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S 6 13 1 07 EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE ROSA BELMONTE Los buenos propósitos l gimnasio se ha llenado de buenos propósitos de año nuevo. No tengo nada contra los buenos propósitos ajenos. Si esos BPA consisten en aprender inglés, dejar de fumar o hacer dieta comiendo alfalfa no me molestan. Pero si se trata del otro leit motiv de enero, el ejercicio, a lo mejor sí me molesta. Me mosqueo cuando los BPA me quitan las pesas que yo voy a utilizar o me sustraen todo el espacio en el banco del vestuario teniendo que hacer el flamenco vistiéndome a la pata coja. Y, además, me hacen madrugar todavía más para evitar la aglomeración. Hombre, que ahora llego casi antes que de que abran el chiringuito, antes de que el servicio doméstico llegue a las casas vecinas. Parezco una de esas tías que van a El Corte Inglés el primer día de rebajas a esperar a que les den la salida. La entrada, en ese caso. Claro, que más pronto van los de las cámaras de televisión que esperan la marabunta a portagayola para hacer el mismo reportaje de todos los años. Las rebajas son otra. Si antes de Reyes no se puede ir de tiendas (fundamentalmente a comprar siglas) durante las rebajas mucho menos. Las siglas y palabras incomprensibles son lo que los Reyes dejan a los niños (y no tan niños) de ahora. La PSP, la DS, el MP 3, el DVD, la XBOX, la Wii. Lo bueno es que cuando la señorita pregunta a la clase por el botín del día 6, los críos acaban mucho antes el recitado. Aunque a ella la lista le suene a código indescifrable. E Esas cosas a las que nos obligamos a primeros de año... rio para procurar que tuviera las piernas a una temperatura mucho más baja que la frente o la papada. Pues sí, Julia me ha regalado un verdugo por si me quiero hacer heroína enmascarada. Si por lo menos fuera ignífugo como los que lleva Fernando Alonso debajo del casco, pero no, esto debe de arder mejor que un autobús de Bilbao. Como hay confianza he decidido cambiarlo por otra cosa, aunque sea un llavero. Pero habiendo tanta gente, que parecía aquello una manifestación contra el Gobierno, de lo que he cambiado ha sido de idea y me lo he quedado. Procuraré no entrar al banco con él puesto. No vayan a pensar que voy a robar. También porque lleva unos adornos metálicos en un lado. Es que el otro día fui a una CESAR MINGUELA Heroína involuntaria... El lujo es el espacio. No ir al espacio, que es una ordinariez para nuevos ricos espesos (la higiene por ahí arriba es pelín desahogada) sino estar en sitios con bastantes metros cuadrados a tu disposición, donde no te metan el codo y donde te hagan caso porque eres única. ¿Qué sentido tiene ir a Prada si hay la misma gente que en Zara, es mucho más caro y encima alguien puede pensar que tu bolso es falso? Ninguna. Lo bueno de Zara es que siempre es auténtico, a nadie se le ocurre falsificarlo. El caso es que he ido a ver si cambiaba un regalo. Julia, con un par, me ha regalado, entre otras cosas, un verdugo de Prada. Esta Miuccia es una cachonda. Un verdugo como esos que me picaban por toda la cara cuando era pequeña (por eso me lo ha regalado Julia, porque ella también los sufrió) Eso sí, mi madre me ponía calcetines, no leotardos. Que no sé yo cuál era el crite- Una, cuando va al aeropuerto, se presenta dispuesta al martirio. Dispuesta a quitarse el cinturón, el reloj, los derechos civiles de toda la vida (reducidos y de boquilla) sucursal del Santander que hacía tiempo que no visitaba y me encuentro, para acceder al interior, con una de esas cabinas en las que parece que te van a teletransportar como en Star Trek Me meto esperando a que la compuerta de atrás se cierre y la voz de la Scottie de turno me dice que deje los objetos metálicos en las taquillas de la entrada. No llevaba el verdugo, ni el trabuco, ni el bazoka, ni el lanzallamas, que se me había olvidado en casa esa mañana, pero sí los suficientes objetos metálicos como para desistir de su depósito en la taquilla e irme a otro banco. Porque una, cuando va al aeropuerto, se presenta dispuesta al martirio. Dispuesta a quitarse de encima el cinturón, el reloj, el teléfono, las monedas, los derechos civiles de toda la vida (cada vez más reducidos y de boquilla) Pero en el banco todavía no me pienso bajar los pantalones. Por lo menos mientras haya otros que no me lo exijan. Es mi buen propósito de año nuevo.