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46 MADRID LUNES 15 s 1 s 2007 ABC AL DÍA Luis Prados de la Plaza RAMÓN A l resguardo de este fin de semana, mientras el sol y la niebla mantenían detrás de mis cristales su lucha y sus distancias, me he refugiado de nuevo en las letras de Ramón: aniversario de su definitivo regreso, para repartir el espacio de su tumba con los huesos de Larra. Dejó el verano de Buenos Aires para conmover el invierno de Madrid. Pensaba desde sus nostalgias volver con tiempo suficiente para buscar los rincones de la plaza de Santa Ana y ampararse en la acera del sol, entre Santa Cruz y Príncipe, con el viejo de sueño de no salir de allí en el resto de mis días Pero, se le hizo tarde... Sería doloroso olvidarnos del propósito que presidía la sagrada cripta de Pombo: iniciar las mayores novedades en medio de lo más viejo De eso que ya no queda nada allí, en Carretas, junto al callejón de San Ricardo, ni siquiera un reclamo que ejercite la memoria histórica del viento literario de originalidad deslumbrante que arrasó los contornos de la Puerta del Sol y se repartió por los Madriles. Dejarse arrastrar por las evocaciones de la sagrada luz precursora que tiñe de bondad las cosas... luna absolutamente nuestra, luz de circo es como la comprobación de la imparcialidad y la independencia que tanto añoramos a estas alturas de la democracia. Perderse un poco por el Rastro es un intento imposible de encontrarse con un puesto de porcelanas, muebles, cacharros y ropas viejas en la Ribera de Curtidores, entre otras razones porque ya no anda por el lugar Aurelia, La Nardo, que había tardes en que parecía una muñeca de cera espantada de ver el mundo, y hasta los que iban más distraídos paraban mientes en aquel rostro como si hubiese en él crema de luz de acetileno El Periodismo. ¡Oh, qué confusión más infernal! La administración saltando sobre la redacción. Todo hundido, todo neutralizado de un día a otro, todos comprometidos en un esfuerzo abrumador que nadie paga. ¡Oh! tragedia del espíritu corrompido por el ambiente del periodismo (De la primera proclama de Pombo, 1915, Ramón Gómez de la Serna) Las averías en la línea 6 de Metro son constantes y han provocado las quejas de numerosos usuarios Otras dos horas de avería La Circular, línea de Metro que desencadenó un motín de viajeros el pasado viernes en la estación de Conde de Casal, ha vuelto a fallar. Y esta vez no lo ha hecho sola, sino en compañía de la línea 7. En Avenida de América, varias personas no sabían cómo volver a casa POR CRISTINA ALONSO FOTO DANIEL G. LÓPEZ MADRID. De nuevo, la dichosa línea 6. Esta vez sin motín. Por avería en las instalaciones, el servicio entre Diego de León y Avenida de América queda suspendido en un plazo estimado en más de dos horas informaba ayer la megafonía del intercambiador de Avenida de América a las ocho y media de la tarde. Y a falta de una, dos. Queda suspendido el servicio de la línea 7 entre las estaciones de Cartagena y Avenida de América Todo comenzó a las 19.45, en un traslado de trenes de la línea 7 a la 6. En un túnel de enlace, un tren sin viajeros sufría una avería y quedaba parado, obstruyendo las dos líneas, informaron fuentes de la compañía. Ni siquiera un técnico de reparación, que llegaba corriendo al intercambiador con una mochila al hombro, sabía cómo llegar hasta el tren atascado. ¡Cógete la 4, hazme caso, hombre! le gritaba el taquillero. El técnico miraba, desorientado, un plano de Metro. Lo que ha pasado es un descarrilamiento. Hay trenes que están viejos y sin mantenimiento. Demasiado bien funcionan para como están... confesaba el técnico antes de bajar corriendo las escaleras mecánicas. ¿Cómo llego a... En la entrada de la estación, un vigilante se afanaba en atender a los muchos viajeros que se encontraban perdidos: Perdone, ¿cómo llego a... Estoy hasta las narices. Me tocó otra avería esta misma semana en la misma línea y estuve veinte minutos muerta de risa en un túnel explicaba Margarita. ¡Rebelión! gritaba, puño en alto, un joven a sus amigos nada más enterarse de la avería. No eran las líneas 6 y 7 lo único que funcionaba mal en Avenida de América. Un vigilante recomendaba no sacar dinero de sus cajeros: Hay problemas cada poco, si pides 50 euros te suele dar sólo 30... yo no metería ahí la tarjeta. Son más seguros los cajeros de la calle Averiado rezaba un cartel en el dispensador automático de monedas. Y, en cuatro idiomas, la pantalla del expendedor de tickets informaba de que éste estaba fuera de servicio. ¿Aquí no funciona nada o qué pasa? bramaba un joven. Muy enfadado, daba una patada a una de las máquinas. En busca de un taxi ¿Las dos estropeadas? ¿Y ahora qué hago? Esther acababa de llegar de Pamplona. Junto a ella, una maleta roja. Me tendré que coger un taxi, no me queda otra. Paso de hacer transbordos decía indignada en el vestíbulo de la estación. ¡Rebelión! gritaba, puño en alto, un joven a sus amigos nada más enterarse de la avería en Avenida de América No pensé que los polis fueran a reaccionar así Se han pasado conmigo reconocía ayer a este periódico Hugo Pérez, único detenido por el motín ocurrido el viernes en la estación de Metro de Conde de Casal. Según su relato, las personas que se negaron a abandonar el vagón del convoy averiado se sentaron en el suelo cuando aparecieron a los antidisturbios. Al ver que uno de los agentes cogía a una señora mayor y la empezaba a arrastrar de mala manera para sacarla al andén le dije que no nos podían tratar así, que era estudiante de Derecho y que sabía cuáles eran nuestros derechos confesaba Hugo. Fue entonces, según la versión del joven- -quien ha interpuesto una denuncia contra los policías que le agredieron- -cuando uno de los agentes le propinó un puñetazo en el ojo y le empezó a dar golpes en cabeza y cuerpo. La gente fue a defenderme y lograron que el policía parara. Yo me quedé un rato en el andén, bastante conmocionado por los golpes sostiene. No pensé que los polis fueran a reaccionar así confesaba. Hugo pasó la noche del viernes en el centro de detención de Moratalaz. Su familia no supo nada de él durante 28 horas. No pude dormir nada. No paraba de entrar gente y la compañía no era de lo más recomendable. Estaba un poco nervioso reconocía.