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ABC DOMINGO 21 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ESTADO DE DECEPCIÓN L que tenga oídos para oír, que salga a la calle y pegue la oreja. En el bar, en la oficina, en el mercado, en la universidad, en el quiosco, en el autobús, en la tienda. Si no lleva puestas las orejeras de sus prejuicios oirá rumores de desencanto, murmullos de decepción, protestas de hastío. La gente está confusa y desengañada, perpleja ante el espectáculo cainita de una política de vuelo bajo en la que nadie halla una brizna de generosidad con la que sobreponerse al sectarismo. Tres semanas después de la reaparición de ETA, con su halo macabro de IGNACIO bombas, escombros y CAMACHO muerte, los ciudadanos sólo ven en la dirigencia pública a dos gigantes semienterrados destrozándose a garrotazos, como en el cuadro de Goya, y oyen una falaz retórica de unidad destinada tan sólo a arrinconar al adversario. No encuentran liderazgo, ni altura de miras, ni visión de Estado. Inquietos por la zozobra, contemplan a un presidente incompetente, noqueado y sin rumbo, obsesionado con hablar con los asesinos recitando la milonga de la como un mantra gastado, y a un jefe de la oposición que le atiza sin piedad con todo lo que encuentra a mano. Y por debajo, un revoltijo de golpes sucios, un encono encelado de rencores, un duelo de españas escindidas y cabreadas, un pulso de poder descarnado en el que nadie se preocupa de lo que pasa en la calle. Y en la calle lo que se siente es un profundo, patente, desalentado desamparo. En estas crisis en que la sociedad y sus dirigentes se desencuentran, la democracia se deja a menudo jirones de cohesión. Los estados mayores de los partidos, obcecados con la estrategia electoral, creen que la bronca va a movilizar a una ciudadanía en estado de tensión perpetua, pero no cuentan con el cansancio y la frustración de mucha gente razonable. Están fabricando abstenciones y, si siguen así, es probable que en la próxima cita con las urnas no acudan once millones de electores contra diez, sino nueve contra ocho. O que suene en alguna parte la flauta de algún Hamelin oportunista capaz de levantar una plataforma de desengañados o una brigada de cascos azules, una fuerza de interposición al estilo de Ciutadans de Catalunya. Cuando el pueblo no encuentra salidas convencionales, suele darle una oportunidad al aventurerismo. O se desengancha, hastiado de ser comparsa de un desafío de intereses. Estamos en ese punto en que da la vuelta el viento de la responsabilidad. Esta vez no se trata de reformas territoriales más o menos farragosas, ni de leyes polémicas, ni de crisis socioeconómicas, sino de un Estado desafiado a bombazos por un manojo de orates, esa clase de momentos en que los ciudadanos exigen dirigentes capaces de levantar un liderazgo generoso por encima de su propia ambición. En vez de eso se han visto ellos mismos en medio del fuego cruzado entre dos trincheras de animadversión y furia. Que nadie se engañe luego si en vez de respuestas y apoyos sólo encuentra un perplejo escapismo o un vacío de decepciones. E EL RECUADRO FARRUQUITO, PRUEBA DEL ALGODÓN U N catedrático de Filosofía que fue mi maestro en la Universidad Hispalense, don Jesús Arellano, decía que para hablar bien en público sólo hacían falta dos cosas: 1. Tener algo que decir 2. Decirlo. Para que el Estado de Derecho pueda mostrarse en toda su plenitud y grandeza, sólo son necesarias dos cosas: 1. Querer que el Estado de Derecho actúe. 2. Hacerlo actuar conforme a las leyes. Tengo un plan infalible para acabar con la ETA, sin tantas mayúsculas del Proceso, del Consenso y de la Unidad. El plan es muy simple: 1. Querer derrotar a la ETA. 2. Derrotarla aplicando los recursos del Estado de Derecho. Si les cabe alguna duda acerca de este más que democrático y legítimo método, pueden hacerle le prueba del algodón de Farruquito. No le es ajeno el algodón a Farruquito, a cuya glorificación asistimos en sus primeras jornadas carcelarias. Se presentó en su boda vestido de azucarado algodón de feria, en verANTONIO sión de frac. Ha ingresado en la cárcel BURGOS vistiendo un blanquísimo chándal blanco de algodón, con Oregón cruzándole el pecho como la cruz de Santiago a Velázquez en las Meninas. El blanco y carísimo chándal carcelario era como el traje de campaña del mismo algodonoso Ejército cuyo uniforme de gala vistió para la boda. ¿Por dónde íbamos, antes que nos metiéramos en la Pasarela Sacromonte de las tendencias de Farruquito? Ah, sí, por Farruquito como Prueba del Algodón del Estado de Derecho. Si les cabe alguna duda acerca de lo fácil que es aplicar las normas del Estado de Derecho contra los delincuentes (y la ETA es una banda organizada de delincuentes, no se olvide) ahí tienen las lorquianas 5 de la tarde en que Juan Manuel Fernández Montoya, como un Camborio legítimo, ingresó voluntariamente en la prisión Sevilla 2 ataviado con blanco chándal y dos maletones en la Andalucía de los maletines. El Estado de Derecho, para meter a Farruquito en la cárcel y, antes, para detenerlo, juzgarlo y condenarlo a la luz del Código Penal, no ha necesitado hacer concesión alguna. El Estado de Derecho, para meter a Farruquito en la cárcel, no ha necesitado que Fernández Montoya prometa que no va a arrollar a peatón alguno más con su auto sin como la cerveza 0,0: sin carné de conducir, sin seguro, sin respetar la velocidad máxima. El Estado de Derecho, para meter a Farruquito en la cárcel, no ha tenido que iniciar más Proceso que el que establece la Ley de Enjuiciamiento Criminal. El Estado de Derecho, para meter a Farruquito en la cárcel, no ha tenido que convocar un pleno extraordinario del Congreso de los Diputados a fin de establecer un consenso entre todos los partidos. Al Estado de Derecho, para meter a Farruquito en la cárcel, le ha bastado y sobrado con la Policía y los jueces. Justo con lo que bastaría para poder derrotar a la ETA, si es que la quisieran derrotar. Al abogado de Farruquito se le fue viva la mejor línea de defensa. Le hubiera bastado con decir que su defendido era miembro de Batasuna, o negociador en Zurich, o parlamentario del Partido de las Tierras Nekanes, un héroe de la paz, vamos, para que, como Otegui, aun condenado, nunca hubiera tenido que ponerse el chándal blanco carísimo del ingreso en prisión. O para que, como Josu Ternera, aun condenado y en busca y captura, las fuerzas y cuerpos que lo quincaran se pusieran inmediatamente a silbar el Volando voy, volando vengo de Camarón y a mirar al techo, a fin de disimular y no fastidiar Proceso alguno deteniéndolo. Por si fueran pocos argumentos, al defensor de Farruquito se le ha ido vivo, sobre todo, el mejor: el del cordón sanitario. El supremo principio de que aquí No Nada, y si pasa algo, es por culpa del PP Farruquito, ar. tista inmenso cuyo arte todos reconocemos, seguiría en libertad, deleitando al mundo con su baile, si le hubieran aplicado, como a la ETA, ese principio. Ya saben: la muerte de aquel peatón fue culpa del PP. Que es el que tiene la culpa de todo en esta España donde No Nada a pesar de que la ETA ha cometido dos asesinatos más.