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ABC JUEVES 18- -1- -2007 MADRID 57 No me parece bien que los animales entren aquí así, algunos hasta vestidos de payasos Tal vez hoy sea el día en que más humanos somos de todo el año. Estos animalitos se lo merecen todo El alcalde de Boadilla culpa a Fomento de contaminar un arroyo Declara como imputado a raíz de una denuncia del Partido Socialista EFE BOADILLA. El alcalde de Boadilla del Monte, Arturo González (PP) declaró ayer ante el juez que la contaminación del arroyo de los Pastores, que denunció el PSOE, procedía de la rotura de una canalización ocasionada por las obras de la M- 50, realizadas por el Ministerio de Fomento. El regidor declaró como imputado ante el titular del juzgado de instrucción número 1 de Móstoles, donde fue citado a raíz de la denuncia del portavoz socialista, Enrique Hernández. Éste le había acusado de un presunto delito contra el medio ambiente y dejación de funciones por la contaminación detectada en varios arroyos. Sin embargo, fuentes municipales aclararon que la acusación sólo se refería al arroyo de los Pastores porque no se ha detectado contaminación en ningún otro. Desde el Ayuntamiento afirman que el Ministerio de Fomento y la empresa concesionaria de las obras de la autovía hicieron caso omiso de los requerimientos municipales para que subsanasen el problema. No sólo no hizo nada al respecto, sino que incluso cuando el Canal de Isabel II inició las obras de reparación se les puso todo tipo de trabas aseguraron fuentes del Ayuntamiento. Según el alcalde, la denuncia carece de fundamento como lo prueba el hecho de que el fiscal de Medio Ambiente no se ha personado en la comparecencia. González declaró que el PSOE no había denunciado en el Ayuntamiento la contaminación y amenazó con acusar al portavoz socialista por denuncia falsa de delito AP ción manda afirmaba Jesús, vecino del distrito de Retiro. Bajo la leyenda Omnem super quem videritis tau ne occidatis Juan Martínez seguía bendiciendo. Esta perrita era de mi hermana, que murió el año pasado en un accidente de tráfico. Tenía 19 años y desde entonces está muy tristona. La he traído porque, como creyente que soy, confío en que Dios la ponga alegre confesaba una joven de abrigo negro. A sus pies, sentada en la acera, Tina, una boxer de grandes ojos marrones que, como único adorno, además de una mancha blanca en la cabeza, llevaba una cadena de plata al cuello, junto al collar. Era de ella sonreía la joven.