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74 CULTURAyESPECTÁCULOS SÁBADO 13 s 1 s 2007 ABC La discográfica EMI despide a sus dos máximos directivos tras la caída de ingresos E. J. B. CORRESPONSAL LONDRES. La discográfica británica EMI anunció ayer el inmediato cese del presidente ejecutivo de su división musical, Alain Levy, y del vicepresidente de ese área de negocio, David Munns, después de admitir que sus ingresos descendieron un 10 por ciento el año pasado. Su marcha será seguida por otros próximos despidos en puestos directivos y un recorte general de la plantilla, integrada por 6.300 personas en todo el mundo, que EMI Group aún no ha cuantificado públicamente. La compañía afronta una reestructuración con un coste aproximado de 225 millones de euros, que debe aportar un ahorro de unos 165 millones anuales a partir del ejercicio de 2008. El año recién terminado no ha sido bueno para el mercado discográfico, y se calcula que las ventas han disminuido alrededor de un 13 por ciento en el Reino Unido en el periodo navideño. EMI Music, que representa a 1.300 artistas y tiene un catálogo de más de un millón de canciones, había confiado en las compras de final de año para mejorar sus resultados, después de haber lanzado a finales de 2006 los últimos trabajos de Robbie Williams, Norah Jones, Vasco Rossi, Moby y Depeche Mode. También contaba con el reclamo de Love el álbum del espectáculo del Circo del Sol a partir de canciones de los Beatles. Morirse de gusto en Madrid (de noche) La crema de la intelectualidad desfilaba por la noche madrileña. El célebre Chicote era cita obligada para Edgar Neville, los hermanos Mihura o Ava Gardner, la diosa de la capital POR ENRIQUE HERREROS La noche comenzaba en tres sitios. Para empezar, el bar del Palace. La primera mesa de la izquierda estaba siempre reservada al antiguo embajador de Filipinas en Madrid, propietario de un apartamentodecorado alopelícula china, en pleno Paseo de Rosales. También lo frecuentaban los periodistas Ralph Forte, que jubilado se quedaría para siempre en su piso de Espalter, frentealatrayenteJardín Botánico, y Roberto L. Rooney, a quien se le conocía como el marqués de Texas Rooney, ya desvinculado de la United Press, residiría varios años en Madrid. El bar de Pedro Chicote ofrecía nada más traspasar la puerta giratoria la mesa de los humoristas Edgar Neville, Antonio de Lara, Tono los dos hermanos Mihura, Miguely Jerónimo, y mibuen padre, que concurría menos debido a su vinculación cinematográfica y su vocación montañera. También acudían el realizador Antonio Román, y el director de fotografía Michael Kelber (el de French can- can y Calle Mayor Una noche, los humoristas estaban preocupados porque el maravilloso Tono no aparecía. Cuando lo hizo, Miguel Mihura, con voz ronca y cortante, le preguntó: ¿Pero Tono de dónde vienes tan tarde? Él, con su graciosa forma de expresarse, le respondió: Vengo de ver la película El retrato de Florián Rey Aclararemos que el verdadero título era El retrato de Dorian Grey basado en la novela de Oscar Wilde, cuya versión cinematográfica tenía mucho éxito. Al cachondo de Tono no se le ocurrió otra cosa que trastocar el nombre de Dorian Grey por el de FloriánRey, bromeandocon eldirector de Morena clara y marido de Imperio Argentina en su día. Por otras mesas se repartía el gran puteo que velaba armas antes de lanzarse en busca del chorlito de turno. Adosado a Chicote estaba su célebre museo de bebidas, por el que desfilaban muchas figuras como Robert Taylor, Ava Gardner, Tyrone Power y otros. Perico les ofrecía un agasajo postinero con la crema de la intelectualidad tal como decía Agustín Lara en su chotis. En Balmoral se reunían Paco Urquijo; el piloto de Iberia Rafael Castillo, el de la varita; el escritor y crítico Miguel Pérez- Ferrero, premio Mariano de Cavia... Y un grupo de noctámbulos formado por el arquitecto Pepito Subirana, Carlos Stuyck, el chanquete el Procu miembro de la carrera judicial; y Alfonso Fierro y sus amigos, entre los que figuraba el periodista Alfonso Sánchez. Por el bar del Castellana Hilton se asomaban los pescuezos de los actores americanos que estuvieran rodando alguna película en Madrid y sus alrededores. El vestíbulo estaba decorado con cuadros taurinos de un pintor llamado Bob Barnette, que te ofrecía una de sus obras o intentaba endosarte una cámara fotográfica Hasselbland. Allí alternaba don Jaime de Mora y Aragón buscando al yanqui facilón que se hiciera cargo de la cuenta. Robert Mitchum, mientras rodaba Villa cabalga se solía tomar allí la primera copa para abrir boca, y después cruzaba sin mirar la Castellana y se metía en el bar San Jorge del que el propio Mitchum aseguraba: There are a lot of action! ¡Hay mucha acción! de Mónaco. Fuera de ellas, sólo se había podido alojar el actor James Stewart, aunque, previamente, se tuvo que meter en el retrete y salir vestido de general del Ejército de los Estados Unidos para que el conserje le entregara la llave. También se había colado el realizador Otto Preminger (el de Laura pero sabe Dios lo que diría para que le admitieran. De todas formas, el bar del Ruiz era un espacio silencioso que recordaba más a un elegante y frío sarcófago que a todo un caramanchel. La Parrilla del Rex era donde el venezolano Gonzalo González se tiró varias temporadas cantando aquello de cabaretera, mi dulce arrabalera que encandilaba a putas y decentes o viceversa. ¡A Samba, vamos a Samba! El Madriles vestido de chispero (parecía arrancado de una crónica de Emilio Carrere) y su pintoresco simón tirado por un afable percherón aparcaba en la mismísima puerta del Palacio de la Prensa esperando pasear clientela. En verano, ante la puerta del teatro Fontalba, en la Gran Vía, un tío se subía sobre un pequeño autobús tocando una trompetilla y gritando: ¡A Samba, vamos a Samba! Samba estaba abierto hasta muy tarde, pero si no encontrabas un taxi al regresar tenías que tomar el tranvía de la Ciudad Lineal hasta Cuatro Caminos, que se iba deteniendo en todas las paradas, evaporizando los efectos de la juerga. Riscal era lo más acogedor para morir de gusto en Madrid. Su dueño, el gran Alfonso Camorra, igual te ofrecía una de sus célebres paellas a las dos de la mañana que las transportaba a París o al mismo Vaticano. Las llevaba en unas cajas marrones de cartón. Tenía dos eficientes colaboradores, Manolo Palomero y Pepe Olabarrieta. En invierno funcionaba decorado con sobriedad y plagado de fotos de Ibáñez, el fotógrafo de las estrellas. En verano, subíamos a la terraza que era más amplia y Focalizar recursos EMI realineará sus prioridades de inversión y focalizará sus recursos en áreas donde se encuentra posicionada con el fin de obtener mejores y seguros beneficios indicó ayer la compañía a través de un comunicado. El presidente de EMI Group, Eric Nicoli, asumirá a partir de ahora también el puesto de presidente ejecutivo de EMI Music. El comunicado informó que los ingresos de su división musical serán entre un 6 y un 10 por ciento inferiores a la previsión de 2.470 millones de euros que había adelantado con anterioridad. EMI, que se presenta como la mayor compañía musical independiente del mundo, ya que no pertenece a ningún gran grupo mediático como sus más directas competidoras, abandonó el año pasado su intento de comprar Warner Music por algo más de 2.000 millones de euros. Desde entonces había recibido ofertas de un fondo de inversiones, que no siguieron adelante porque EMI consideró que la suma no respondía al valor real del grupo. Alejandro Magno A partir de 1955, cuando los americanos vinieron a rodar Alejandro Magno ese hotel se convirtió en centro del cine de Hollywood. Mi padre publicó en La codorniz una de sus muchísimas portadas, llamadas Estampas españolas que representaba la entrada del Hilton, aunque él lo llamaba Milton parodiando a Milton Goldstein, un alto ejecutivo en el entorno del productor Samuel Bronston. En el dibujo se veía la puerta abarrotada de coches (los haigas muchos reflectores encendidos y llena de mirones. Entre aquella algarabía, dos castizos murmuraban entre sí y se leía este pie: ¡Co- producciones con Hollywood! Los españoles ponemos el co y los americanos la producción Los cómicos no podían (como ahora) hospedarse en el hotel Ruiz. Sólo se habían hecho excepciones con Ritya Hayworth y Grace Kelly, pero se habían registrado, la primera como princesa Khan, y la segunda como la Riscal era lo más acogedor. Su dueño, el gran Alfonso Camorra, igual te ofrecía una de sus célebres paellas a las dos de la mañana que las transportaba a París o al Vaticano rodeada de refrescantes macetas. Desfilaban desde Fernando Fernán- Gómez a Juanjo Menéndez, pasando por Peter O Toole cuando rodaba Lawrence de Arabia y aún era un desconocido que mandaban de Sevilla para que se desbravara, vigilado por Rooney, el marqués de Texas El productor Cesáreo González y hasta un mariquita muy popular llamado La Carrete que la podía armar en la punta de una lanza. Casablanca en la plaza del Rey, vibraba cuando actuaba Fernanda Montel, casi siempre escoltada por el conde de Villapadierna (el del pañuelo asomado al bolsillo de la chaqueta) y experto aficionado a las carreras de caballlos. Un buen día, Fernanda desapareció, pero volvería a las noticias del brazo de un gran jazzman, el pianista Duke Ellington, todo un duque de la música. En el Retiro rivalizaban Florida regentado por Kurt Dogan, que ofreció la primera actuación de una jovencísima Olga Guillot, la gran cancionetera de Cuba, y Pavillón diri-