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8 OPINIÓN LUNES 15 s 1 s 2007 ABC REVISTA DE PRENSA CARTAS AL DIRECTOR Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid Por fax: 913 203 356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. Juan Pedro Quiñonero La manifestación de Madrid ¡No queremos paz, sino victoria! Nunca una palabra tan hermosa, tan llena de contenido y tan profundamente cristiana había sido tan manipulada, manoseada... diría yo que prostituida. Cualquiera con una mínima capacidad de análisis conoce perfectamente a estas alturas la hipocresía que se esconde tras las proclamas de los colectivos pacifistas, esas que empezaron a oler a rancio al día siguiente del desplome del Muro de Berlín. Más tarde, la palabra paz ha sido utilizada con un lenguaje más subliminal, pero igualmente falso. No tenemos más que observar la actitud mezquina y cobarde de un importante sector de la opinión pública occidental, principalmente europea, respecto del terrorismo islamista, que con sus bravuconadas está provocando una especie de síndrome de Estocolmo en nuestra sociedad hasta límites que resultan nauseabundos. También llevamos tiempo escuchando la palabra paz para referirse al fin del terrorismo de ETA, adornada con otras como diálogo o, en el mejor de los casos, fin de la violencia Realmente no es paz lo que se pide cuando se corean eslóganes con estas palabras. Se está pidiendo a un grupo terrorista que deje de matar, pero que puede seguir existiendo mientras que, a cambio, se le ofrecen todo tipo de concesiones que, al final, no se podrán cumplir por ilegítimas. Entérense de una vez. Somos millones los españoles- -y también los extranjeros residentes en España que han sufrido ya la zarpa terrorista- -que nos sentimos más valientes que nunca para gritar que no queremos la paz que pregonan algunos. Queremos la victoria del bien sobre el mal, del orden sobre el desorden, de la democracia sobre la dictadura separatista, de España sobre el terrorismo de cualquier signo, con todas las armas legales de que dispone un Estado de Derecho y no con cobardes claudicaciones que sólo traerán más terror e indefensión. Esa es la paz que queremos. La paz que es consecuencia de la lucha. La verdadera paz que resulta de la legítima victoria. De esa victoria que tenemos el deber moral de alcanzar. Más de mil muertos nos lo demandan ahora. Lourdes Boado Ororbia. Ferrol (La Coruña) EL CÁNCER QUE NOS AMENAZA L cáncer de la violencia criminal contamina la retórica política de muy diversas maneras. En primera línea de crisis, el New York Times (NYT) estima que Zapatero está más aislado que nunca Tras recordar los lapsus linguae de ZP y su vicepresidenta, NYT cita a Joffre Pinzón, ecuatoriano, declarando: Los muertos están siendo usados con fines políticos. ¿Cómo tener confianza en un país tan desarrollado económicamente, pero tan inmaduro políticamente? En el terreno más hondo de la angustia social se encuentra la confrontación política. En París, Le Monde afirma: Los partidos políticos, incapaces de ponerse de acuerdo en lo esencial Radio Canadá agrega: Coaliciones frágiles, para una paz invisible En Luxemburgo, Tageblatt añade: Lo más triste es la incapacidad de los partidos de ponerse de acuerdo en algo tan simple como la paz En Ecuador, La Hora escribe: Se han dado varios intentos de alcanzar la concordia. En el momento menos pensado, ETA vuelve a su comportamiento criminal En Bogotá, El Comercio comienza su editorial con esta frase: Antes de dialogar con ETA quizá sea necesario que los políticos españoles de pongan de acuerdo entre ellos. Y eso quizá sea mucho más difícil En México, El Diario publica un análisis de Jorge Volpi, que afirma: Para un mexicano residente en San Sebastián es increíble que aún exista una banda terrorista del calibre de ETA en la Unión Europea Y agrega: No deja de ser escalofriante que muchos de mis vecinos continúen simpatizando o tolerando las acciones terroristas, convencidos que el Estado conculca sus derechos y detiene sus legítimas ansias de independencia En este contexto, ETA representa no sólo la irrupción de un pasado atroz, sino la patología extrema del nacionalismo. ETA es algo así como una enfermedad o un virus que no sólo corrompe el País Vasco, sino a toda España E Lamento muchísimo no haber ido a la manifestación del sábado, pero no puedo apoyar la política del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, que únicamente ha servido para reanimar a esa jauría de asesinos. Ni tampoco tengo la más mínima confianza en un presidente al que ETA avisa que asesinará cuando lo considere oportuno y no reacciona con contundencia para destruirla. ¿Pagamos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado simplemente para escoltar a los políticos? La obligación del Gobierno es perseguir el crimen, no dialogar ni negociar ni pactar con él. Si ahora lo hace con ETA, ¿cuánto tiempo tardarán el resto de mafias que han entrado, con más agallas y preparación, en exigir el mismo o mejor trato? Si mañana en las Cortes es capaz de decir algo razonable, contará con el apoyo de muchos de nosotros, los del cordón sanitario que decía un anciano sin duda convocando a la triple A al proceso. Juan Carlos Antón Nárdiz Madrid La opinión de las víctimas hace presión Irene Lozano nos dice en su columna Al rincón de pensar que las víctimas del terrorismo hemos renunciado a la virtud histórica de la templanza. Se pregunta por qué nos hemos rebajado a ser un grupo de presión política. Tal vez Irene Lozano equivoque el término templanza con el de tragaderas. Cuando estábamos calladitos éramos más guapos, eso sí. Por otro lado, se olvida de que, a diferencia de hoy, nunca hemos tenido un gobierno en negociación política con los terroristas, ni desguazando la política antiterrorista que más y mejores resultados ha dado (Ley de Partidos y Pacto Antiterrorista, inmediatamente traicionado por Zapatero) ni equivocándonos a las víctimas del terrorismo por tres veces con accidentados, ni relativizando el terrorismo con el cambio climático, ni diciendo que un terrorista como Otegi tiene un discurso de paz, ni con su hombre en el País Vasco, Patxi López, diciendo que no descarta gobernar con los apoyos batasunetarras y que hay que admitir parte de las razones del adversario (llama así a nuestros asesinos) Tampoco hemos te- nido un gobierno que lleve el tema de la negociación al Parlamento Europeo para satisfacer a la bestia y cuyo Fiscal General haya reclamado la aplicación de la legislación en función del clima social, cosa que, además, no dice el Código Penal. Y así tantas cosas. No somos meros objetos de piedad. Las víctimas también somos ciudadanos con plenos derechos y por tanto políticos, que no es lo mismo que partidarios. Pero eso a usted le parece que nos rebaja Y si un partido converge o diverge con nuestras reclamaciones es cuenta suya. Opinamos y nuestra opinión hace presión, naturalmente. ¿Por qué usted, su quiosquero, mi vecina, Zapatero, Rajoy o un señor de Murcia que pasa por ahí pueden opinar políticamente alto y claro y yo no? ¿Se reconoce este derecho hasta al terrorista Otegi y se negará a las víctimas? Las víctimas lo somos de un proyecto político totalitario. ¿De qué quiere que opinemos? Salvador Ulayar, hijo de Jesús Ulayar, asesinado por ETA. Navarra La actuación del señor Luppi Tras el atentado de ETA y después de papelitos y lapsus, han hecho su entrada en escena los actores cercanos al Gobierno, los hombres de la cultura, como ellos prefieren denominarse. Tengo una profunda admiración hacia el trabajo del actor argentino Federico Luppi, pero este magnífico profesional ha hecho recientemente la peor actuación de su vida. Él ha pedido un cordón sanitario para excluir al Partido Popular de la política nacional, que a su parecer es gótico y ultramontano. Su discurso de aislamiento es un guión plagiado del Pacto del Tinell, o el mismo que el Gobierno sigue respecto a los asuntos de Estado. Y es que se quiere relegar a un partido con un caché de diez millones de españoles a un papel de mero figurante, dando incluso más protagonismo al brazo político de ETA. Es probable que como apuntador alguno del gremio le haya soplado las ya conocidas consignas del no a la guerra Y es que esta película ya nos la han contado antes. Es una secuela que ya vimos con el Prestige la intervención en Irak o los aciagos días previos a las últimas elecciones generales. Pero no hemos visto este activismo en los incendios de Guadalaja, Galicia o en otras muchas guerras, como la que actualmente se desarrolla en Somalia. Las encuestas muestran entre los españoles un mayoritario sentimiento de descontento en la gestión, así como el deseo de volver al Pacto Antiterrorista. Lo siento por la representación del señor Luppi, pero este público es exigente y sabe distinguir sin dobleces quién es el malo de la película. Javier Martínez Soto Madrid