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ABC DOMINGO 14 s 1 s 2007 ESPAÑA 25 La madre denuncia que no se ha tomado ninguna decisión judicial: aún no hay orden de búsqueda Leticia Moracho muestra una de las últimas fotos de su hija Sara durante las vacaciones de verano La última española de Basora Una niña madrileña fue secuestrada por su padre iraquí el pasado septiembre después de que la madre decidiera acabar con su relación. Sara está en Basora, pero allí ya nadie contesta al teléfono. La Embajada en Bagdad sólo ha hecho una llamada TEXTO: CRUZ MORCILLO FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Sara Ali Moracho cumplirá dentro de unos días 9 años. Quizá lo celebren; su madre no puede saberlo. Desde el pasado 1 de septiembre no ha visto a la niña. Su padre se la llevó ese día a Basora, a casi 600 km de Bagdad y bajo influencia británica, y no tiene ninguna intención de volver. La vida de Leticia Moracho, madrileña de 46 años, está al borde de un precipicio: Jamás imaginé que pudiera secuestrar a nuestra hija. No sé si algún día volveré a verla El 1 de septiembre Leticia llevó a Sara a Faunia un parque temático de naturaleza en Madrid. Su ex compañero y padre de la niña, Abbas Ali, con el que había mantenido una relación de 16 años, le propuso que quedaran. Se habían separado hacía menos de un mes por decisión de la mujer- me cansé de la situación económica y surgieron algunas diferencias religiosas resume- Esa noche cenaron los tres juntos y Abbas le pidió que le dejara a Sara el fin de semana, igual que unos días antes. Leticia llamó a su hija el sábado, el domingo y el lunes pero el teléfono de su ex pareja estaba apagado. Ahí empezó la desazón. La mujer fue a Lavapiés, donde viven y trabajan amigos de Abbas, y de esa forma se enteró de lo que algunos ya sabían y callaban: su marido (aunque no estaban casados) hasta un mes antes había raptado a su pequeña y la había llevado a Basora, vía Damasco. Sentí que me habían arrancado el alma recuerda. y no contar con autorización materna. Interior no actuó con diligencia No está claro pese a todo. Es posible que su ex hubiera hecho previamente un pasaporte español a la niña. Tres días después, Leticia recibe una llamada de su hija en la que le confirma que está en Basora. Abbas, con su habitual tono afable y educado convence a la mujer de que sólo ha llevado a la niña para que la conozca su familia porque le hacía mucha ilusión pero piensa regresar el 8 de octubre. Incluso la invita a acudir junto a ellos y le habla de los fabulosos zocos de su ciudad. Retiró la denuncia Su primera reacción fue acudir al aeropuerto de Barajas y denunciar allí los hechos. Después, en una intensa carrera contra el tiempo llena de aprendizajes, Leticia se enteró de que su hija salió del país con el pasaporte de su padre, pese a ser española y él iraquí, menor La Policía libera en 24 horas a un español secuestrado en Bulgaria ABC MADRID. La Policía Nacional, en coordinación con la búlgara, ha liberado a un español que fue secuestrado en Varna (Bulgaria) el pasado lunes y ha detenido a dos jóvenes, de 19 años, como presuntos autores. La víctima, testigo protegido de la Policía española en Bulgaría, fue asaltada el pasado lunes por unos desconocidos, que le maniataron y trasladaron a una fábrica en la que permaneció custodiado por sus captores. El hombre sufrió diversas agresiones físicas por parte de los secuestradores, que exigían 2.300 euros o de lo contrario acabarían con la vida del rehén. Las investigaciones se iniciaron a raíz de una llamada efectuada el pasado lunes por el propio secuestrado al móvil de su hermano en la que le informaba de los pormenores de lo ocurrido. La víctima, que colaboraba como testigo protegido en una investigación llevada a cabo por la Brigada de Investigación del Banco de España de la Comisaría General de Policía Judicial, había dado instrucciones a su hermano para que, en el caso de que le ocurriese algo, se pusiera en contacto con la Policía. Localizado el lugar del cautiverio, se inició la negociación, ya que amenazaron con matar al rehén en una hora. Los detenidos son Nikolay P. C. y Rangel R. P. y se busca a un tercer individuo. Ni ella lo comprende ahora, pero en ese momento volvió a creerlo. Nos llevábamos bien, era una persona sensata, nada radical Retiró la denuncia y acudió a la Embajada de Irak en busca de un visado que le negaron por la peligrosidad del país. Y eso que el embajador conoce a mi ex compañero y a mi hija. Él trabajó durante un tiempo en la Embajada en la sección de visados Llegó la fecha anunciada, pero ni Sara ni Abbas volvieron. Leticia interpuso una nueva denuncia (el 7 de octubre) ante la Guardia Civil de Torrelodones (vive en Galapagar) que acabó en un Juzgado de Collado Villalba y allí permaneció como un caso más hasta el 16 de noviembre, cuando la juez se inhibió en favor de los Juzgados de Plaza de Castilla. Mientras el caso de Sara seguía esa deriva judicial, su madre tocaba otras puertas. Una de las primeras, la Embajada española en Bagdad. Desde allí telefonearon a Abbas y le ofrecieron que llevara a la pequeña a la capital iraquí y ellos la devolverían a España. La respuesta fue la previsible y provocó unos efectos que han acabado de minar la entereza de Leticia. Desde ese momento no puede hablar con su hija. Ya no hay nadie al otro lado del único teléfono que existe para ella en Iraq. En árabe y en inglés un día tras otro oye la misma cantinela: que ese número es inexistente, que se ha cortado el vínculo, que su ex pareja ya no es afable, que Basora es otro país, otro continente, un mundo en guerra. Mamá, no vengas que aquí hay muchas moscas y está muy sucio le advirtió la pequeña Sara una de las primeras veces que pudo hablar con ella. Pero quiero irme contigo, estoy un poco triste le dijo. Me la imagino con el pañuelo, no sé si podrá beber agua potable, si tendrán luz... La familia es muy humilde, chií, como la mayoría en Basora. Allí conciertan los matrimonios a partir de los nueve años. ¿Se imagina? Cuesta imaginar ese otro mundo de Simbad y guerra inacabable, esa ciudad abandonada por los españoles hace ya tanto. Leticia tiene otros dos hijos, de 18 y 21 años, de su anterior marido. La vida le ha dado la vuelta: han secuestrado a su niña, no conoce a la persona con la que vivió 16 años y ha perdido su trabajo, pero no se va a cruzar de brazos.