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ABC DOMINGO 14- -1- -2007 83 Cruz, candidata a un Globo de Oro: Me siento como una niña en Disneylandia Tócala otra vez, Bogey La frase más famosa de Bogart es la que nunca dijo: Tócala otra vez, Sam que se le atribuye erróneamente con ayuda de la obra de Woody Allen del mismo título POR FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID. En realidad, la frase Tócala otra vez, Sam la dicen los hermanos Marx en Una noche en Casablanca Woody Allen alimentó la leyenda con la obra Play it again, Sam (su adaptación al cine se tituló en España Sueños de seductor donde el fantasma de Bogart trata de insuflar ánimos al apocado protagonista. El diálogo real con Sam suena así: -Humphrey Bogart: Tú sabes tos últimos de Casablanca Las frases de la película de Michael Curtiz figuran, con merecimiento, entre lo mejor que se ha dicho nunca en un plató, desde la ambigua despedida: Creo que este es el comienzo de una gran amistad al legendario diálogo en que Bogart le dice a Ingrid Bergman: Perteneces a Victor. Eres parte de su obra, eres su vida. Si ese avión despega y no estás con él lo lamentarás, tal vez no ahora, tal vez ni hoy ni mañana, pero más tarde, toda la vida Cuando Ilsa pregunta: ¿Pero qué pasará con nosotros? nuestro amigo responde el mítico Siempre nos quedará París Menos mal que ella ya estaba lejos cuando en Sabrina se atrevió a añadir: París es para los amantes. Quizá por eso sólo he estado allí 35 minutos Pero hasta para sacrificar su vida por una causa Bogart era distinto, siempre bajo la gabardina del cinismo. Cuando Claude Rains pregunta: ¿Por lo que quiero escuchar. -Dooley Wilson: No lo sé. -H. B. Si la has tocado para ella, puedes tocarla para mí. -D. W. No creo que me acuerde. -H. B. Si ella ha sido capaz de escucharla, yo también. ¡Tócala! En fin, Bogie no sólo era adicto al tabaco, el alcohol y el ajedrez, con el que intentó pagarse sus dos primeros vicios jugando partidas a un dólar. También fue consciente de la dependencia del actor a los buenos diálogos. En Broadway tuvo que decir las peores frases imaginables pero pronto pudo resarcirse en el cine, donde trabajó con guionistas de la talla de Mankiewicz, Wilder, Capote, Richard Brooks, Huston, Delmer Daves, Faulkner y los hermanos Epstein, autores es- qué demonios vino a Casablanca? Bogart miente sin piedad: Mi salud. Vine a tomar las aguas ¿Qué aguas, las del desierto? Al parecer me informaron mal Un guiño mil veces más efectivo que el mejor discurso de cartón piedra. A partir de este título, el estilo cáustico, veloz y varonil de este actor feo y bajito fue imitado incluso en lo concerniente a criar un cáncer de pulmón. El Humphrey Bogart junto a Lauren Bacall, en una escena de Tener y no tener de Howard Hawks Sin embargo, cuando el policía le pregunta de qué está hecha la estatua que da título al filme, se permite una licencia poética: De la misma materia de Pero la lengua de sus antihéroes siempre estaba afilada: ABC la que están hechos los sueños General, tenga cuidado con su hija. Ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo estaba de pie dice en El sueño eterno Poco después es capaz de soltar: Dime la verdad, porque no cabeza siempre pierde En la cinta En un lugar solitario es aún más explícito: Nací cuando ella me besó, morí cuando me abandonó, viví unas semanas mientras me amó Pero el festín romántico (y anti) se lo daría en Sabrina Cuando William Holden le invita a mirar unas piernas, sentencia: problema con el mundo es que todos están unos pocos tragos atrás dijo alguna vez. Uno de sus secretos era impedir que trascendiera su nobleza. Noso- tros no creemos en su historia, señora O Shaughnessy, sino en sus 200 dólares explica a Mary Astor en El halcón maltés ¿Mis intenciones? Son totalmente censurables, pero muy prácticas confiesa al padre de Audrey Hepburn en Sabrina abofeteo bien a estas horas de la noche Y todo ello, sin perder nunca la calma, como en All through the night No me im- porta que me maten, pero odio que me partan en trocitos Muy a su pesar, Bogart también se hacía querer. En Cayo Largo admite: Si la cabeza di- Las últimas piernas que te parecieron fantásticas le costaron a la familia 25.000 dólares aunque luego caería rendido ante Audrey Hepburn, como confiesa al padre de la chica: ¿Mis inten- ce una cosa y tu vida dice otra, la ciones? Son totalmente censurables, pero muy prácticas