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84 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 17 s 1 s 2007 ABC Magüi Mira aporta su mirada femenina a Un cuento de invierno J. B. MADRID. Un shakespeare apenas representado en España, Un cuento de invierno llega mañana al teatro Albéniz en una producción que reúne sobre el papel varios atractivos. La versión es de José Sanchis Sinisterra, la dirección de Magüi Mira y al frente del reparto figuran el británico Will Keen (todo un experto en Shakespeare) y la actriz Lucía Jiménez. Obra de madurez del dramaturgo inglés- -se estrenó en 1611, doce años antes de su muerte- Un cuento de invierno habla, entre otras cosas, del maltrato a la mujer, según Magüi Mira. Shakespeare lo pone en mayúsculas en su texto, pero yo no he visto ese punto de vista en montajes anteriores Magüi Mira reclama para las mujeres el espacio necesario dentro de la dirección teatral. Tenemos una perspectiva diferente; ni mejor ni peor, sino distinta Poder trabajar con una directora ha sido, también, una de las razones que ha llevado a Lucía Jiménez a embarcarse en el proyecto. Tenía muchas ganas de volver a hacer teatro; una vez que lo pruebas, te engancha muchísimo. Me atraía la idea de que me dirigiera una mujer, y además tenía muy fresco el texto, porque hice un seminario hace poco sobre Shakespeare y sobre esta obra Quien también la conoce bien es Will Keen, que nunca había actuado en español (un idioma que conoce, al estar casado con una española) En inglés todo viene del verso, todo tiene mucho que ver con la acentuación, las consonantes disciplinan mucho las vocales; los ingleses somos muy reprimidos, y eso se refleja en el propio idioma El reto de actuar en otro idioma es, lógicamente, grande. Tienes que superar una doble máscara, la del personaje y la del idioma, y es más difícil colocar la verdad delante Sí cree que hay diferencias en la forma de encarar la interpretación: Las estrategias emocionales de los mediterráneos o latinos son diferentes que las de los ingleses. Pero la pasión viene del texto. El verso, el pentámetro de Shakespeare, es el latido de la obra, la música de la función Al actor le fascina la obra última de Shakespeare, ese optimismo que mantiene; él cree que los hijos pueden remediar los errores de los padres. Y cree también en la importancia del perdón y en el arte como potencia para ennoblecernos José María Pou, durante la entrevista en el teatro Bellas Artes de Madrid En el teatro tenemos la obligación de sacudir al público José María Pou s Actor y director teatral La cabra, o ¿quién es Sylvia? de Edward Albee, ha marcado un antes y un después en la carrera del actor, que confiesa que éste es su proyecto más personal, y por cuyo trabajo fue galardonado hace tres meses con el premio Nacional de Teatro TEXTO: JULIO BRAVO FOTO: IGNACIO GIL MADRID. Si se pinchara a José María Pou con un alfiler, su sangre saldría teñida de palabras, mezcladas en escenas, actos, acotaciones, monólogos... tanta es la pasión que muestra hacia el teatro; la misma que destacó el jurado que, hace unos meses, le concedió el premio Nacional de Teatro; la misma que hace que su conversación sea acelerada, torrencial (pero con una exquisita vocalización, como cabía esperar de un actor de su talla, real y artística) El viernes, Pou regresará a Madrid- -al teatro Bellas Artes, que guarda para él un especial significado- -como coproductor, traductor, director y protagonista de La cabra, o ¿quién es Sylvia una comprometida obra del estadounidense Edward Albee. Comprometida, sobre todo, por su argumento; la relación zoofílica del protagonista, un reconocido arquitecto neoyorquino, con una cabra, en cuyos ojos encuentra algo que no había encontrado en ningún ser humano Soy un apasionado de Albee- -confiesa Pou- He ido siguiéndole y he viajado para ver sus estrenos. En España, aparte de ¿Quién teme a Virginia Woolf? y Tres mujeres altas apenas se han visto sus obras. Cuando, hace casi cuatro años, leí que Albee volvía a estrenar una obra, que volvía también a Broadway, cosa que no hacía desde hace veinticinco años; y que el título de la obra era tan raro: La cabra The goat pensé que debía de ser algo extraordinario. Así que cogí un avión y me fuí a Nueva York. No esperé siquiera a que se estrenara, y fuí a una de las previas. Compré mi entrada en taquilla y me senté en la fila cinco del patio de butacas. Normalmente, nosotros conocemos las funciones a través de los textos; pero asistir al espectáculo hizo que me llegara a través de la vía emocional, y no a través de la vía intelectual. Viví tal experiencia, salí de ese teatro tan conmocionado, que quería transmitir esas emociones y darlas a conocer al público español. Sólo una hora más tarde ya estaba convencido de que me iba a meter en el proyecto de cabeza y al día siguiente, a las ocho de la mañana, ya estaba haciendo gestiones para conseguir los derechos de la obra. Fue un auténtico flechazo la sentí. Es un producto, además, que yo he querido controlar al máximo. Es un producto muy personal y, para bien o para mal, reclamo la responsabildidad del éxito o del fracaso. Me he implicado a fondo en todo el proceso, desde la traducción a la confección del cartel. De alguna manera, y puede parecer pedante, es una declaración de principios; una manera de decir al público que éste es el teatro que me gusta. Estos textos tan duros, tan radicales, tan provocadores, tan inteligentes, por encima de todo, y llevados a escena con el nivel de calidad que yo creo que debe tener el teatro. ¿La calidad es el mejor imán para atraer al público al teatro? -Nosotros tenemos la obligación de que los espectadores experimenten emociones. Cuando el público tiene la generosidad de encerrarse en un teatro a lo largo de dos horas y poner ese tiempo en nuestras manos, no podemos dejar que se vaya de vacío. Hay que sacudirle, en el mejor sentido de la palabra; tomarle por los hombros y sacudirle. Y eso es lo que consigue esta función. Estoy convencido- -y me baso en la experiencia, porque ya han visto la obra más de cien mil espectado- -Es la primera obra que dirige. ¿También fue una decisión suya? -Sí. La tomé en ese mismo momento. Hacía tiempo que mucha gente me animaba a dirigir. Había recibido propuestas, incluso desde teatros públicos, pero yo quería encontrar una historia que me apeteciera... O cuando sintiera la necesidad de dirigir. Y viendo La cabra