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ABC VIERNES 19 s 1 s 2007 VIERNES deESTRENO 81 LAS MÁS TAQUILLERAS Más extraño que la ficción EE. UU. 2006 113 minutos Director- -Marc Forster Actores- -Will Ferrell, Dustin Hoffman BANDA SONORA Eragon Sony- BMG Patrick Doyle El escocés Patrick Doyle ha conseguido en los últimos años una sólida reputación en Hollywood. Irrumpió a comienzos de los noventa y logró sus mayores éxitos con las partituras de Sentido y sensibilidad y Hamlet (Kenneth Branagh fue su primer mentor) En ellas mostraba su inspiración y su talento, algo que POR JULIO BRAVO no aparece en la banda sonora de Eragon, que se puede definir con una sola palabra: previsible- -probablemente la película no demandaba otra cosa- Doyle muestra su oficio, eso sí, en una partitura que es mayoritariamente heroica, y donde los metales y la percusión toman protagonismo dentro de la orquesta para lograr ese tono épico que requieren las imágenes. Un pegadizo y sencillo tema, que aparece ya en el primer corte, titulado Eragon se convierte en un leitmotiv que el músico emplea en varias ocasiones y con intenciones diferentes. La banda sonora se completa con una canción de Avril Lavigne y otra de Jem. El hombre que oía voces ANTONIO WEINRICHTER ¿Qué es más extraño que la ficción? La realidad, se dice; pero el título de esta película no se refiere a eso: más extraño que la ficción es... lo que los académicos llaman meta- ficción. No teman: aunque sale un profesor experto en teoría literaria (que Dustin Hoffman borda como siempre que le dejan sobreactuar) este trabajo de Marc Forster es autorreflexivo, como Olvídate de mí Melinda y Melinda o El show de Truman en un sentido más lúdico que intelectual. El protagonista es, incluso, un cómico tan deleznable como Will Ferrell, que aquí acomete el proverbial empeño de redimirse ante nuestros ojos como actor. La cosa consiste en esto: Will Ferrell es un inspector de Hacienda de vida gris y solitaria, según nos va informando con florido estilo la voz de una narradora, hasta que su apacible comentario se ve interrumpido por el hecho de que su personaje la oye hablar de él mismo, con lógico sobresalto que aumenta cuando la oye anticipar su inminente destino. La película se bifurca entonces por dos vías, como una metaficción de Paul Auster: los pirandellianos esfuerzos de Ferrell por averiguar de quién es esa voz que le controla, y los esfuerzos de la escritora que le ha creado y que le narra por superar un bloqueo digno de Barton Fink (Emma Thompson clava aquí una sutil caricatura de artista excéntrica y depresiva) Forster despliega las consecuencias de esta premisa delirante con la lógica de una comedia clásica, sin dejarse llevar por la tentación de rizar el rizo. Una delicia de principio a fin, que confirma que algunas de las propuestas más atrevidas (lo que no equivale a transgresoras ni falta que hace) del cine americano reciente no provienen de los márgenes indies sino del corazón de la industria, como surgidas entre secuela y remake. Esto no pasaba desde los años 70: que dure. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 Rocky Balboa El truco final (El prestigio) Babel La caja Kovak Eragon María Antonieta El ilusionista... Banderas de nuestros... Un vecino con pocas luces Pérez, ratoncito de tus... Arthur y los Minimoys Deja vu Cándida Happy feet... La alianza del mal The holiday El perfume La masai blanca Mentes en blanco Hollywoodland Obra maestra Muy buena Buena Regular Mala Toni García LA SOLEDAD DEL ENTREVISTADOR n los festivales se producen a veces extraños acontecimientos. Aunque mi amigo Íñigo Domíguez ya lo explicó en su momento en el El Correo no estará mal repetirlo para aquellos que no lo sepan: normalmente, las entrevistas en festivales se hacen en grupo; es decir, cinco, seis o más periodistas se sientan a la mesa con un actor, actriz o lo que sea, en lo que en términos profesionales se denomina un junket A veces (sólo a veces) se rompe la tradición y uno tiene la oportunidad de coger a alguien a solas. Yo he tenido la oportunidad de comerme un buen número de junkets en todos estos años. Lo más exagerado que recuerdo fue aquella vez en el Four Seasons de Berlín, cuando más de veinte periodistas nos sentamos en una mesa con Oliver Stone para entrevistarle por Comandante Huelga decir que la cosa fue horrorosa, con tres o cuatro tipos preguntando al mismo tiempo e intentando dilucidar quién puede gritar más fuerte. Otra veces la cosa es más or- E En Berlín entrevisté a Oliver Stone junto a veinte periodistas más. Fue horroroso, con tres o cuatro tipos preguntando al mismo tiempo e intentando dilucidar quién puede gritar más denada y con el tiempo suficiente, e incluso puedes hacer las preguntas que llevas preparadas sin tener que estrangular al tío a que tienes al lado. Los uno a uno por otro lado, son mucho más jugosos. Normalmente sólo se consiguen por generación espontánea (estás en el sitio apropiado, a la hora apropiada y con la gente apropiada) Normalmente es una experiencia agradable, excepto cuando el personaje en cuestión te lo pone difícil. El primer uno a uno de mi vida (a nivel internacional) fue hace unos años con el señor Charlie Kaufman, un guionista al que considero un genio con to- Charlie Kauman (en el centro) con Kate Winslet y Michael Gondry ABC das las letras. Alguien de Columbia me llamó y me ofreció la posibilidad de entrevistarle. Presentaba junto a Spike Jonze y Nicolas Cage la película Adaptation y era una oportunidad única para pillar a un tipo tan escurridizo. Así que me dieron una suite y un zumo de naranja y me dijeron que esperara. Kaufman llegó diez minutos después. Era un tipo bajito y con barba que miraba al suelo. Yo había preparado unas treinta preguntas de todo tipo: que si el proceso creativo, que si el guión, que si la estructura de tal o cual... En fín, un montón de preguntas sesudas (o que pretendían serlo) Me dieron veinticinco minutos y cerraron la puerta. Empecé con mi cuestionario. Diez minutos después había hecho las treinta preguntas y había obtenido media docena de síes dos docenas de noes y alguna otra palabra suelta (más murmullo que palabra) Cincuenta preguntas más después había conseguido suficiente material para una página del periódico y motivación de sobras para beberme todo el bar del hotel. Definitivamente, y especialmente si se trata de entrevistar a guionistas locos que juegan con tapones de botellas de agua que nunca llegan a beberse: ¡Vivan los junkets!