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2- 3 S 6 LOS SÁBADOS DE Botox, el hermano menor La toxina botulinica también está de cumpleaños. En 2002 la FDA aprobó la comercialización del Botox en EEUU para el tratamiento de las líneas moderadas y severas del entrecejo en hombres y mujeres adultas y en sus cinco años de vida se ha convertido en el tratamiento medico- estético más demandado, especialmente entre el público masculino. ¿Cómo ha evolucionado? El doctor Ricardo Ruiz, director de la Clinica Dermatológica Internacional lo primero que quiere dejar claro es que Vistabel (así se llama en España) es menor que el AH en edad, pero no en efectividad. Son dos tratamientos enormemente eficaces, pero con objetivos diferentes. Si el ácido hialurónico sirve para hidratar, rellenar surcos y devolver el volumen perdido, la toxina botulínica, inyectada en la parte superior de la cara, produce una relajación de los músculos que permite borrar las arrugas de expresión, proporcionando un aspecto más descansado aclara. Y hablando de evolución, en estos años hemos podido comprobar como la combinación de ambas técnicas potencia sus efectos: por un lado, el ácido hialurónico dura más al estar el músculo relajado; por otro, se produce una mejora de las pequeñas arrugas e imperfecciones a las que la toxina no llega añade este dermatólogo. La última novedad es que se ha descubierto la capacidad de esta toxina de producir un suave efecto lifting al inyectarlo en determinados músculos de puntos estratégicos de la cara para elevar las cejas, boca, papada, nariz y mejillas. (de 240- 540 euros sesión) El efecto es menos duradero (3 meses, frente a los 6 del tercio superior) pero aumenta en sesiones sucesivas. ¿Riesgos? Alrededor de la boca puede torcerse el gesto y puede haber disfonia si se pincha mal alrededor de la nuez, e incluso reducirse la habilidad de tragar comida, pero es raro que ocurra. Según un estudio realizado por el doctor Javier Mato Ansorena sobre la evolución de las demandas estéticas masculinas durante los últimos 5 años (se han incrementado un 340 por ciento) es sin duda, el más practicado en varones y con mucha diferencia en relación a los siguientes (el ácido hialurónico ocupa el cuarto puesto después de la depilación con láser y los peelings) ¿De donde viene esta preferencia? Dicen que es rápido (15 minutos) sus efectos se notan enseguida (a los tres días) y permanecen medio año, no se nota (se relajan los rasgos y los amigos sólo ven una cara más relajada) y no interfiere en nada con la vida habitual. LUGAR DE LA VIDA Pilates C Mónica FernándezAceytuno Durante los últimos cinco años los tratamientos estéticos masculinos han crecido de forma espectacular. El botox es uno de los más demandados cuello, escote e incluso manos. ¿Cuándo se empiezan a notar los resultados? En este caso no hay que esperar demasiado, lo que resulta estimulante, porque los efectos se aprecian el mismo momento de la aplicación. Y, por otra parte, el producto se va reabsorbiendo gradualmente, desapareciendo el efecto en 6- 12 meses, por lo que no crea el temible efecto derrumbe En cuanto al futuro de este tratamiento, Pedro Jaén vaticina que, a medio plazo, se conseguirá un relleno de duración mayor que la actual, que podría llegar a ser de dos e incluso de tres años. Y, la última cuestión, casi una súplica: ¿para cuando un producto rejuvenecedor del cuerpo? A corto plazo, nuestra empresa lanzará una nueva gama de productos destinados al contorno corporal asegura Fábregas. Expectantes quedamos. omo las peluquerías a Neruda, el olor de los gimnasios me hace llorar a gritos Entrar en un gimnasio me agobia, me marea. Lo más que hago de ejercicio es nadar junto al mar en las piscinas al aire libre, me encanta nadar bajo la lluvia en esos días fríos en los que el agua humea igual que la niebla, viendo pasar a los trasatlánticos que atracan como edificios a la deriva. El mar, cada vez está más urbanizado. Y camino. Camino hasta cinco kilómetros diarios. Pienso caminando, y a veces, también escribo con el pensamiento mientras camino. Pero nunca voy a un gimnasio. Y menos en mi pueblo. Y eso que por todas partes, se anuncian las clases de pilates, que nunca he sabido muy bien qué es, y del que las primas de mi marido hablaban maravillas, mientras yo las escuchaba ausente, creyendo que jamás entraría en esa clase que en principio se daba en el polideportivo, lo cual añadía un terror añadido, porque peor que los gimnasios, son para mí los polideportivos, con su frío y con su eco y con sus lavabos horribles. Pero ahora se dan las clases de pilates encima de Correos, y no sé cómo, tal vez por mi querencia por esa oficina en una casa roja y de ventanas verdes que me recuerda, salvando las distancias, a la que tenía Monet en Giverny; o tal vez porque Merce, que es tan animada y tiene también una casa un poco rosada me convenció de que me apuntara y redondeara el grupo de cinco de las cinco y media de la tarde. Y aquí estoy, con unas agujetas desconocidas, de tanto estirar las lumbares, el cuello, los brazos, casi no sabía que los tenía. A falta de chándal, que es una pieza de vestuario que odio con toda mi alma, les he robado el pantalón de deporte a mis hijos, y cuando llegan y me ven de esa guisa, les noto una media sonrisa, pero mamá ¿tú para qué quieres ser ya guapa? El caso es que me están encantando las clases. Llego con mi colchoneta bajo el brazo, y lo mismo me cruzo con la carnicera que con la dueña del restaurante. Medio pueblo da pilates. Pero salgo como nueva, y al volver a casa, los mirlos vuelan por delante y me pregunto si son conscientes del movimiento de sus alas cuando vuelan.