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28 ESPAÑA DOMINGO 14 s 1 s 2007 ABC Hacienda acaba con las marcas baratas de tabaco al duplicar su precio El Gobierno, con las tres subidas sucesivas de impuestos realizadas en 2006, ha ganado una de las principales batallas de la guerra contra las tabaqueras DOMINGO PÉREZ MADRID. Una resolución publicada el día 12 en el BOE anunciaba los precios de venta al público del tabaco que comercializa Imperial Tobacco. Era la última multinacional tabaquera en reajustar sus precios tras la subida de impuestos decretada por el Gobierno el pasado mes de noviembre, tercera en 2006. Una noticia en apariencia intrascendente, aunque en el fondo significaba el acta de defunción de las marcas baratas de tabaco. Ya no queda ninguna por debajo de los dos euros, que es justo el precio de la más económica que se puede encontrar ahora mismo, American Legend El año 2005 supuso el inicio del boom de las marcas baratas. La Ley del Tabaco estaba en pleno proceso de discusión. No había día en el que no se hablara de las consecuencias de la nueva norma. La fecha de su entrada en vigor se acercaba a toda marcha. El 22 de abril de ese año, el Congreso aprobaba por unanimidad la ley. Ya sólo quedaban unos meses de trámite: su paso por el Senado, su retorno al Congreso y su visto bueno definitivo, que se produjo el 15 de diciembre. El 1 de enero de 2006 el tabaco desaparecía de la vida social española... o al menos esa era la pretensión. dad. Su secreto era su bajo coste, que no gastaban en publicidad, que ahorraban en el empaquetado y que la calidad de su tabaco era muy inferior. Ante la invasión, las marcas más conocidas empezaron también a reducir sus precios para evitar la huida de sus compradores hacia los chollo- pitillos Baste señalar que, cuando la efervescencia de las marcas baratas fue mayor, en el primer trimestre de 2006, Altadis, la antigua Tabacalera, llegó a perder hasta un 0,2 en su cuota de mercado de tabaco rubio. De tal forma, las multinacionales se lanzaron también a destrozar los precios. La propia Altadis bajó su famoso Fortuna a 1,85, cuando costaba 2,50. La Japan Tobacco Internacional, fabricante del archiconocido Camel, se sacó de la manga un marca llamada Vantage que comercializaba a 1,65. La British American Tobacco, productora de Lucky Strike, se inventó a Sax. Philip Morris, creador del invencible Marlboro, apostó por Basic Duro y Next. Gallagher (L M) creó Austin y Dorchester. E Imperial Tobacco degradó a sus famosos John Player Special, que llegaron a venderse a 1,25... El Gobierno tenía claro que había que combatir esta estrategia inesperada para no fracasar estrepitosamente en su lucha antitabaco y contraatacó de la forma que todo el mundo esperaba: subiendo los impuestos. Muy pronto, el ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes marcó el camino a seguir. Salió a la palestra y anunció que sólo el aumento de los impuestos al tabaco podía evitar que se fumaran esas marcas baratas que, además, según todos los estudios, eran aún más perjudiciales para la salud que las habituales. Dicho y hecho, y no una, sino tres veces en 2006. La primera, sólo 19 días después del estreno de la ley, el 20 de enero- -ya se había producido una previa en septiembre de 2005 para intentar mitigar el desembarco inicial de las marcas baratas- -y la respuesta de las tabaqueras, principalmente de Philip Morris, a la que luego siguieron todas, fue bajar aún más los precios de sus productos más eco- A principios de 2006, casi 30 nuevas marcas, que costaban entre un euro y 1,25 inundaban los estancos nómicos, pero también de los más conocidos. El reto resultaba evidente y el Estado no tardó en responder: un segundo aumento de las tasas. Se realizó en febrero y ese sí que hizo daño. Las baratas empezaron a venderse en torno a 1,75 y las marcas habituales tuvieron que reajustar su oferta. Pero la puntilla se produjo el pasado mes de noviembre con el tercer incremento impositivo consecutivo. Una a una todas las marcas anunciaron que subían sus precios, hasta que el pasado viernes se rindió la última. Ha costado doblegar a las tabaqueras, pero la primera batalla de la guerra parece ganada. El balance del primer año sin tabaco indica que el Gobierno ha cumplido en buena parte sus objetivos: el número de fumadores ha disminuido en un 8 lo que supone 750.000 menos, ha conseguido limpiar de humo los centros laborales; se han vendido un 3,1 menos de cajetillas o, lo que es lo mismo, se han consumido 2.600 millones cigarrillos menos y, encima, los sucesivos incrementos de las tasas han permitido al Estado batir el récord de recaudación, hasta alcanzar los 8.142 millones de euros. Matrix, Denim, Elixyr... Fue en ese contexto, en plena convulsión social, a mediados de 2005, cuando las estanterías de los estancos empezaron a llenarse de cajetillas con nombres exóticos y desconocidos: Denim, Mondiale, Capavana, Rockies, Matrix, Pepe 20, Excite, Elixyr... De golpe, irrumpieron en el mercado casi 30 marcas baratas, en su mayoría procedentes de Holanda y Alemania. Se hicieron famosas a una velocidad de vértigo gracias a unos precios irrisorios. Costaban entre un euro y 1,25, precios muy inferiores a los que regían en 1999, cuando, por ejemplo, una cajetilla de Fortuna se adquiría por 280 pesetas. Estuvieron a punto de reventar la política contra el tabaquismo del Ministerio de Sani- Los estancos tuvieron que buscar hueco a las casi 30 nuevas marcas baratas que aparecieron casi de golpe RAFAEL CARMONA Los jóvenes y los inmigrantes fueron sus más fieles consumidores y los que más sentirán su desaparición Las marcas baratas convulsionaron el mercado del tabaco. Jóvenes, inmigrantes y vecinos fronterizos se convirtieron en los principales compradores y consumidores; mientras que los viejos clientes se favorecían del hundimiento de los precios y muchos combinaban: a diario adquirían las más económicas y los fines de semana compraban su marca preferida. Se llegó a alertar desde diversas asociaciones del aumento de nuevas adicciones. Los estancos de Extremadura y Galicia hicieron su agosto y se llenaron de portugueses, los de Cataluña y País Vasco de franceses... Entre 2005 y comienzos de 2006 llegaron a apoderarse de una cuota del 13,2 del total del mercado. Y fueron precisamente algunas de las grandes tabaqueras las que empezaron a implorar por un impuesto que impidiera que ninguna cajetilla se vendiera por debajo de los dos euros. Una cantidad por la que ya no merece la pena adquirir un tabaco teóricamente peor. Es justo el punto al que se ha llegado. Siguen siendo las menos caras, pero el panorama ha conocido un vuelco extraordinario en los anaqueles de las expendedurías. Los Denim, que costaban un euro en diciembre de 2005, valen ahora 2,10; los American Legend han pasado de 1,25 a 2; los Pepe de 1,25 a 2,10; los Proud de 1,30 a 2,10, y los Ronson de 1,25 a 2,50... Ya no hay marcas baratas.