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ABC DOMINGO 14 s 1 s 2007 El conflicto iraquí INTERNACIONAL 39 La batalla por Bagdad La Administración Bush insiste en plantear a partir de febrero y con miles de refuerzos una decisiva ofensiva militar para salvaguardar la capital de Irak, un gran empujón en el que se anticipan sangrientos combates urbanos POR PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Carente de respaldo popular o parlamentario, y ante lo que se presenta como un intenso pulso constitucional sobre prerrogativas militares, la Administración Bush intenta justificar su nueva estrategia para Irak- -que incluye el polémico envío de 21.500 tropas adicionales- -como la mejor forma para conseguir un elusivo final al conflicto iniciado hace casi cuatro años con el derrocamiento por la fuerza de Sadam Husein. Para abrir las puertas a una retirada gradual de sus tropas, la Casa Blanca insiste en la necesidad de un gran empujón una decisiva ofensiva militar concentrada en Bagdad. De acuerdo a las explicaciones ofrecidas a un más que reluctante Congreso federal por el nuevo secretario de Defensa, Robert Gates, la batalla por Bagdad comenzará la primera semana de febrero con el despliegue de miles de efectivos tanto estadounidenses como iraquíes. Y en cuestión de meses debería ser posible medir la efectividad de ese empujón Con la posibilidad de que si el gobierno de Irak no cumpliese con su parte, EE. UU. congele su vital respaldo. gún analistas militares, recuerda a los poblados estratégicos intentados en Vietnam con resultados desastrosos, pero que ha sido aplicada con relativo éxito en pequeñas ciudades de Irak. Para hacer realidad esta estrategia, la Casa Blanca va a dividir Bagdad en nueve grandes distritos y estacionar batallones estadounidenses e iraquíes en cada uno de ellos. Unidades que ahora están acuarteladas en súper- bases a las afueras de la capital. Esta escalada, con previsibles combates urbanos casa por casa, acarrea una multiplicación de peligros para las tropas implicadas. Como ha admitido Bush, incluso si nuestra nueva estrategia funciona como planeamos, los actos de violencia continuarán y debemos esperar más bajas iraquíes y estadounidenses Como todo pulso militar, el resultado final depende de la respuesta del enemigo. Esta semana, en una especie de introducción a lo que puede ser la rutina de Bagdad, efectivos del Pentágono han librado una batalla de once horas contra insurgentes junto a la protegida zona verde. Para imponerse en este enfrentamiento en la central calle Haifa, las tropas estadounidenses han llegado a requerir el apoyo aéreo de aviones y helicópteros artillados. La sombra de Al Sadr La insistencia de la Casa Blanca en confrontar a todos los insurgentes y milicias, tanto suníes como chiíes, también amenaza con riesgos adicionales. Sobre todo si hay confrontaciones frontales con el Ejército Mahdi, del clérigo radical Moqtada Al Sadr. Según estima- ciones de los servicios de inteligencia de EE. UU. la milicia chií habría crecido hasta contar el año pasado con 60.000 insurgentes y una efectividad mayor que las embrionarias fuerzas militares iraquíes. Entre las numerosas críticas a la nueva estrategia de la Casa Blanca, un reproche repetido es la enorme fe que el gran empujón deposita en las buenas intenciones y la competencia del Gobierno de Irak y sus fuerzas de seguridad. No ha gustado que el primer ministro Al- Maliki haya nombrado máximo responsable militar de Bagdad al teniente general Abud Qanbar, un desconocido oficial naval elegido sin consenso de las facciones políticas iraquíes y pese a los reparos expresados por altos mandos estadounidenses. Limpieza por barrios Esta nueva estrategia militar aspira a delimitar claramente, e incluso a aislar, las zonas menos violentas de la capital iraquí. Cercos que se verán sucedidos por operaciones para acabar con la actividad de insurgentes de las barriadas más problemáticas. Con la idea de establecer una presencia permanente de tropas en cada vecindario limpiado para mantener efectivamente la paz con patrullas constantes y con programas de reactivación económica. Con una falta crónica de efectivos, reconocida por primera vez por Bush, el Pentágono hasta ahora se ha visto desbordado a la hora de intentar poner orden en una gran ciudad como Bagdad, con seis millones de habitantes. Si se materializan los refuerzos, los responsables militares esperan crear por lo menos islas de seguridad y avanzar a partir de esas zonas. Una táctica que, se- Hillary Clinton fue recibida ayer en Bagdad por el primer ministro de Irak, Nuri- Al Maliki AFP Talabani, el primer jefe de Estado iraquí que visita Siria en 24 años MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL ARBIL. Jalal Talabani se convierte en el primer jefe de Estado iraquí que visita Siria en los últimos 24 años. Pese a compartir una frontera kilométrica y a que Siria se ha convertido en lugar de refugio para miles de iraquíes, ambos países carecían de relaciones diplomáticas hasta el pasado diciembre. La visita de Talabani, que tendrá una duración de cinco días, pone punto y final a dos largas décadas de rivalidad. El máximo dirigente iraquí se reunirá con el presidente sirio, Bashar Al Assad, y con otros altos cargos. En la delegación iraquí viajan también el ministro de Defensa, Jawad Al Bulani; el de Industria y Comercio, Abd Al Falah Al Sudani; el de Recursos Naturales, Abd Al Latif Rashif, y el secretario de Defensa, Muwaffak Al Rubaie. Talabani, que vivió una larga temporada en Siria durante el régimen de Sadam, siempre ha sido partidario de una colaboración abierta con Damasco y ha asegurado en repetidas ocasiones que con la implicación de Siria e Irán, la paz llegaría a Irak en pocos meses El viaje, sin embargo, no cumple con la estrategia de Bush, que acusaba a estos dos países vecinos de respaldar a la insurgencia y las milicias. La visita oficial a Siria de las autoridades iraquíes coincide con la nueva gira de la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, por Oriente Medio. Rice se encuentra en Israel y en los próximos días visitará Arabia Saudí, Egipto y Jordania. Talabani y Rice tienen destinos diferentes, pero un mismo fin: lograr que los países de la región se impliquen de manera positiva en la pacificación iraquí. Por otro lado, una misión del Senado y Congreso de Estados Unidos, encabezada por Hillary Clinton, se reunió con el primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, para discutir la aplicación del nuevo plan norteamericano. Clinton fue al comienzo partidaria de la guerra, pero en los últimos años ha ido cambiando de opinión. Sobre la nueva estrategia de Bush, señaló que sólo contribuirá a la escalada de los niveles de violencia La visita duró menos de 24 horas.