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ABC VIERNES 19 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL CORDÓN SANITARIO N la democracia deliberativa de la que gusta presumir el presidente Zapatero se supone que lo esencial consiste en permitir y auspiciar las libres deliberaciones en el ámbito representativo de la soberanía popular. No parece, por tanto, que elsecuestro delderecho delaoposicióna presentar propuestas de política antiterrorista se corresponda con el talante aperturistadeun Gobierno dispuesto a hablar con los asesinos y cerrado a escuchar a un partido democrático que representa al 40 porcientodelos ciudadanos. Contando con mayoría para rechazar las IGNACIO propuestas, vetar su simCAMACHO ple discusión constituye un insólito escándalo de arrogancia sectaria. Un atropello innecesario, un desafuero estéril, una arbitrariedad desmesurada que acabará volviéndose contra quienes la han auspiciado. Sucede, además, que en el comunicado que reivindicaba el atentado de Barajas, ETA instaba al Gobierno y a sus aliados parlamentarios a tener la osadía de marginar al PP y a la derecha fascista Igual se trata de una casualidad- -una macabra coincidencia diceZaplana- pero en políticaconviene desconfiar de las casualidades. Porque también podría tratarse de otra casualidad, pero no hace ni una semana que Federico Luppi, excelente actor e intolerante ciudadano, pedía establecer en torno a la derecha española un cordón sanitario para aislarla del resto de la sociedad española. ¿Hablaba Luppi con voz propia o, como buen actor quees, interpretaba un guión ajeno? Si la ocurrencia era suya, quizá el PSOE debería presentarlo a diputado. Se conocen pocos casos de sugerencias espontáneas que hayan sido tan inmediatamente atendidas por la dirigencia política. Este brutal amordazamiento de la oposición es una deriva típica de los regímenes vocacionalmente totalitarios, basados en la liquidación de la disidencia y la crítica. Sólo Castro, Chávez, Obiang y algún otro déspota terminal son capaces hoy en día de decretar la cuarentena contra un adversario político al que se otorga la consideración de apestado. Esuna degradación de tal calibre que sorprende la relativa indiferencia de la acolchada opinión pública nacional. Sobre todo si se compara con la dignificación concedida a los batasunos y el empeño por el restablecimiento de una interlocución con los terroristas. El Gobierno de Zapatero y sus socios- ¿de verdad comparten CiU y Coalición Canaria este aislamiento profiláctico del PP? -han rebasado de largo cualquier límite de sinrazón y abuso de poder, tanto más graves cuanto más contrastan con el discurso regenerativo de que hace gala el presidente. Visto desde hoy, el Pacto del Tinell no era un error ni un exceso. Era un plan. Cuando Jaime Mayor proclamaba que la agenda de Zapatero pasaba por rehabilitar a ETA y boicotear al PP parecía una exagerada enormidad retórica. Pero por lamentable que resulte, los hechos le están dando la razón. Alguien tiene que recapacitar sobre este desvarío antes de que se haga realidad la paradoja brechtiana de tener que luchar para reivindicar lo obvio. E LA PROPIEDAD OKUPADA N un país en el que al delincuente Otegui se le considera un hombre de paz en el que va a la cárcel el que defiende su casa antes de aquél que atropella mortalmente a un peatón y se da a la fuga, en el que se multa a un comerciante por no rotular en catalán y ni siquiera se llama la atención al que lo hace exclusivamente en urdú, no puede extrañar que tenga más derechos un okupa que el legítimo propietario de una vivienda. Una teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Inma Mayol, señora de Saura, acaba de declarar que es partidaria de despenalizar la usurpación de viviendas vacías. Espíritu, por cierto, bastante común a los regidores de una ciudad en la que la ocupación de propiedades privadas está al orden del día. Si a usted le entra mañana un grupo de personas a una vivienda a la que no le esté dando uso diario, sabe que no va a tener más remedio que pugnar judicialmente durante meses antes de que consiga echar a los ocupantes ilegales escaleras abajo. Se da frecuentemente el caso de aquél que ve cómo un colectivo famiCARLOS liar o de otro orden echa abajo la puerta HERRERA de una vivienda de su propiedad y tiene, ante su perplejidad, que comenzar un largo periplo de pruebas y sentencias antes de que los gorrones abandonen el inmueble en cuestión, no sin antes haber pasado como el caballo de Atila. Por si esa dificultad fuera poca, ediles como la tal Mayol ayudan con su comprensión a que cualquiera instale sus reales allá donde considere oportuno bajo el peregrino y oportunista argumento del derecho a la vivienda Un país en el que algunos de sus gobernantes cuestionan el sagrado derecho a la propiedad inviolable es un país que no vale un duro: en España, increíblemente, se está abriendo el debate político de la obligación de hacer circular en el mercado de alquiler las viviendas vacías y antes de que ninguna lumbrera política haya definido lo que es una vivienda vacía, determinadas for- E maciones políticas enemigas del sentido común se han lanzado a la arena de la demagogia más barata poniendo en circulación la propuesta de la intervención por el bien común Si usted tiene una segunda vivienda a la espera de la mayoría de edad de un hijo, por ejemplo, sepa que antes o después tendrá que pagar un impuesto especial por no ocupar cada una de sus habitaciones. O la alquila, o paga por no hacerlo. Las sujetas de la catadura de la tal Mayol son, en buena medida, responsables de que proliferen en ciudades como Barcelona movimientos tan ejemplares como los de cultura alternativa que consisten, fundamentalmente, en no ser alternativa de nada y vivir mayormente del cuento y de la propiedad ajena. Si mañana se instala por la cara un grupo de personas en un piso de su propiedad, no pierda el tiempo en avisar a ningún juez, a ningún polícía o a ningún concejal de la calaña de esta Mayol: sencillamente, espere a que salgan a por el pan, contrate a un cerrajero, cambie la cerradura y tapie la entrada si es necesario. No pierda el tiempo en contemplaciones legales porque va a ser a usted al que vuelvan loco pidiéndole que demuestre que eso es suyo y que está ocupado ilegalmente: el tiempo de lo contencioso en España es el que es y pueden pasar muchos meses antes de que un juez se digne a mandar un par de guardias a echar a los asaltantes. La llegada a España de los llamados Hijos de Don Quijote no va a hacer sino que algunos políticos de teorías tan vacuas como deconstruidas se crezcan ante la posibilidad de pasar a la historia como los defensores de la nueva socialización del bien común, aquél que fue arrebatado a la población con métodos arteros para conformar, con los años, lo que hoy conocemos como propiedad privada. En el fondo, se trata de propulsar la idea de que la propiedad tiene un límite, lo cual implica, a la larga, cuestionar la misma legitimidad de la propiedad. No es otra cosa. Se empieza por eso y nunca se sabe por dónde se acaba. Pero en España, ya sabe, todo es posible. www. carlosherrera. com