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ABC DOMINGO 21- -1- -2007 11 Doctorado en Harvard Víctor Pérez- Díaz ha vivido en EE. UU. donde hizo su doctorado en Harvard. Allí enseñó, y en California, en el MIT y en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, y en la Escuela de Altos Estudios y de Ciencia Política de París. Es miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Dirige Analistas Socio- políticos, un centro de estudios. Sus libros incluyen La primacía de la sociedad civil España puesta a prueba La esfera pública y la sociedad civil Una interpretación liberal del futuro de España Sueño y razón de América Latina Actualmente investiga sobre la construcción europea, y en asuntos de sociología y filosofía política sobre el problema de la civilidad política. sión y fatiga se tomen decisiones que luego haya que lamentar. Si no son avaladas por el conjunto de los dos partidos mayoritarios, y el electorado que les apoya, no hay garantía de que esas soluciones durarán mucho tiempo. El acuerdo no será creíble a largo plazo por la división de aquellos partidos. Pero tiene que ser creíble por la actitud de los propios nacionalistas. Si lo que estos quieren es la independencia y la anexión de otros territorios, el proceso no tendrá fin. Todos creerán que de lo que se trata es de una solución provisional y un trampolín para la independencia, mediante una mezcla de coerción, violencia simbólica y negociación, cuando y como sea conveniente. ¿Hay que tener mucho cuidado con el toma y daca en política? -Las religiones de la venganza son inferiores, en este punto crucial, a las religiones del perdón. Pero las cosas empeoran si a este problema de percepción asimétrica se añade una valoración de las cosas proclive a convertir al otro en un demonio en toda regla. Entonces, en la respuesta todo está permitido. Hay que introducir cautela, autocontrol y una dosis de benignidad (si se me permite esta dosis de ingenuidad angelical) en los intercambios políticos para evitar la caída en la jungla. Si de lo que estamos hablando es de las memorias de una guerra civil, el tema de los agravios mutuos puede ser terrible. Tocar esos recuerdos sin introducir un componente de reflexión, prudencia, espíritu de generosidad y autocontrol puede llegar a extremos de maldad y de necedad políticas que conviene evitar. Es mejor participar en una ceremonia común de honrar a todos los muertos con un espíritu cívico y civil, si es que todavía no se ha dado el caso de una conversión o una vuelta a una religiosidad del perdón como el cristianismo. Deberíamos cultivar la virtud clásica de civilización, civilidad y civismo. cialistas aparecerían como pacificador de lo que se llama Estado español aislando al PP? -No entro en el problema táctico inmediato. Pero que haya divergencias importantes de criterio respecto a cómo manejar la relación entre el País Vasco y España es no sólo legítimo, sino razonable. Es un problema muy intrincado por muchos motivos, y uno es la complejidad del País Vasco. España tampoco es precisamente una entidad muy simple. Que haya diferencias de opinión es normal; lo anormal es que lleven a posiciones de enemistad política incivil. ¿Por qué utilizan a España como arma arrojadiza? El catedrático de la Complutense estudia el problema de la civilidad política mar a las gentes dándoles una coartada para tirar la piedra. Hay que recordar aquello de que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Es un consejo muy razonable. tender los juegos políticos de cada uno en cada momento; que se puede aclarar. No hay mucha confusión si se entiende que, a corto plazo, los gobernantes apuestan por ganar un tiempo precioso y entretener una expectativa de pacificación que les lleve a una posición de fuerza en las elecciones locales en unos meses, y a escala nacional el próximo año. -No debería utilizarse así. España no es un arma, sino un espacio de convivencia. ¿Si la estrategia socialista sale adelante con el concurso del PNV (y de los radicales) será pan para hoy y hambre para mañana -Esa estrategia está todavía rodeada de ambigüedad. Por ello, podemos encontrarnos con una situación de confusión y fatiga por parte de un cuerpo electoral que parezca que deja hacer y que en ese clima de ambigüedad, confu- ¿Y las confusiones? -Hay que distinguir entre confusiones reales y aparentes. Hay mucha confusión sobre cómo resolver los grandes problemas del país: Europa, inmigración, educación e investigación, energía y medio ambiente, política exterior y cosas así, incluido el tema territorial a largo plazo. En cambio no hay confusión, sino mucha astucia e inteligencia práctica, por parte de unos y otros a la hora de sus tácticas políticas y sus estrategias a corto y medio plazo. No conviene subestimar a nadie. Los socialistas, los populares, los nacionalistas periféricos, los terroristas, son todos inteligentes, y van a lo que van. Puede haber confusión en la opinión pública a la hora de en- -Hubo un tiempo en que socialistas y populares tuvieron una estrategia común en la defensa del marco constitucional existente, Estatuto de Guernica incluido, para luchar contra el terrorismo. ¿Cómo analiza que ahora el PSOE le tienda la mano al PNV? ¿Los so- -Sin arrojarnos los cadáveres a la cabeza... ¡No, por Dios! No murieron para eso. ¿No ha habido pacto de olvido? Desorden político y cultural ¿El llamado proceso de paz es un proceso de entropía? -Estamos inmersos desde hace bastantes años, y no me refiero sólo a los dos últimos, en un proceso de desorden político y de desorden cultural. Este desorden es el problema de fondo que tenemos. El crecimiento económico sigue adelante, con sus problemas, que los expertos nos recuerdan de vez en cuando. Pero el espacio político y cultural tiene un dinamismo pobre, afortunadamente con las excepciones de rigor. Por parte de las elites, los fallos son notorios. Pero también afectan a la sociedad en su conjunto. La ciudadanía se siente inquieta, porque no acaba de conectar bien los acontecimientos unos con otros, aspira vagamente a la tranquilidad, querría recibir buenas noticias y le irrita la división, en sí misma. De modo que cualquiera que disiente puede producir la sensación de estar rompiendo la comunidad, irritar y crear una sensación de rechazo. Eso tampoco ayuda, porque lo que hace falta es un poco más de fortaleza y de capacidad de discriminación. Si las gentes están desconcertadas, pierden frialdad en el juicio y no siguen razonamientos un poco largos, no pueden controlar a los líderes políticos. -No lo he conocido, ni lo he firmado. Esas cosas no es que no deban olvidarse; es que no se pueden olvidar. A los muertos no se les olvida, se les recuerda, y si es posible se les rinde culto. Son nuestros muertos. -Y no muertos sectarios como propugna Zapatero al vengar la memoria de su abuelo... -No digo yo que esos sean los muertos del presidente Zapatero, en absoluto, ni que él propugne algo semejante. En todo (Pasa a la página siguiente)