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ABC DOMINGO 14 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA RUIDO Y FURIA U EL RECUADRO AL PASO TRISTE DE LA PAZ ISTO lo visto me pregunto si existió alguna vez Ermua o si es un monstruo goyesco engendrado por el sueño de la razón. Miguel Ángel Blanco nunca existió. Ermua nunca existió. Mucho menos su espíritu. Fue el sueño de una noche de verano, toda una nación en pie contra el terrorismo, a pesar de que esa nación se llamara España y no Estados Unidos. Como aquel Fuenteovejuna de la dignidad colectiva nunca existió, muchos miran a los esforzados luchadores del Foro de Ermua como a bichos raros, como a la Asociación de Amigos de la Capa o al Club de la Boina. Que Ermua nunca existiera, con lo lejos en el tiempo, en la vergüenza y en la dignidad que queda, tiene una cierta lógica. Pero Barajas tampoco existe. A Casas Viejas le cambiaron el nombre para que no trajera recuerdos de tiros a la barriga, y le pusieron Benalup. A Barajas le cambiarán el nombre dentro de dos o tres consejos de ministros para que su memoria (histórica) no les fastidie el paso alegre de la paz. ¡Lo que les gusta a estos fascistas de hogaño, como a los de antaño, el triste paso alegre de la paz La clásica manifestación espontánea perfectamente orquestada desde el poANTONIO der ha sido el típex para borrar el nomBURGOS bre y la memoria de Barajas, los dos asesinados por la ETA. Como querer derrotar a la ETA es un papelito que hay que poner al día, Barajas es un accidente. Accidente de la esencia, que es aceptar la derrota del Estado con tal de permanecer en el poder. Y si Barajas no existe, ni te cuento Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate. De aquí a nada sabremos que lo que les ocurrió a estos dos pobres inmigrantes ecuatorianos fue un accidente de trabajo. Por eso decía ZP que Barajas fue un accidente. Hubo, en efecto, un lapsus: se le olvidó matizar que fue accidente laboral. Y, además, de medio indiecitos tabajaras, sudacas, desgraciados de por ahí, que ni votan en las municipales. Por eso, porque Barajas no existe y porque aquello fue un accidente laboral de dos trabajadores sudamericanos, de ahí el sindical ardor guerrero de la UGT para convocar el típex V de la manifestación. Lo de Barajas se inscribe, en todo caso, en la siniestralidad laboral. De ahí que se quitaran los muertos de encima con tal celeridad, devolviéndolos a Ecuador por Seur 10. Una vez quitados de encima, tranquilos. La manifestación ¿contra qué? catorce días después de que Barajas dejara de existir. La comparecencia parlamentaria del presidente del Gobierno para explicar lo sucedido y la futura política antiterrorista, al ya te veré, diecisiete días después de los hechos. De los hechos que nunca existieron, y que si existieron los ha borrado el típex de la manifestación. Que demuestra que pese a toda la demagogia de la tolerancia y del diálogo, del talante y del me alegro verte bueno, aquí, señores, hay un hondón racista y xenófobo de no te menees. Los profesionales del antirracismo, los perseguidores de oficio de la xenofobia han demostrado un absoluto desprecio por Estacio y Palate. Como aquel accidente ferroviario en las páginas de sucesos: Los muertos, afortunadamente, viajaban todos en Tercera Estos dos pobres hombres, ni de tercera: de quinta. Dos muertos de quinta que no van a estropearnos los fastos del Tercer Año Triunfal de la Paz y del Proceso. Nada, nada, a dialogar, a dialogar, hasta enterrarlos en el mar. A los góticos del PP claro, que no quieren marcar el triste paso ale, gre de la paz. Ante esta solemne ceremonia colectiva del cinismo y de la indignidad, muchos nos preguntamos qué hubiera pasado si en Barajas, en vez de a dos ecuatorianos, la ETA hubiera asesinado con su bomba a un político del PSOE, a un magistrado adicto, a un periodista de la cuerda. O sin ponernos en objetivos habituales de la banda terrorista: ¿se imaginan que la que hubiera estado dentro del coche cuando la explosión asesina, echando un sueñecito, haciendo tiempo para esperar a Andreíta, que venía de pasar la Nochebuena en Ambiciones hubiera sido Belén Esteban mismo? Pero como no han matado a Belén Esteban ni a nadie de los nuestros, y como aquí somos tan antirracistas y tan antixenófobos, hala, hala, que se oiga el clamor de la calle pidiéndonos que reanudemos la rendición ante los asesinos, a fin de que el gorrón cobarde de Doñana pueda presentarse a las elecciones como el Príncipe de la Paz. N montón de miles de personas decentes se manifestaron ayer en las calles de Madrid. Otro montón de miles de personas no menos decentes decidieron quedarse en su casa. En ambos casos se trata de ciudadanos que ejercieron libremente su derecho, como cuando la convocatoria procedía de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a respaldar o no un llamamiento de movilización pública. Nadie tiene la más mínima legitimidad para criticar la postura de los que fueron por convicción moral ni de los que dejaron- -dejamos- -de ir como repulsa al sesgo y la división de la convocatoria. En democracia, la gente se manifiesta, opina, habla y discute con liIGNACIO bertad, y el respeto al adCAMACHO versario representa la esencia del sistema que nos ampara a todos bajo las reglas de la ley. Provoca un poco de pereza recordar obviedades tan elementales, pero por lo visto hay personas que las han olvidado. El debate nacional se ha calentado de un modo inquietante a partir del atentado etarra de Barajas, y muchos compatriotas están volviéndose a confundir de enemigo, como ocurrió tras el 11- M. Gran parte de la responsabilidad de esta crispación corresponde a un Gobierno que, surgido de aquella convulsión gigantesca, en vez de aplicarse a la reconstitución de la concordia se ha dedicado a agravar la fractura, abrir zanjas de desencuentro y destrozar los consensos establecidos desde la Transición. Pero un Gobierno se puede cambiar en las urnas; lo que resulta difícil de recomponer es el clima de convivencia ciudadana. Por debajo de la manifestación de ayer circularon campañas y eslóganes repugnantes de acoso a la oposición, a través de sms y correos electrónicos, y en la marcha se minimizó la repulsa contra ETA para sustituirla por un ambiguo, equidistante y melifluo anhelo de paz Junto a la cabecera había banderas republicanas, que no son precisamente un símbolo de concordia, y los convocantes manipularon contra el PP la legítima concurrencia de los asistentes. Como respuesta, en los foros de internet y en los corrillos y tertulias se decían verdaderas barbaridades contra los socialistas. La temperatura social está hirviendo y la dirigencia política se muestra renuente a rebajar la tensión, en la creencia de que esta calentura favorece la confrontación electoral. En medio de este circo de ruido y furia, mucha gente razonable se siente desamparada por una clase política cuyos intereses se alejan de los de la opinión pública. Es menester que alguien frene esta deriva demencial. El Gobierno en primer lugar: su estrategia de aislar al PP para diluir su fracaso ante ETA es sencillamente inmoral. La oposición, en cuanto alternativa de poder, tiene que hacer también un esfuerzo para aflojar la tirantez, y si nada de eso ocurre tendremos que ser los ciudadanos quienes pongamos algo de cordura. O nos serenamos todos, o esto descarrila. Y al otro lado del terraplén nos están esperando, bombas en mano, los recogedores de las nueces que caen del árbol zarandeado de la convivencia. Ésos no tienen ningún anhelo de paz.