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ABC VIERNES 19 s 1 s 2007 INTERNACIONAL 31 Lucha entre Olmert y su ministro de Defensa por el nuevo jefe militar Los dos políticos israelíes han propuesto sus candidatos tras la renuncia de Halutz LAURA L. CARO CORRESPONSAL JERUSALÉN. Cuando los rescoldos de la guerra con Hizbolá parecen estar más vivos que nunca, otra guerra se ha desatado en Israel: la de la sucesión. La del dimitido jefe de las Fuerzas Armadas, Dan Halutz, pero que no se libra en los cuarteles, sino en los despachos del primer ministro, Ehud Olmert, y de su responsable de Defensa, el líder del principal partido socio del Ejecutivo, el Laborista, y a la vez aborrecido rival Amir Peretz. La carrera de cada uno de ellos por situar en lo más alto de la cúpula militar a sus respectivos candidatos salía ayer a la luz en medio del bochorno, que no del desconcierto, de los ciudadanos israelíes. En el primer sondeo realizado tras la renuncia del general Halutz, difundido ayer por la radio pública, los israelíes se pronunciaban a favor de la marcha inmediata del máximo responsable del Gobierno (un 50,2 por 100) y más aún de Peretz, cuya salida de escena era el deseo de un rotundo 70,9 por ciento de los encuestados. Y ambos han dejado ya claro que no lo harán. Los deliberados comentarios de los asesores de Olmert, avanzando que el premier intervendrá personalmente en el nombramiento del nuevo jefe de los Ejércitos, y la filtración de que por la tarde ya se había reunido con cuatro posibles aspirantes, desataban la noche del miércoles las tensiones con el ministro de Defensa. Según la ley israelí, es la única figura a quien corresponde proponer nombres para su aprobación por el Gabinete. aparecer como culpable en el temible veredicto de la Comisión Winograd, que en febrero dictará sentencia sobre el desastre bélico en el Líbano. La desagradable sensación de que primer ministro y ministro van a aprovechar para medir sus fuerzas en el round político, a cuenta de una de las más graves crisis que se recuerda en el seno de los Ejércitos, ha indignado a la población. AP Optimismo sobre Oriente Próximo BERLIN. La canciller alemana, Angela Merkel, y la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, confirmaron ayer en Berlín su voluntad de hacer revivir el cuarteto sobre el conflicto israelo- palestino, que podría tener un efecto importante sobre la región En la imagen, ambas dirigentes antes de la reunión Dos patos cojos ¿Son esos, esos dos patos cojos- -uno bajo investigación policial (Olmert) el otro a punto de ser echado a patadas de su propio partido (Peretz) -dignos para designar a la persona que dirigirá los Ejércitos en uno de los periodos más difíciles de nuestra historia? se preguntaba ayer el diario de mayor tirada de Israel, el Yedioth Ahronoth Que incidía, como han hecho otros analistas, en que se avecina el espectáculo de una batalla típica entre dos mandatarios en el ocaso de sus trayectorias, obsesionados por la ansiedad de neutralizar a sus rivales, pero ya sin apenas poder político real. Dos patos cojos La jornada se veía también sacudida por la vuelta a escena, tres días después, del diplomático judío y antiguo director general del Ministerio de Asuntos Exteriores hebreo, Alon Liel, participante en los contactos secretos extraoficiales habidos entre 2004 y 2006 entre Israel y Siria, y que en una conferencia en la Universidad de Netanya aseguraba ayer que el Gobierno sí fue informado de sus actividades y que rechazó la oferta de que Assad- -el presidente sirio- -quería hablar y estaba muy interesado en negociar la paz. La Casa Blanca renuncia a las escuchas extrajudiciales La nueva mayoría demócrata y la batalla sobre su constitucionalidad fuerzan a que legalice su programa antiterrorista P. RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. En una forzada e inesperada rectificación, la Administración Bush aceptó dar un giro copernicano a su extrajudicial y criticado programa de espionaje doméstico autorizado un mes después del 11- S para detectar supuestas conexiones de Al Qaida dentro de Estados Unidos. El fiscal general Alberto González confirmó a los líderes del Comité Judicial del Senado la voluntad gubernamental de someter estos pinchazos de comunicaciones telefónicas y electrónicas a la supervisión de un tribunal federal secreto creado en los años setenta precisamente para actuar en delicados casos de seguridad nacional. Hasta ahora, la Casa Blanca había defendido estas actividades, divulgadas a finales de 2005 por el New York Times como una herramienta perfectamente legal y efectiva en la lucha contra el terrorismo. Según llegó a declarar Bush, no pasar por el tamiz judicial, había permitido a las fuerzas de seguridad de EE. UU. actuar con apreciable rapidez y evitar ataques terroristas. Aún así, la Administración Bush se ha venido enfrentando a un cúmulo de retos políticos y judiciales sobre la constitucionalidad de este programa clandestino a cargo de la Agencia Nacional de Seguridad. En opinión del senador John Rockefeller, el demócrata que ahora preside el Comité de Inteligencia de la Cámara Alta, esta decisión confirma que la aproximación solitaria de la Administración Bush, efectivamente excluyendo al Congreso y los tribunales y operando al margen de la ley, era innecesaria Aunque la Administración Bush había intentado lograr el respaldo del Congreso para estas actividades, la victoria de los demócratas en las legislativas de noviembre habría forzado el final de estas actividades de espionaje doméstico sin la debida supervisión judicial. Imperio de la ley Con todo, la Casa Blanca ha presentado su cambio de actitud como fruto de un proceso de revisión realizado durante los dos últimos años, y no producto de presiones políticas o judiciales. Pero el pasado agosto, un juez federal en Detroit ya declaró que el programa de espionaje era claramente inconstitucional. Pronunciamiento que muchos analistas legales esperaban ver respaldado en última instancia por el Tribunal Supremo de Estados Unidos. A juicio de David Cole, profesor de la Universidad de Georgetown que ha actuado como abogado de algunos de los querellantes contra estas actividades gubernamentales, la rectificación de la Casa Blanca restaura el imperio de la ley en Estados Unidos y termina un programa indebidamente defendido como parte de las prerrogativas constitucionales del presidente como comandante en jefe en tiempos de guerra. Ashkenazi y Kaplinski Y Peretz ya tiene el suyo, el general en la reserva Gabi Ashkenazi, precisamente el hombre que compitió- -y perdió- -contra Halutz cuando tocó relevo al frente de las Fuerzas Armadas en 2005. Pero Olmert también ha hecho su apuesta, la del que ha sido mano derecha del mismo Halutz, del general Moshe Kaplinski, que arrastra en su contra el haber estado involucrado en la última guerra y sus fallos, y el extraordinario inconveniente de que puede El gobierno Bush presentó su cambio de actitud como fruto de un proceso de revisión y no de presiones