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4 OPINIÓN MARTES 16 s 1 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro LA EXTRAÑA ALIANZA IRÁNVENEZUELA UÉ puede haber en común entre el presidente de un régimen extremista musulmán de Oriente con un líder indigenista revolucionario americano que dice que Jesucristo fue el primer socialista de la historia? Lo único que puede unir en estos momentos al venezolano Hugo Chávez, y sus seguidores en otros países de Iberoamérica, con el iraní Ahmadineyad y los suyos es la voluntad de atacar y debilitar la civilización occidental. Ya no lo pueden describir como una alianza antiimperialista como se estilaba en tiempos de la Guerra Fría, porque los únicos que tienen ambiciones imperialistas en sus respectivas zonas de influencia son precisamente Irán y Venezuela. Se trata de una asociación abiertamente antiliberal. No desean el desarrollo del libre comercio, ni les importa la extensión de los valores democráticos; les trae sin cuidado que en un país se apedree legalmente a seres humanos por sus orientaciones sexuales, o que en otro se persigan y se cierren los medios de comunicación críticos con el poder. Lo único en lo que ambos están fervientemente de acuerdo es en actuar conjuntamente para elevar el precio del petróleo, del que extraen la riqueza para seguir manteniéndose en el poder. La gira que Ahmadineyad ha realizado por los países americanos en los que se han instalado presidentes afines a Hugo Chávez se produce en momentos en los que la comunidad internacional trata de detener pacíficamente sus planes de convertir a Irán en una potencia nuclear y que ello desestabilice el equilibrio militar en una de las regiones más delicadas del planeta. Hasta ahora, las acciones subversivas de Teherán y Caracas en sus respectivas áreas de influencia se mantenían a un nivel en el que era difícil encontrar argumentos para pasar de la crítica a la alarma. Cuando se trata ya de una verdadera coalición de alcance planetario- ¿quién asegura que si Irán fabrica su bomba atómica no la transferirá también a Venezuela, por ejemplo? -las responsabilidades empiezan a ser también gigantescas. Para estos pequeños países, como Nicaragua o Ecuador o Bolivia, a los que Chávez ha metido en este sindicato siniestro, llegará un día en el que la historia les pedirá cuentas de por qué se han prestado a ser los engranajes de un complot en el que no tienen nada que decir, ni nada que ganar, pero mucho que perder. Gracias a Chávez, Irán ha encontrado un terreno propicio en el único continente donde los musulmanes son prácticamente inexistentes; el venezolano obtiene, por su parte, una proyección internacional muy relevante. Pero ninguno de los dos está pensando con los mismos parámetros, excepto para identificar a sus enemigos comunes. El mundo debería empezar a mirar muy seriamente estas veleidades de uno y otro como lo que verdaderamente son, una auténtica coalición de malas intenciones, basada en planes de coacción energética, nuclear o de ambas cosas a la vez. ¿Q DOS DIAGNÓSTICOS Y UN FRACASO YER se enfrentaron en el Congreso dos lenguajes en los que subyacen dos conceptos distintos de abordar el fin del terrorismo etarra. El del presidente Rodríguez Zapatero persiste en entender el tratamiento político de este fenómeno criminal como la mejor de las soluciones, en tanto que Mariano Rajoy defiende la derrota policial y judicial de la banda. La apuesta del presidente del Gobierno, sin embargo, se ha mostrado fracasada casi con estrépito- -más claramente que en 1989 y 1998, porque ni Felipe González ni José María Aznar buscaron la tregua como lo ha hecho Zapatero- -y la tesis firme y convencida del presidente del Partido Popular viene avalada por una legislatura- -la anterior- -en la que, al amparo del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, ETA quedó demediada y su brazo político, ilegalizado. A partir de tan distintos principios, es lógico que se produjesen lenguajes también incompatibles y, como consecuencia, un disenso irremediable que es atribuible, mírese por donde se mire, al presidente del Ejecutivo y a su Gobierno, que, sin consulta ni acuerdo con el PP, se lanzó desde hace ya meses- -en realidad, años- -a una aventurerismo político irresponsable que culminó en el ridículo del 29- D y en la tragedia del 30- D. El comunicado posterior de la banda terrorista ETA y los amagos de desvelar supuestos acuerdos previos alcanzados por la banda con el Gobierno añadieron al crimen el escarnio. El resultado último- -con unas manifestaciones preparadas para diluir la crisis de credibilidad del proceso de paz -es del todo desastroso para Rodríguez Zapatero, que no salvará los muebles por más que trate de estrechar relaciones con el PNV de Imaz -no es el de Ibarretxe y Egibar, que no se confunda el presidente- cuyos planteamientos y objetivos para el País Vasco rebasan los autonómicos y cuyo diagnóstico sobre el fin de A ETA está aún más lejano del PP que el del PSOE. Revitalizar el Pacto Antiterrorista sobre discrepancias tan de fondo, y suponiendo que es posible poner de acuerdo criterios tan enfrentados, no deja de ser una vacuidad, un recurso semántico para salir del paso y, en realidad, darlo por concluido. El sólido discurso de Rajoy fue una dura pero necesaria réplica a la sistemática ambigüedad de Rodríguez Zapatero, a ese modo retórico y vacío de reiterar conceptos de perfiles sinuosos que pueden decir una cosa y su contraria. O se derrota a ETA o se insiste en una solución dialogada. Ésta conlleva, quiera o no el presidente del Gobierno, cesiones de orden político, que son las que la banda terrorista ha reclamado con insistencia antes y después del frustrado alto el fuego permanente Dialogar, en el entendimiento de los terroristas, es ceder, y la alternativa a no hacerlo en un proceso como el iniciado en marzo pasado es el atentado del 30 de diciembre en Barajas. En estas condiciones, la postura del PP y de Mariano Rajoy no sólo viene avalada por la eficacia, sino por la dignidad que requiere el desarrollo del régimen democrático, la defensa del Estado y de los derechos y libertades de los ciudadanos. Por lo demás, la unidad que reclama el presidente del Gobierno- -y la abstención crítica que propugna para la oposición en esta materia- -más parece la imposición de una adhesión que el resultado de una estrategia compartida. No la hay y está lejos de haberla. Ayer quedó claro, como claro ha quedado el fracaso del proceso de paz y la imposibilidad de rehabilitarlo. La esperanza sigue estando hoy donde estuvo en 2002: en el pacto de las fuerzas políticas democráticas para derrotar a ETA, y para hacerlo con la Policía y los jueces, bajo el imperio de la ley. Como ayer propugnó Rajoy en el Parlamento nacional. EL REY, PREMIO MANUEL BROSETA S U Majestad el Rey recibió ayer en el Palacio de la Zarzuela el decimoquinto premio de convivencia Profesor Manuel Broseta, que recuerda al ilustre jurista y político valenciano, vilmente asesinado por ETA cuando se dirigía a impartir su clase en la Universidad. El premio es otorgado por una fundación promovida por instituciones públicas y empresas de la Comunidad Valenciana con el fin de difundir y reconocer los valores democráticos y, en particular, la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político como valores superiores de la Constitución. La decisión del jurado que otorga el premio no ha podido ser más acertada. Don Juan Carlos ha sido el elemento determinante en el establecimiento y consolidación de las libertades públicas y expresa mejor que nadie ese proyecto sugestivo que configura la España constitucional. Sin la determinación y la firmeza en las convicciones que ha demostrado siempre el Monarca, no hubiera sido posible la transición, ni habríamos alcanzado una madurez democrática desconocida hasta ahora en nuestra agitada historia. El Rey cumple ejemplarmente sus funciones como Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia y árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones, que proclama el artículo 56 de la Norma Fundamental. De ahí que el reconocimiento de la sociedad civil y de las institu- ciones públicas hacia Don Juan Carlos merezca ser resaltado en tiempos de absurdo revisionismo histórico, cuando a algunos les gustaría disminuir su papel en momentos tan decisivos como el 23- F en contra de la verdad histórica y del sentimiento colectivo. El Premio Manuel Broseta está instituido en memoria de una víctima del terrorismo de ETA. Es por ello muy significativo que, en las circunstancias actuales, sea otorgado al primero de los españoles, cuya posición institucional y suprapartidista es plenamente compatible con una postura muy precisa sobre la única forma de luchar contra la violencia asesina: esto es, mediante el acuerdo sincero de los partidos políticos y el conjunto de la sociedad, y con plena vigencia de los mecanismos propios del Estado de Derecho. Poco antes del antentado de Barajas, el Rey había reiterado estas ideas en el tradicional mensaje de Nochebuena. Una vez más, supo interpretar el sentimiento de muchos millones de ciudadanos que reclaman una concordia auténtica entre las fuerzas políticas más allá de estrategias partidistas y oportunismos coyunturales. Don Juan Carlos ha sido reconocido, por tanto, como un modelo de la actitud de tantos ciudadanos conscientes de que esta violencia irracional es el principal problema que afecta a una sociedad moderna, dinámica y abierta que el Rey ha contribuido decisivamente a configurar.