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10 LA ENTREVISTA www. abc. es la entrevista DOMINGO 21- -1- -2007 ABC Si lo que quieren es la independencia y la anexión, el proceso no tendrá fin Víctor Pérez- Díaz s Sociólogo El analista advierte sobre una actitud cainita de desprecio al adversario, y dice que el abrazo ahora de Zapatero al PNV es una alianza interesante si se pretende permanencia en el poder seis años más; otra cosa es la confusión estratégica a más largo plazo POR ANTONIO ASTORGA FOTOS IGNACIO GIL Alejado de las trincheras, Víctor Pérez- Díaz, catedrático de Sociología de la Complutense, observa la cosa pública como un río que fluye, según sostenía el viejo Heráclito. Cree más en la experimentación, y en la reflexión crítica, que en la dogmática política. Su preclara tesis del flanco débil de la vida española- La casa dividida -se resume en el diagnóstico de que, tras 30 años en los que España ha sido libre y responsable de sí misma, resulta que tiene una identidad colectiva débil, que está ligada a una memoria histórica fragmentaria y confusa, la desatención del futuro y escasa percepción del lugar que ocupa en el mundo. El analista aclara el tráfago. na o como ignominiosa. El resultado es generar, lógicamente, una actitud de desconfianza, y el rechazo del acuerdo. bien es la de que el poder te da alguna capacidad para hacer cosas, para tomar decisiones basadas en una deliberación colectiva acerca del bien común, en la que intervienen gentes con intereses y perspectivas distintas. El oponente político es un componente esencial de ese proceso de deliberación. Tenemos que cuidar a nuestros oponentes. Tolerarlos o respetarlos es insuficiente. Hay que protegerlos, porque son un recurso fundamental en el proceso de deliberación colectiva. ¿Cómo se protege al enemigo? -Si alguien aparece diciendo que hay que crear un cordón sanitario en torno a tu oponente político, tú debes ser el primero en rechazar y protestar, porque a tu oponente político tú lo tienes que proteger. Esa es la actitud razonable de quien quiere crear una comunidad política. Lo impropio es disimular mientras eso ocurre, tácitamente condonarlo, sonreír y mirar a otro lado. Esta actitud cainita es compartida por bastantes gentes, de tendencias diversas, que se han ido deseducando políticamente en los últimos tiempos, a pesar del buen precedente de la Transición. ¿Es incivil convertir a un oponente político en un enemigo? -Es incompatible con una democracia liberal. Existe un concepto agónico de la política que expresó muy bien Carl en los años 20, según el cual la política es asunto de amigos y enemigos. Los totalitarios, fascistas o comunistas, y sus numerosos descendientes, siempre han entendido muy bien este concepto, y actuado en consecuencia. Ello se corresponde con la lectura brutal, incivilizada, de quien no entiende lo que es compartir el poder y ponerle límites, y está obseso con quedarse con él y ejercerlo e imponerlo sobre una sociedad. Pero la visión alternativa, civil o civilizada, del poder no es ésa. Más ¿La casa política española está hoy dividida? -Aparentemente cada vez más. Ello es inquietante porque se están desarrollando unos sentimientos desbocados de cainismo, ligados a una tergiversación del espacio y del debate público, que crean desconcierto en la gente, inseguridad y algo de angustia. A veces se intenta encontrar una salida a esa angustia mediante la imputación de culpa al adversario, su demonización y la búsqueda de un chivo expiatorio. MEMORIAS DE LA GUERRA No conviene alimentar unos sentimientos de indignación moral e inflamar a las gentes dándoles una coartada para tirar la piedra LA CASA POLÍTICA ¿Zapatero piensa en las víctimas, que consideran una vejación que su Gobierno negocie y dialogue con una banda terrorista de asesinos encapuchados? -La cuestión es no quedarse con la palabra diálogo como una palabra mágica que abre todas las puertas, y ver lo que se quiere decir con ello, qué tipo de diálogo, qué contenidos puede tener, en qué condiciones se realiza, qué límites puede tener y demás. Diálogo o negociación pueden referirse a dos cuestiones muy distintas, como lo son la relativa a la reinserción social de los presos, por ejemplo, o al futuro político del País Vasco y, como consecuencia, de España. La primera sería una negociación minimalista con los terroristas; la segunda es una negociación política de gran calado. Hay quienes quieren fusionar las dos negociaciones. Hay quienes creen, muy al contrario, que hay que construir una muralla china entre la mesa de la ne- gociación minimalista con los terroristas y cualquier mesa de negociación política, cuyo foro natural es el parlamentario, y si ello implica un cambio constitucional sustantivo, lógicamente, la apelación a la soberanía del pueblo español. ¿Dónde queda el dolor? -El gran dolor es la pérdida de los seres queridos, y esa es una pérdida irrecuperable. La compañía emocional y moral de la comunidad con las víctimas tiene que ser permanente, y se les acompaña justamente en la medida en la que se afirma el sentido que han tenido esas muertes para la comunidad: por lo pronto, la defensa de un Estado de Derecho, que diferencia entre víctimas y verdugos. ¿Cree que la estrategia de Zapatero es convertir a Rajoy en cercano a la extrema derecha para expulsarlo del sistema y aislarlo de la opinión pública? -Desde el punto de vista de un observador exterior, los gobernantes actúan muchas veces, pero no siempre, como si ésa fuera una de sus intenciones estratégicas. Esto ocurre cuando su conducta y expresión es dúplice: se ofrece la mano para un acuerdo y al tiempo se vitupera a la persona a la que se le ofrece el acuerdo como indig- Hay sentimientos desbocados de cainismo, ligados a una tergiversación del espacio y del debate DIÁLOGO La cuestión es no quedarse con esa palabra como mágica ¿Hay que evitar líderes resentidos y confusos en tiempos de crisis? ¿Es Zapatero un líder resentido y confuso en tiempo de crisis? -La palabra resentimiento es excesiva y no conviene abusar de ella, porque suele ser una manera de agraviar sin explicar. Si hablamos más bien de los rencores que puedan aflorar en el país a propósito de algunas políticas como las de la activación de las memorias de la Guerra Civil, pienso que es legítimo reactivar todas las memorias; el problema es cómo. Aquí las cuestiones de lenguaje, contexto y procedimiento son fundamentales. Cuando hablamos de muertos, hablamos de temas terribles y sagrados para toda la comunidad; hay que saber cómo hacerlo. Hay que saber cómo honrarlos y respetarlos. Si hay agravios, y la virtud no llega a tanto como para pedir perdón y perdonar, al menos hay que saber cómo contenerse para no destruir una comunidad. Conviene apaciguar los sentimientos de ira, o darles un cauce ritual que opere como una especie de catarsis. Lo que no conviene es alimentar unos sentimientos de indignación moral e infla-