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14 ESPAÑA Tribuna Abierta VIERNES 19 s 1 s 2007 ABC Rosa Díez Diputada socialista en el Parlamento Europeo EL CASCABEL Y EL GATO D URANTE las pasadas semanas hemos sabido que un sindicato de Policía se había ofrecido al Partido Popular del País Vasco para rellenar sus candidaturas municipales. Aunque todo el mundo sabe que hay muchos pueblos en los que, habiendo centenares de votantes en autonómicas o generales, no podemos hacer una lista con trece nombres- -es habitual que los socialistas hayamos podido presentar listas gracias a la solidaridad y generosidad de los compañeros y compañeras de otros lugares de España- la noticia pone de manifiesto la enorme contradicción democrática en que vivimos. En España tenemos un problema de terrorismo; en el País Vasco tenemos un problema de falta de libertad. Una ausencia de libertad, u n miedo que provoca espectáculos como el que acabo de describir: los terroristas exigen que se deroguen las leyes para que ellos puedan concurrir a las elecciones y ocupar las instituciones democráticas, y los representantes de los partidos constitucionalistas viven el proceso como si fueran ilegales. La cosa se convierte en kafkiana cuando son nuestros escudos, los policías, los que se ofrecen para rellenar las candidaturas de los demócratas. Si Arteta rodara una película con este guión, los distribuidores lo calificarían como cine de ficción... Digamos la verdad: en Euskadi nunca se han celebrado elecciones en condiciones democráticas. Hay legalidad formal, pero no hay igualdad entre los ciudadanos a la hora de elegir o ser elegido danos que van en las listas de los partidos de la oposición deben llevar escoltas porque les pueden matar; si nos dijeran que el partido que gobierna se garantiza su propia seguridad prestando apoyo moral (y más que moral, en muchos municipios, Batasuna interviene en los plenos a pesar de que sus candidaturas fueron declaradas ilegales) al partido ligado a los terroristas que asesinan a los constitucionalistas; si nos dijeran que hay pueblos en los que, habiendo votos en generales o autonómicas, no se pueden presentar listas municipales porque nadie que viva allí se atreve, ¿qué diríamos? Pues diríamos que en esas condiciones el proceso electoral está viciado de raíz. Y que no puede ser validado. Cuando Este no es un debate nuevo, pero nunca hemos conseguido que se entre a fondo en él. L o intentamos antes de las últimas elecciones municipales, las de 2004. Recuerdo que Basta Ya tenía organizadas para los días 14 y 15 del mes de febrero de 2003 u nas jornadas de debate sobre Europa y los nacionalismos Cosas de mi país: uno de esos fanáticos nacionalistas asesinó unos días antes a Joseba Pagazaurtundúa, responsable de garantizar la seguridad de dicho evento. Durante dos días analizamos, junto con prestigiosas personalidades del mundo de la literatura y la filosofía, temas tan de actualidad como la autodeterminación, la pluralidad de la sociedad democrática, las peligrosas consecuencias de la implantación de proyectos políticos monolíticos, los nacionalismos... Mario Vargas Llosa, Jon Juaristi, Félix de Azúa, Arcadi Espada, Kepa Aulestia, Mira Milosevic, Juan Pablo Fusi o Bernard Henry- Levy nos ayudaron a encontrar paralelismos entre nuestro presente y nuestra historia, ese pasado europeo de totalitarismos y gue- rras nacionalistas que está a la vuelta de la esquina. Hubo una idea que se abrió con fuerza tras la intervención de Drinka Gojkovic. Tras hablar de la experiencia de la ex Yugoslavia, de las circunstancias que llevaron a su desmembración, del triunfo de Slobodan Milósevic, Drinka Gojkovic fue interpelada sobre la legalidad de los referendos de autodeterminación de las distintas repúblicas. Su respuesta fue que el problema no había sido que los referendos fueran o no legales, que no lo eran. El verdadero problema radicó en que, antes de los referendos, se celebraron unas elecciones en las que no había una alternativa política democrática que compitiera en igualdad de condiciones frente al discurso de Milósevic y de sus satélites. Por tanto, las elecciones que se celebraron antes de los referendos fueron causa- efecto de lo que ocurrió después. A esa experiencia tan cercana- -en el tiempo y en el espacio- -es a la que quiero referirme. A mi juicio, lo ocurrido en las últimas semanas- -la ruptura del alto el fuego y el conocimiento de lo que está pasando para elaborar las candidaturas- -nos exige impulsar este debate. No se trata de dotar de más protección a los candida- tos, ni de presentar el mayor número de listas, rellenándolas con policías o con compañeros que vengan de otras partes de España: se trata de enfrentarnos al problema real, que no es otro que la falta de condiciones democráticas. Si hacemos lo posible y lo imposible para que parezcan unas elecciones normales si nos limitamos a quejarnos o a pedir que Batasuna no pueda presentarse, estaremos debatiendo una vez más sobre la piel de la cebolla, sin atrevernos a meter el cuchillo en la carne por miedo a que se nos salten las lágrimas. la verdad: en Euskadi nunca se han celebrado elecciones en condiciones democráticas. Hay legalidad formal, pero no hay igualdad entre los ciudadanos a la hora de elegir o ser elegido. Por tanto, no se cumple con la exigencia constitucional de respetar el derecho activo y pasivo a participar en los procesos electorales, ni con los parámetros democráticos que se aplican en todos los procesos electorales del mundo. Si nos plantearan esta cuestión respecto de un tercer país imaginario, no me cabe duda de cuál sería nuestra respuesta. Si nos dijeran que los ciuda- Digamos son otros los que deben tomar las decisiones, responder es fácil. Aquí es más complicado porque asumir algunas conclusiones que parecen de puro sentido común nos obligaría a tomar decisiones para las que, sinceramente lo digo, no sé si la clase política y la opinión pública están en verdad preparadas. Lo mismo ha sucedido con otros temas focalizados en el País Vasco. Han tenido que ocurrir muchas tragedias y hemos tenido que sufrir graves conflictos de convivencia para que se tomaran medidas como las que hoy están en marcha; por ejemplo, la aprobación de la Ley de Partidos. Quizá la maduración de las conciencias requiera tanto tiempo. Pero me niego a que se acepte esta anomalía democrática como una especie de mal menor que los vascos sufrimos en silencio para no perturbar las conciencias del resto de los españoles. Aun a riesgo de que me puedan calificar de alarmista, no debiéramos desechar la idea de que quizás en Euskadi, como ocurrió en las repúblicas de la antigua Yugoslavia, alguien puede tener algún día la tentación de plantear un referéndum trufado sobre el resultado de unas elecciones también trufadas. ¿Qué haríamos entonces? ¿Decir que el referéndum es ilegal? ¿No merece la pena que reflexionemos sobre lo previo, sobre estas municipales trufadas que el nacionalismo puede utilizar como palanca para un proyecto soberanista del que nunca han abdicado? ¿Seguiremos aceptando que los nacionalistas se presenten a las elecciones con un plus derivado de nuestra falta de libertad? Ayer hablaba de esto con un amigo. Tienes razón- -me dijo- pero una vez que hemos acordado el diagnóstico, ¿quién se atreve a poner el cascabel al gato? Reconozco que se me ocurre la respuesta, pero es tan obvia que no me atrevo a decirla.