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12 la entrevista DOMINGO 21 s 1 s 2007 ABC (Viene de la página anterior) caso son nuestros muertos, los de todos nosotros. Todas las familias, todos los pueblos han tenido los suyos. Hay ceremonias y rituales inventados desde hace muchos siglos, y milenios, para honrar a los muertos. Esos son los sentimientos que debemos tener; los que les honran y los que nos honran. 11- M -Pero así se exhumaría el drama de los vencedores y los vencidos. -Hubo vencedores y hubo vencidos, y luego han ocurrido muchas más cosas. El buen recuerdo de aquellos muertos tal vez sea el de recordarnos lo que puede ocurrir si convertimos a nuestros oponentes políticos en enemigos. Aquel recuerdo puede unirnos en torno a la resolución de proteger a nuestros oponentes políticos, y no el de destruirlos. Se profanó, a medias, una ceremonia electoral que debería haber tenido, y debe tener, un carácter cuasi- sagrado en una democracia liberal LA TERRITORIALIDAD prudentemente, a largo plazo, ni por los socialistas, ni por los populares ni por los nacionalistas; o al menos no lo ha sido si se trataba de conseguir una armonía entre la identidad del conjunto y la identidad de las partes. Los partidos mayoritarios han sido tentados por el oportunismo de las alianzas tácticas con los nacionalistas, sin construir unas bases de acomodación estable. Se está convirtiendo en un agujero negro por donde se escapa la energía del país ¿Lo que todo eso deja es un país con la sensación de que las reglas de juego de la vida política y la distribución de competencias entre el Estado y los miniestados regionales son confusas? -Cierto. Nosotros podríamos vivir con un Estado compuesto, complicado, y ello podría mejorar el arte y el ingenio de la vida política, dentro de ciertos límites. Hay muchos Estados federales en el mundo; y puede haber sistemas políticos asimétricos interesantes. Pero con lo que es muy difícil vivir es con un Estado confuso. Uno de los problemas de un Estado confuso es la cantidad de energía cívica que se consume en resolver problemas de competencia que nunca se acaban de resolver. Esta confusión institucional territorial amenaza con obligarnos a gastar toda la energía política en los próximos diez años. No podemos dársela si estamos obsesionados por una historia que nos lleva de confusión en confusión hacia un estado de embotamiento. El tema territorial se está convirtiendo en un agujero negro por donde se escapa la energía del país. Es un precio muy alto que estamos pagando. adelante. La sociedad española no está, ni mucho menos, aquejada de cainismo y confusión en todos los aspectos de su vida. Es lo contrario: su experiencia económica es positiva, y su vida social no es traumática. El clima es de convivencia y de tolerancia recíproca. No confundamos las irritaciones de la clase política y mediática, que está un poco de los nervios, con España en su totalidad. -El anuncio del nacionalismo vasco de un referéndum (ilegal) de autodeterminación allí cuestionó la soberanía del pueblo español, la bóveda del edificio constitucional. La respuesta socialista fue ambigua en aras de mantener un clima de diálogo ¿Con ello cabría mejorar la convivencia en aquella región a costa de hacerla más difícil en el resto de España? -Esto es un tema mayor de las dificultades de los partidos centrales para mantener políticas creíbles, a largo plazo, de acomodación en relación con los nacionalismos. En general, los socialistas han tenido ciertas dudas estratégicas recurrentes acerca de cómo manejar el tema de los nacionalismos durante los treinta últimos años, que les hacen un poco impredecibles a largo plazo. Esto es un problema tanto para sus aliados como para sus oponentes, para la sociedad y para ellos mismos. Se pueden comprender sus dudas, pero quizá un esfuerzo de autorreflexión les sería a ellos, y a todos, muy útil. ¿Está confuso Zapatero al abrazar ahora al PNV para derrotar a ETA? -No creo que tenga confusión táctica. Es una alianza interesante si lo que se pretende es aprovechar una oportunidad para consolidar un proyecto de permanencia en el poder durante seis años más; otra cosa es la confusión estratégica a más largo plazo. Pero aquí el problema es que su confusión continúa una pauta de confusiones que se remonta más atrás, y no afecta sólo a su propio partido. Cómo manejar la ubicación del País Vasco y Cataluña ha sido siempre un problema pendiente. Desde el principio, el diseño constitucional fue muy imperfecto. Se quiso dar un trato igual a lo que es desigual. Luego, se ha permitido una desafortunada dinámica de mimetismos territoriales y agravios comparativos. Se ha primado la lógica de la diferencia frente a la de la cooperación, y la aceptación de una identidad común. Esta situación no ha sido administrada Víctor Pérez- Díaz, en su despacho madrileño ¿El 11- M fue la apoteosis de la incivilidad? -Fue una ceremonia de la confusión, en la que hubo de todo. Hubo torpezas, apresuramientos e incoherencias por parte de unos gobernantes que cometieron errores importantes que fueron interpretados como estrategias de manipulación. Hubo un aprovechamiento de las circunstancias, un abuso en la vituperación y un drama ritual de humillación de esos gobernantes convertidos, en parte, en un chivo expiatorio, y en parte, en una ocasión para el desahogo de los sentimientos de angustia de todo un país traumatizado por unos atentados que no se acababan de comprender muy bien, y quizá tampoco se querían mirar de cara. Al final, se profanó, a medias, una ceremonia electoral que debería haber tenido, y debe tener, un carácter cuasi- sagrado en una democracia liberal. ¿Una alianza estratégica con los nacionalistas puede asegurarle al PSOE el Gobierno y dejar en la cuneta al Partido Popular? -Hay que ver las cosas por partes. En ciertas fases del juego, la alianza parece perfilarse con mucha intensidad, pero en otras no tanto. Los nacionalistas parecen pretender algo parecido al soberanismo o el cosoberanismo, pero los socialistas rechazaron el plan Ibarretxe cuando éste se presentó en el Parlamento español. No da la impresión de que el conjunto de los socialistas haya llegado al punto de aceptar un plan de cosoberanismo, ni en el País Vasco ni en Cataluña. Creo que por el momento sería injusto atribuir a los socialistas una posición que ellos no toman, rechazan, y niegan. ¿Quién quiere convertir a España en una nación cainita? -No es probable que España se deje convertir en eso. Si la economía de mercado funciona bien es porque hay un alto grado de confianza social. La gente es capaz de trabajar, cooperar, competir con respeto a las reglas del juego, y así salir ¿La combinación de división, confusión y apocamiento puede llevar la ruina a la casa dividida de la política española? -Sí, puede llevarnos a una situación en la cual sin haber llegado a la cumbre comencemos a bajar, como ahora. Pero puede ser una caída provisional, de la que nos recuperemos. Ya se verá. Éste es un país que ha ido construyendo bastante razonablemente una experiencia en los treinta últimos años (o el último medio siglo pasado, si nos fijamos en la economía y la sociedad) Y ahora estamos en un momento de desorden disimulado por la euforia de un crecimiento económico que tiene su inercia, y que parece que va adelante. Viviendo al día como una ciudad alegre y confiada, con un fondo de inquietud. Si la ley de memoria histórica parte del supuesto de que se ha olvidado la tragedia, esa premisa es errónea ¿Por qué hablan de proceso de paz cuando no hay ninguna guerra? -La cuestión no estriba muchas veces en los términos, sino en el contenido que se les da y la explicación que hay detrás. A veces se habla de la guerra contra el hambre, o la guerra contra el sida. Los medios y los políticos nos acostumbran a emplear las palabras de una manera un poco laxa. El problema es cuando detrás de los términos se introduce un contenido que equivoca a la gente; hay que discriminar el uso y explicar el contenido. ¿Le parece imprudente la ley de memoria histórica que maneja Zapatero como un uso partidista de los recuerdos, orientado a una polarización ideológica de la sociedad? -No la he leído con detenimiento, pero mi impresión general es que, si de lo que se parte es del supuesto de que se ha olvidado la Guerra Civil y se han olvidado las tragedias que ocurrieron en la Guerra Civil, se parte de una premisa errónea. Aquella guerra nunca se ha olvidado, y ha estado viva en la conciencia española desde que ocurrieron aquellos hechos hasta hoy. Han sido transmitidos por tradición oral y escrita, ambas abundantes, en los dos bandos, incluso desde dentro de la España franquista, puesto que en ésta hubo una cultura de la disidencia muy importante. Siempre es el momento de reactivar ese recuerdo, pero hay formas mejores y formas peores de activarlo.