 ó 60 robos al año, la mayoría de obras de poco valor falsificaciones- las hay burdas, pero hay otras como la última descubierta que son muy difíciles de detectar y el expolio de yacimientos arqueológicos. La Brigada del Patrimonio Histórico apenas interviene en los casos de robo, que son investigados por las plantillas a no ser que lo sustraído sea de gran valor, como sucedió en el caso Koplowitz El control de las redes clandestinas de distribución de obras de arte, un trabajo delicado y complejo, resulta fundamental en estos caso. Pero al margen de estos supuestos, el verdadero caballo de batalla de estos agentes es la falsificación. El comercio de arte es el tercero o cuarto en importancia del mundo, se mueven enormes cantidades y hay quien se quiere aprovechar de ello dice el jefe de la Brigada. No sabemos el volumen de falsificación que hay, porque ocurre como con las drogas, sólo hay constancia de lo que se interviene. Pero las piezas falsas se recuperan por miles, de modo que detrás tiene que haber mucho más La falta de una regulación más precisa en este campo complica las cosas. En este mundo aparecen constantemente certificados de gente que dice ser experta y que avala la autenticidad e importancia de una obra- -explica el jefe de la Brigada- La mayoría son reconocidos por todos, pero, en cualquier caso, son ellos los que se proclaman como tales. Y también hay quien dice serlo, emite informes que parecen rigurosos con todo tipo de detalles para aparentarlo y, en definitiva, colabora en lo que no deja de ser una estafa. Eso ocurrió en el último caso del falso Velázquez No existe, por tanto, no ya una licencia que conceda el Estado a quien acredite conocimientos suficientes, ni siquiera un colegio profesional que pueda pedir cuentas y una serie de requisitos para poder emitir un informe de cuyas conclusiones- -no hay que olvidarlo- -dependen negocios multimillonarios. Se ha dado el caso de que incluso a expertos serios se les ha ido la mano en ocasiones, de modo que es fácil imaginar qué puede hacer el resto Los grupos dedicados a esta actividad actúan de forma aislada, cada uno se especializa en un campo, pero colaboran con los demás cuando es preciso. Si uno es especialista en cuadros y el cliente necesita una escultura, se hace el contacto y se pactan los términos del negocio Pero no hay una estructura que los coordine. En cuanto al expolio de yacimientos arqueológicos, todos los datos apuntan a que no ha disminuido. De nuevo aquí hay lagunas, en concreto en el tipo aplicable del Código Penal, que no es demasiado claro en este punto. Los jueces son remisos a aplicarlo y normalmente piden a la Policía que averigüen de qué yacimiento provienen las piezas y cuándo fue encontrado. La simple tenencia no la suelen castigar dice la Policía. En este campo, una vez más, las falsificaciones están a la orden del día. Un dato: más de la mitad de las monedas antiguas que circulan son falsas. Los ecorradares se demuestran muy útiles en sistemas cársticos para buscar cuevas y cavidades desconocidas ABC Pedro Sánchez Espeleólogos especiales y varias grúas para cargar los bloques de los que se compone la obra- -recordaba haber prestado ese servicio y ninguno de los trabajadores de la zona recordaba un despliegue de ese tipo. Incluso se rastreó en las empresas de fundición, pero se comprobó que las moles no cabían en hornos convencionales. Por ello se hicieron gestiones también en talleres capaces de cortar el acero con técnicas de oxicorte, aunque se tenía claro que era poco probable que se hubieran utilizado porque el coste sería superior a los beneficios que se habrían obtenido por la venta del material. De nuevo, los resultados fueron negativos. En esa tesitura, se comenzó a trabajar en la segunda línea de investigación. En los solares donde se encontraba el almacén se habían producido numerosos movimientos de tie- rra y alguien pudo enterrar los bloques, unos paralelepípedos, sin sospechar que se trataba de una obra de arte de gran valor. Estaba claro que era inviable levantar todos los terrenos de la finca a ciegas, de modo que a mediados del pasado año se decidió utilizar detectores de acero. Uno de los días el aparato reveló la existencia bajo tierra de un bloque metálico de las mismas proporciones que la escultura. Tras una semana picando con cuidado para no dañar la obra, se comprobó que se trataba de un bloque de hormigón y hierro que formaba el pilar de una torre de alta tensión. Pero la Policía no se da por vencida y va a utilizar un georradar, una técnica más cara pero mucho más precisa. Eso sí, deberá dejar pasar algún tiempo, porque ni con frío, hielo o lluvia se puede utilizar. En este mundo del arte se mueven los expertos, pero también los pillos. Y en ocasiones coinciden en la misma persona unos y otros dice la Policía