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Jueves 18 de Enero de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.273. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Se llama Noé y superó el diluvio Una familia de Luisiana logra un hijo a partir de un embrión congelado que estuvo a punto de perecer durante la catástrofe de Katrina. Con una mezcla de ironía y sensibilidad bíblica, el niño se llamará Noé POR PEDRO RODRÍGUEZ Irene Lozano HABLAR DEL TIEMPO T L a historia de Noah (Noé en español) Benton Markham demuestra lo redundante que puede llegar a ser la expresión el milagro de la vida El pequeño, nacido esta semana por cesárea, era en el verano del 2005 uno de los 1.400 embriones almacenados por un hospital de Nueva Orleáns. Todo normal dentro de los avances de la medicina reproductiva, hasta que un gigante de agua y viento llamado Katrina convirtió la ciudad en una dantesca estampa tercermundista. En previsión de la embestida huracanada, el centro hospitalario Lakeland subió sus contenedores llenos de esperanza hasta el tercer piso, asegurándose de que los niveles del protector nitrógeno líquido estaban en el máximo. Más tarde vino la debacle de Katrina, y el hospital quedó sin electricidad y sumergido en casi dos metros y medio de aguas pestilentes. Dos semanas después, con altas temperaturas, policías estatales lograron con ayuda de lanchas rescatar el abandonado contingente de embriones. Uno de los cuales se ha convertido esta semana en el hijo de Glen Markham, agente de la policía municipal de Nueva Orleáns, y su esposa Rebekah. El pequeño Noé, junto a sus padres y su hermano lia. Aunque, cuando los dos niños vayan al colegio, no descartan perseverar. La futurista técnica de preservar embriones con ayuda de nitrógeno líquido viene resultando extremadamente efectiva con casos registrados de bebés nacidos sin complicaciones a partir de embriones congelados durante más de una década. Para garantizar su viabilidad, la clave está en mantener una gélida temperatura que en ningún caso debe sobrepasar los 35 grados centígrados bajo cero. Para ello, hay que estar siempre pendiente de que los especiales contenedores de almacenamiento tengan ade- AP Reincidentes con suerte La pareja, tras años de intentos fallidos, se embarcó en 2003 en un procedimiento de fertilización in vitro que produjo media docena de embriones. Uno de ellos fue implantado inmediatamente con éxito y es ahora un travieso niño de dos años llamado Glen Witter Markham. El resto quedaron congelados a la espera de ser utilizados. Con un par de niños muy pequeños en casa, el matrimonio Markham ha descartado por el momento seguir ampliando su fami- cuados niveles de nitrógeno líquido, que debe ser refrescado periódicamente. Las imágenes de Noé- -con su gorrito a rayas, sus 49 centímetros de altura y poco más de tres kilos de peso- -se han convertido en inevitables para las televisiones y periódicos de EE. UU. como para satisfacer una necesidad no reconocida pero real de encontrar algo bueno entre los vergonzosos recuerdos de una tragedia como Katrina. Según ha sentenciado uno de los entusiasmados miembros de la familia Markham: Todos los bebés son milagros, pero nosotros tenemos un milagro especial RES desconocidos entran en el ascensor de un edificio de una ciudad cualquiera. El espacio es escaso; la cercanía de los cuerpos, incómoda; las miradas, medidas: ni tan breves que parezcan furtivas ni tan largas que resulten invasoras. ¿A qué piso van? es la pregunta con la que un humano revela haber reparado en la presencia de otros humanos. Tal vez son vecinos y se han saludado en alguna ocasión; quizá trabajan en la misma empresa, aunque no están seguros de haberse visto antes. La cortesía obliga a intercambiar unas palabras; el silencio haría interminable un trayecto que carecedetoda importancia. El temadeconversación ha de ser asequible e irrelevante; impersonal, pero suficientemente cercano para que todos tengan opinión; sin continuidad, para no dejar cabos sueltos, pero perpetuo, para volver a abordarlo otro día; no emociona a nadie pero es un clásico: el tiempo. Pongamos que la conversación comienza con una enunciación genérica: hace bueno, ¿eh? Y las respuestas esperables: la verdad es que sí. Yohesalido con bufanda, pero me sobra. Pues han dicho que para el fin de semana viene un anticiclón. ¿Otro? Todos han reparado ya antes en la anomalía y lo subrayan porque no implicaunatomadeposturapolítica: a este paso, no sé cuándo va a hacer frío. Desde luego, quién diría que estamos en pleno invierno... Las afirmaciones cobran tintes empíricos: pues los almendros del parque de mi barrio ya han florecido. Anda, y en la sierra sigue sin nevar. Y mi perra no ha mudado el pelo. Qué cosas. Pues yo prefiero quenohagafrío. Hombre, no; en invierno lo suyo es que haga frío. Claro, claro, esto no es normal... El ascensor llega a la planta pulsada. Los tres se despiden, pongamos que con la sensación de que hablar del tiempo ha dejado de ser un acto banal.