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Miércoles 17 de Enero de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.272. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Adiós a un héroe casi olvidado A los 108 años y en una residencia ha muerto René Riffaud (1898- 2007) uno de los cuatro últimos veteranos vivos de la Primera Guerra Mundial. Hasta los 97 años no recibió reconocimiento alguno POR JUAN PEDRO QUIÑONERO DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany CONTRA LA MUERTE E ha muerto Víctor, mi suegro, el padre del Vitorio. Estaba en Málaga, visitando a su hija, y se le rompió la cadera. Era fuerte y sufrido, como buen castellano, pero no tanto como para sacar del mar, que aquí es dulce y azul como dos cielos, toda la sangre que perdió en la operación. No tanto como para convertir la brisa, que aquí, en las cumbres del día, es mansa y cálida como un potrillo, en oxígeno puro. Tenía los pulmones de acero, para respirar contracorriente, y la boca cerrada, para no quejarse, y un corazón de trigo con el que dejaba jugar a sus nietos. Se ha muerto y le he llorado. Ésa es mi actualidad, y mi proceso. La muerte llega a veces sin que te des ni cuenta. Cuando tiene, el futuro, la hondura de una trampa, o cuando le pones alfombras a las serpientes, o cuando juegas con fuego y te quemas, o cuando pisas un avispero, o cuando el año empieza con trece campanadas. A Víctor le falló el ángel que lo llevaba por los caminos de la vida. Estaría en el limbo o repicando. O pintando de espuma una pancarta. Por la paz, o quizá contra la muerte de un hombre sobrio, trascendente y bueno. No hay que estar, hay que ser contra la muerte. Porque la muerte es agria. Qué viaje de cabello desbocado que vuela. Cómo se transparenta, la tapa de los nichos, y qué violento e innegociable se vuelve el aire que te separa de la ardiente ceniza. Donde estaba un jardín hospitalario, ronco, tierno, profundo y habitable, sólo queda el aroma de una explosión de nardos. Como si el universo se tragara una estrella sin dejar otro rastro que una lluvia de polvo. A Víctor, un mal paso lo sentó en un lucero. Era hombre de leyes, y él ya lo suponía. Lo último que dijo: si me rindo, me muero. S L a suya es una historia de heroísmo, entrega, silencio, ignorancia y desdén de Estado. Francia califica cariñosamente de poilus (peludos) a los veteranos todavía vivos de la Primera Guerra Mundial (1914- 1918) Eran cuatro, hasta el lunes. Quedan tres. La muerte de Riffaud, en una residencia de Tosny (Eure) ha sido saludada con grave solemnidad por Michelle Alliot- Marie, ministra de Defensa: El suyo fue un ejemplo modélico, que debiera recordarnos que la libertad e independencia de un país son valores que jamás están asegurados definitivamente En verdad, Francia, su Estado, tardó 107 años en reconocer el heroísmo de René Riffaud, para convertirlo, solo entonces, en motivo de orgullo patrio, el 11 de noviembre pasado, cuando Jacques Chirac se apresuró a saludarlo en la ceremonia anual que conmemora el Armisticio de 1918, ante el Arco del Triunfo. El Estado sólo concedió la Legión de Honor a Riffaud cuando cumplió los 97 años, tras un largo tiempo de silencio, ignorancia, olvido. La familia de Riffaud era originaria del Jura, pero él nació en Túnez, donde su padre trabajaba como ingeniero de canales y puertos. El niño Riffaud creció a caballo entre la metrópoli y la antigua colonia. La suya fue la experiencia de los franceses educados en el norte de África, convencidos de pertenecer a una misma patria con diversas lenguas y culturas. Algunos de sus camaradas infantiles, tunecinos musulmanes, también se vieron embarcados en la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Pero Francia tardaría muchas décadas antes de reconocer esa deuda. René Riffaud en los Campos Elíseos el pasado 11 de noviembre de 2006 durante los actos por el 88 aniversario del final de la Primera Guerra Mundial René se encontraba en Manouba, Túnez, cuando fue movilizado, a los 18 años: Hice como todo el mundo. Me fui al frente, con mis amigos. Allí descubrí masacres espantosas Aquella guerra destruyó su vida. Fue gaseado, como tantos otros, con gases tóxicos, químicos. Salvó la vida. Pero con su salud y personalidad muy afectadas. Nunca más volvería a un campo de batalla. La fortuna familiar había desaparecido. Él no tenía profesión. Hizo estudios de electricidad y consiguió instalarse co- AP mo pequeño patrón de una empresa de reparación de automóviles. Fundó una familia. Tuvo hijos, nietos, biznietos. Fue feliz. Sin ayuda ni reconocimiento del Estado, que lo ignoró olímpicamente durante setenta u ochenta años. Hasta que una de sus nietas puso el grito en el cielo y denunció el ominoso silencio de un héroe callado y modesto. Su gloria frágil y tardía llegó pasados los 90 años. A los 108 ha sido considerado como un héroe. Descanse en paz. Amén.