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16 ESPAÑA Tribuna Abierta JUEVES 18 s 1 s 2007 ABC Ana Velasco Vidal- Abarca ¿QUÉ PAZ QUEREMOS? D La paz que reclama Zapatero es una falacia, una quimera, una entelequia. La de los nacionalistas es la de la victoria de ETA. Sólo nos resta la paz de la dignidad, la de la prevalencia del Estado de Derecho, la de la justicia, la que garantice la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos españoles, vivan donde vivan A la impresión de que el leit motiv del actual Gobierno de España se resume en una única palabra: paz. Estas tres letras encierran un significado profundo, una estrategia concreta de tender la mano a ETA que el Gobierno se empecina en llevar a cabo contra viento y marea. Pero, ¿quién no quiere la paz? ¿Hay algún ciudadano o partido político que no quiera la paz? Incluso la banda asesina ETA y quienes la apoyan dicen que quieren la paz. La discrepancia profunda no está en el objetivo de lograr la paz, sino en lo que se entiende por paz, qué camino se debe recorrer para lograrla y qué connotaciones políticas y sociales debe tener esa paz. Los grupos políticos, según su tendencia, tienen diferentes percepciones de la paz. Así, Zapatero y su Gobierno tratan de transmitir una visión etérea y bondadosa en la que los seres humanos se cogen de la mano, se miran a los ojos y se quieren en un mundo perfecto. El modelo a seguir es Ghandi. El presidente llegó a viajar a la India para hacer una ofrenda floral en su mausoleo con la siguiente dedicatoria colegial: PAZ. Vivir en PAZ, la más grande utopía universal. Con emoción y admiración a Ghandi. De España, un país en paz, un país para la paz Cuando los nacionalistas vascos dicen que hay que dialogar, lo que realmente quieren es que el Estado haga concesiones, que dé a ETA lo que pida, que es lo mismo que piden ellos. Por eso se resisten encarnizadamente a que se rompa la negociación dadera sin libertad, que no admite que ETA sea legitimada e incorporada a las instituciones democráticas, que no acepta la impunidad de los criminales. Una postura que tampoco está dispuesta a que la paz signifique la quiebra de la integridad territorial y social de España, ni a que suponga que los terroristas finalmente consigan los objetivos por los que han matado. La paz que reclama Zapatero es una falacia, una quimera, una entelequia. La de los nacionalistas es la de la victoria de ETA. Sólo nos resta la paz de la dignidad, la de la prevalencia del Estado de Derecho, la de la justicia, la que garantice la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos españoles, vivan donde vivan. paz con libertad, ni con justicia, ni con solidaridad, ni con equidad. Para él, la consecución de la paz justifica tratar de comprender y acercar posiciones con aquéllos que la impiden. Zapatero cree que para alcanzar la paz es necesario apaciguar a los terroristas, hacerles concesiones que hagan posible que se incorporen con normalidad a la vida política, pasar página a su sangrienta trayectoria, dejar impunes sus crímenes y construir un escenario ideal en el que los etarras se reconviertan en ciudadanos de paz que convivan armónicamente con aquéllos a los que han estado exterminando y tratando de expulsar, durante cuarenta años, de una parte de España que consideran suya. Esto es lo que ocurre en Azcoitia, donde Pilar Elías soporta a diario la presencia del asesino de su marido, que ha puesto un negocio debajo de su casa. Para los nacionalistas vascos, pieza clave que explica la supervivencia de ETA, la paz equivale a autodeterminación. En su diccionario particular, la definición de paz es derecho de los vascos a decidir su futu- Zapateronoasocia ro, territorialidad e independencia. Alcanzar esos objetivos políticos significa alcanzar la paz. Mientras tanto, no hay paz. En esta percepción coinciden al cien por cien con ETA. La comunión de intereses entre los separatistas es la que explica la constante apelación al diálogo del partido gobernante en el País Vasco. Cuando los nacionalistas vascos dicen que hay que dialogar, lo que realmente quieren es que el Estado haga concesiones, que dé a ETA lo que pida, que es lo mismo que piden ellos. Por eso se resisten encarnizadamente a que se rompa la negociación; sería perder la posibilidad de que sus expectativas se cumplan. Zapatero y su Gobierno tratan de transmitir una visión etérea y bondadosa en la que los seres humanos se cogen de la mano, se miran a los ojos y se quieren en un mundo perfecto. El modelo a seguir es Ghandi Por último, existe una posición que antes compartían los llamados demócratas que defienden la paz como una condición que han de garantizar nuestra Constitución y el Estado de Derecho. Una postura que no cree que la paz sea ver- La manifestación del pasado sábado debería haber sido unitaria, pero que no lo fuera es la consecuencia de la concepción antagónica que las fuerzas políticas mantienen acerca de lo que es y significa la paz sábado 13 de enero debería haber sido unitaria, por supuesto, al igual que las cinco anteriores, pero que no lo fuera es la consecuencia de la concepción absolutamente antagónica que las fuerzas políticas mantienen acerca de lo que es y significa la paz y de cómo alcanzarla. Ese día pudimos ver un mar de carteles subvencionados reclamando la paz, sólo la paz. ¿Por qué entre las decenas de miles de pancartas que se imprimieron a toda prisa no había ninguna en que se pidiera libertad? Como dijo Locke Si las personas prudentes y virtuosas, por amor a la paz, abandonasen y concediesen tranquilamente todas las cosas a quienes quisiesen hacerles violencia ¡qué clase de paz reinaría en el mundo! ¡Qué clase de paz, la que no pudiese ser mantenida más que a costa de la ventaja de los ladrones y de los que se complacen en la opresión! Esta paz sería semejante a la que se pretendiese establecer entre lobos y corderos, cuando los corderos se dejasen desgarrar y devorar pacíficamente por los lobos ¿Es esa la paz que queremos? Lamanifestacióndelpasado