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34 DOMINGO 14- -1- -2007 ABC INTERNACIONAL www. abc. es internacional Polonia expurga a sus colaboracionistas En un clima de división que afecta también a los católicos, la Iglesia polaca, empujada por el revisionismo del Gobierno, quiere limpiar su pasado para superar la crisis R. VILLAPADIERNA E. ESPECIAL VARSOVIA. La politizada Iglesia polaca prueba su propia medicina y anunció el viernes que revisará su relación con el comunismo, tras la renuncia del arzobispo Wielgus en plena investidura; el Vaticano dice que bien, pero que los políticos tomen ejemplo Polonia se ve así arrastrada a encarar, 15 años después, un sombrío pasado y quiere que la antigua policía política- -no sólo informadores informales como Wielgus- -salga definitivamente de la administración del Estado: No podemos permitir que los verdugos queden solapados por quienes cometieron errores o cedieron a los que extorsionaban dice a Gazeta Wyborcza el primer ministro Kaczynski. Verificaremos la verdad sobre nosotros mismos afirma en cuanto a la Iglesia el arzobispo Jozef Michalik, jefe de la conferencia episcopal. No es iniciativa común a otros colectivos, aunque tampoco la hercúlea Iglesia polaca llega a ello unánime. Pero una institución indómita, que el 96 de los polacos- -más o menos creyentes- -identifica con el alma de la nación, no puede fallar a los suyos aunque algún representante sí lo hiciera: Encuestas en la prensa acusan el daño a la confianza. el padre Tadeusz Isakowicz- Zaleski, él mismo apaleado en las cárceles comunistas, lamenta que tuvieramos 15 años para limpiar la casa y no lo hiciéramos él cree tener datos de hasta 39 implicados en colaboracionismo. El propio nuncio, Jozef Kowalczyk, del sector más obstinado, habría retenido al Vaticano los datos sobre Wielgus hasta el último momento. El primer ministro, Jaroslaw Kaczynski, presentará en semanas una ley que liberará a Polonia de las últimas huellas del comunismo, destituyendo a todos los privilegiados responsables de los crímenes y la represión del Estado totalitario y declarando organización criminal a la antigua Sluzba Bezpieczenstwa la tenebrosa policía secreta. A veces olvidamos que ya hemos ganado y ellos perdieron dice el ex disidente y codirigente de Solidaridad Adam Michnik, que ha tendido a la generosidad, como su homólogo checo Jan Urbán, cofundador del legendario Foro Cívico: Cierto anticomunismo de caza de brujas sirve a la popularidad de los extremistas pero fortalece Walesa: La caída de Wielgus es obra de ex agentes REUTERS ROMA. El ex presidente de Polonia Lech Walesa declaró a un periódico italiano que la dimisión del arzobispo de Varsovia Stanislaw Wielgus, porque trabajó para la policía secreta de la época comunista, fue provocada por antiguos ex agentes adeptos a la desestabilización Walesa dijo al Corriere della Sera que no era una coincidencia que el escándalo de Wielgus explotara en el último momento Los hombres del servicio secreto actuaron de una forma calculada, atentos al lío que el caso crearía en Polonia, en el extranjero y en el Vaticano. Son especialistas en desestabilizar añadió. en los comunistas un sentimiento de injusticia Pero en realidad es la memoria del autor la que suele ser corta y la de la víctima, larga por eso el ganador resulta generoso y el perdedor resentido, ha explicado a este diario el filósofo Manuel Reyes Mate. Es cierto que los acontecimientos corrieron tanto desde 1989 que en el río revuelto siguieron pescando apenas sólo los de siempre: Los dos gobiernos de ex comunistas han sido los más corruptos pues eran los jóvenes que pillaron nada, las grandes empresas se las había repartido ya la vieja guardia Es peligroso olvidar la his- toria y cómo está hecha de debilidad humana: ¿Recordar u olvidar? ¿Abrir o cerrar los archivos? se pregunta en el Guardian Thimoty GartonAsh, es el dilema moral que enfrenta a Europa desde el fin de los totalitarismos, pues entronca con el mito de la caja de Pandora. La sed de informa- José Grau Radio Maryja La montaraz pero omnipotente Radio Maryja, emisora que avergüenza a parte de la Iglesia y que, no es que haga y deshaga en política, sino que cree dirigir el Estado tras de ayudar a instalar a los hermanos Kaczynski, ha sacado ya sus cañones para defender de la conspiración a Wielgus y a los menos transparentes de la Iglesia, de las tornas de su propio ardor anticomunista, advierte en Cracovia Adam Boniecki, director del reputado semanario cristiano Tygodnik Powszechny En la inquieta vieja capital, LA VERDAD ES POLIÉDRICA algorzata Niezabitowska fue la portavoz del Gobierno polaco tras las caída del comunismo, en 1989. Niezabitowska era una mujer alta, delgada, rubia, muy atractiva. Nunca la sala de prensa del Go- M bierno estuvo tan llena de periodistas como cuando Niezabitowska fue la voz de su amo. Sustituía al odiado Jerzy Urban, un ser maquiavélico y pérfido, el hombre de prensa del general Jaruzelski. Con los años, a la bella Niezabitowska la acusaron de haber colaborado con la SB, la policía secreta de la época comunista. La señora puso una denuncia para limpiar su honor, y hace unos días ganó el juicio. Cuando en 1990 los comunistas comprendieron que estaban perdidos, el entonces ministro del Interior, Czeszlaw Kiszczak, bajo cuyo mandato fue asesinado el padre Jerzy Popieluszko, dio orden de destruir parte de los archivos de la época marxista. Lo que queda se guarda en el así llamado Instituto de la Memoria Nacional. También se ha dicho que Lech Walesa colaboró con la SB. El arzobispo de Varsovia Stanislaw Wielgus ha tenido que dimitir porque fue informante de la SB y mintió sobre su pasado. Anteayer juró que el nuncio, el también polaco Józef Kowalczyk, sabía de esa colaboración. Lo cual había sido negado por Kowalczyk. Más sombras: el todavía prelado de Varsovia, el cardenal Józef Glemp, ha defendido a Wielgus, indicando poco más o menos que le han linchado. Y más dudas: Tadeusz Zalewski, historiador y sacerdote de Cracovia, tiene un libro pre- parado sobre la relación del clero con el régimen comunista. Stanislaw Dziwisz, cardenal de Cracovia, el que fue secretario de Juan Pablo II, le ha conminado en varias ocasiones a que se lo piense dos veces y a que no hable con los medios. Muchos opinan que es necesario un cambio generacional en el episcopado polaco. Se oye que la culpa de todo la tiene la derecha de los gemelos Kaczynski, uno presidente y otro jefe del Gobierno, y sus medios de comunicación. Prudencia. Los hermanos Kaczynski no son el demonio emplumado. La Iglesia polaca no teme la luz. Tampoco está politizada. Más bien sucede que la verdad es poliédrica.