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4 OPINIÓN DOMINGO 14 s 1 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro CHÁVEZ COMPRA NICARAGUA ON su desembarco en Nicaragua, de la mano del ex guerrillero sandinista Daniel Ortega, Hugo Chávez tiene ya la manera de desbarajustar los tres mecanismos de integración económica más importantes de Iberoamérica. Primero fue el Pacto Andino, que abandonó con la intención de dinamitarlo, aunque dejase como caballo de Troya al boliviano Evo Morales. Después él mismo se asoció a Mercosur para garantizar que el más importante de esos proyectos continentales no fuera a ninguna parte (y ya se puede ir olvidando la Comisión Europea del acuerdo de asociación que nunca llegó a firmar) y ahora acaba de arruinar las perspectivas de avanzar en el Mercado Común Centroamericano con la entrada de Nicaragua en su cruzada antiliberal denominada Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) El brazo de Hugo Chávez llega ya mucho más lejos que cualquier otro proyecto intervencionista que se haya puesto en marcha jamás en el continente. No solamente ha anunciado que va a nacionalizar las principales compañías de electricidad y telecomunicaciones de Venezuela, sino que ha logrado hacerse con el control de varios países para venezuelizarlos al tiempo que boicotea todos los intentos que hacen los que no están bajo su dictado para enclavarse en las nuevas corrientes del comercio mundial y el desarrollo. Ya se ha empezado a meter con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) a cuenta de las críticas que le ha hecho por cerrar una cadena de televisión que le resultaba molesta, y no hay que hacer muchos cálculos para darse cuenta de que la próxima víctima de sus maniobras será la Cumbre Iberoamericana, y que los Ministerios de Asuntos Exteriores de los países interesados en mantenerlas ya se pueden poner a trabajar pensando en lo peor. A Daniel Ortega no le debe preocupar mucho haber puesto su destino en manos del presidente venezolano, porque en su etapa anterior ya lo estuvo de Cuba, agencia subsidiaria entonces del régimen comunista soviético, e incluso tiene ahora la garantía de que mientras dure el precio del petróleo Chávez será generoso con las rentas que le descuenta a los venezolanos. Pero no debe esperar un desenlace diferente. Lo que hace Chávez tiene tanto que ver con el sentido común y la buena gobernanza como lo que hizo en su día él mismo bajo las instrucciones de La Habana y que llevó a Nicaragua a los peores índices de pobreza de su historia. En vez de dragón a Chávez le bautizaba ayer una influyente revista opositora venezolana como el tragón rojo Es verdad, se lo traga todo: empresas, países, oposiciones... y no necesita más coacción que la del dinero. En otros tiempos había que montar una guerrilla para hacerse con el control de un país, o conspirar para desencadenar un golpe de Estado. Ahora hay quien ha aprendido a comprarlos, empezando por el suyo propio. C LA IZQUIERDA Y EL NACIONALISMO AVALAN EN LA CALLE EL PROCESO DE PAZ L día después de las manifestaciones convocadas por el Gobierno vasco, en Bilbao, y los sindicatos UGT y Comisiones Obreras, junto con asociaciones de ecuatorianos, en Madrid- -donde se oyeron más gritos contra el PP que contra ETA- refleja el panorama de desunión anunciado por el empeño del PSOE de forzar la exclusión del PP o, en caso de que éste se hubiera sumado a las movilizaciones, la falsa apariencia de unidad bajo la batuta estadista de Rodríguez Zapatero. Por desgracia, la unidad de los demócratas que quieren la derrota de ETA- -y que no son todos- -está hoy más lejos que ayer. España debe ser el único país democrático en el que la agresión terrorista no produce un efecto agregador en torno a las instituciones y una decidida vocación de vencer a nuestros agresores. El comunicado leído al término de la manifestación por Almudena Grandes y la inmigrante ecuatoriana Lucía Rosero, tan fácil de ser compartido como hueco en su retórica, resultó un ejercicio estéril, porque no es con la palabra como se vence a ETA, sino colocando al Estado y sus instituciones frente al terrorismo de manera firme y decidida a través de la actuación de la Justicia y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Bien está condenar a ETA, pero no es con líricos discursos como se logrará su derrota. Por eso, las manifestaciones de ayer no sirven como instrumento de presión contra la banda terrorista y sí de apoyo a un proceso de paz -avalado en las calles de Madrid y Bilbao por el nacionalismo y la izquierda- -que se ha demostrado nocivo para los intereses generales del Estado y de una sociedad más dividida y enfrentada que nunca. En esta situación, quien gana y asiste complacida al espectáculo de confrontación que ha generado la política del presidente del Gobierno es ETA, muy cómoda ante esa paz de pancarta que exhibían ayer los manifestantes. Por eso, de cara al pleno extraordinario de mañana en el E Congreso, es preciso que el debate se centre en el contenido político de estos dos años y medio de mandato y en la evidencia de que el proceso de paz ha fracasado con estrépito porque ha derivado en el peor de los escenarios: ETA es más fuerte que hace tres años y la sociedad, más débil por su propia fractura. El último atentado no ha servido para rectificar el rumbo político general del país- -saturado de discordias- pero tampoco para que el PSOE entre en razón y asuma la necesidad de contar con el PP para cualquier intento de reconducción de la lucha contra ETA. Si el PP tiene tanta capacidad para, según dicen, boicotear el proceso de paz y también las manifestaciones de ayer, lo lógico es que el Gobierno asuma que la fuerza política del PP es muy superior a la de sus socios minoritarios y que sin los populares no hay posibilidades de que el país avance. Esto es lo que explica que todos los consensos alcanzados entre la derecha y la izquierda hayan sido muy beneficiosos para España y que los pactos de interés particular del PSOE con los nacionalismos, en asuntos de Estado, hayan resultado un desastre. Los españoles, hoy, siguen sin saber qué va a hacer el Gobierno con ETA. No con los etarras autores del atentado del 30- D, que, obviamente, serán detenidos antes o después en España o en Francia. Sino qué va a hacer con el entramado batasuno, con las causas judiciales en las que el Fiscal se ha apeado con el proceso en marcha caso Egunkaria por ejemplo) con el Partido Comunista de las Tierras Vascas, con los interlocutores propios que vendían la paz como una realidad inmediata. Y, sobre todo, si el presidente del Gobierno sigue albergando la esperanza- -para su futuro político y el de su partido- -de retomar el diálogo con ETA y Batasuna. Ningún manifestante pudo salir ayer en Bilbao y Madrid con respuestas a estas preguntas, que son claves del futuro inmediato de España. CRISTIANOS PERSEGUIDOS L OS datos son contundentes: 250 millones de cristianos sufrirán persecución este año en diversos países del mundo, desde China al África subsahariana y, en particular, en la gran mayoría de los países islámicos. No se trata sólo de violencia física, sino también de coacciones, restricciones y otras múltiples vías indirectas para impedir la práctica personal de la fe cristiana o su expresión en el ámbito público. Parece que el tiempo de las catacumbas y de las persecuciones sangrientas en el imperio romano es algo más que un capítulo de los libros de Historia. Con todos sus altibajos y limitaciones, Occidente ha logrado configurar un régimen de libertad religiosa que tuvo su primer reflejo en las colonias inglesas de América del Norte y fue recogido después por las declaraciones de derechos propias del Estado constitucional. Las ideas de tolerancia, primero, y de libertad plena, después, permitieron el despliegue de un modelo de cooperación entre el Estado y las diversas confesiones basado en el respeto a las creencias de cada persona. Por desgracia, no sucede lo mismo en otras muchas zonas del mundo, donde predomina la mezcla entre religión y política, que convierte a los disidentes de la religión oficial en enemigos a los que se debe reducir al silencio de forma implacable. El sectarismo conlleva la negación del derecho a existir de quienes no comparten los propios dogmas. Desde esa mentalidad, el cristianismo es una víctima propiciatoria para impedir no sólo su práctica, sino su expansión en países cuyos dirigentes lo consideran una peligrosa intromisión en un territorio acotado. Sorprende, una vez más, la mala conciencia de algunos sectores del mundo occidental que reniegan de sí mismos y aceptan en cambio la más sangrienta tiranía cuando se practica en nombre de otras civilizaciones. El buenismo en política internacional, las ocurrencias al estilo de la Alianza de Civilizaciones o las dudas infundadas sobre los principios que inspiran nuestra convivencia en libertad son fiel reflejo de la enajenación moral que afecta a muchos políticos e intelectuales. Con sus deficiencias y servidumbres, Occidente es la civilización que mejor ha logrado garantizar la dignidad del ser humano y ha creado más prosperidad para más gente que ninguna otra. No cabe triunfalismo alguno, por supuesto, pero cualquier comparación le resulta abrumadoramente favorable, también en el ámbito de la libertad religiosa y de creencias. Mientras en Europa los estados desarrollan acuerdos de cooperación con los musulmanes, en el mundo islámico ser cristiano exige una actitud heroica, con grave riesgo a veces para la propia vida. Un observador imparcial podría determinar muy claramente de qué lado se sitúa la justicia. Sin embargo, muchos contemplan la situación con una óptica sesgada, dispuestos a asumir los más graves atentados a los derechos humanos en nombre de una falsa conciencia multicultural.