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ABC VIERNES 12 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA TRAICIÓN DEL VENTRÍLOCUO P EL ACCIDENTE DEL PRESIDENTE OSÉ Luis Rodríguez se empeña en llamar accidentes a los atentados. Dice su servicio de corrección, exégesis y propaganda que es un simple lapsus, un tropezón verbal, un descuido en la transmisión neuronal cerebro- lengua sin mayor importancia. Para excusarlo acude Chaves en su auxilio y, absolutamente pasmado, me pregunto si eso es lo más indicado habida cuenta el abigarrado historial de despistes lingüísticos que atesora el presidente andaluz, alguno de ellos de auténtica antología del disparate. ¿Tenía que ser precisamente Don Manuel el que interviniese para disculpar el nuevo patinazo de El Fenómeno ¿Seguro que no había otro? El presidente de la Junta de Andalucía ha sido capaz de retorcer el lenguaje de tal manera que un observador no avisado del nivel medio de la política española podría creer encontrarse ante un genio de la expresión, cuando todos sabemos que no es el caso. Virtudes tendrá, pero la oratoria no es una de ellas. Cuenta el magnífico Pepe Esteban en su Vituperio y algún Elogio de la Errata que ha habido poemas que han mejorado notableCARLOS mente gracias al error tipográfico, y HERRERA pone como ejemplo aquellos versos que comenzaban diciendo Mar abajo de tu frente... que no eran sino la versión errónea del original Más abajo de tu frente... El errado estaba infinitamente mejor. A Chaves le ha pasado algo parecido en alguna ocasión. Cuando se debatía la memoria histórica en el Parlamento andaluz, increpó a la oposición por ejercer de tal y le dijo que le iba a salir el tiro por la cuneta De haberlo hecho con idea no dejaba de ser un acierto ya que es en las cunetas donde se simboliza el enterramiento masivo de los asesinados, pero no se ilusionen sus seguidores: quería decir el tiro por la culata Tampoco se emocionen cuando lean que en un debate económico llamó Señora Per Cápita a Teófila Martínez, justo al poco de debatir acerca de los niveles de J renta de los ciudadanos de la comunidad. Podría ser una genialidad, sí, pero no lo era, era un lapsus. Todavía tiembla la Cámara andaluz el día que, en discurso programático, aseguró que su empeño no era otro que el enriquecimiento de los socialistas en lugar del enriquecimiento de los andaluces- -enriquecimiento del que no es en absoluto sospechoso, ya que su honradez es manifiesta- como tiembla todavía de la carcajada que consiguió arrancar la noche de fin de año en la que discursó acerca de las cualidades de la juventud andaluza: en lugar de hacer referencia a ellos, se lió y deseó que éstos sepan mostrar todas las virtudes que atesoro Lo bueno es que no pararon la grabación para corregir el patinazo. Una de las mejores ocurrió en otra sesión conjunta de presidentes autonómicos: cuando hubo de referirse al señor Valcárcel, lo hizo como El presidente de la Comunidad Marciana que no murciana, lo que llevó a la sala a la hilaridad no contenida a la totalidad de los presentes ante la oportunidad única de conocer a un colega recién llegado de Marte. Cómo será la cosa que los monigotes del Plus, con su mala leche histórica y su talento evidente, han caracterizado a nuestro hombre a través de dos palabras que han triunfado cotidianamente entre sus seguidores: Andasulía y Minolles Estos y muchos otros despistes son inherentes a la figura de Chaves- -como el día en que la revista Cambio 16 le premió como Político del Año no recuerdo en virtud de qué méritos, y abrió su discurso agradeciendo de corazón el premio a la revista Cambio Diecisiete razón por la cual si él llama accidentes a los atentados me puedo creer que es un lapsus y puedo, incluso, pasarlo por alto de inmediato. Los de por aquí abajo conocemos su historial y no creo que le fuéramos a dar más importancia. Pero en boca del presidente del Gobierno- -al que algunos perversos llaman presidente por accidente se hace especialmente chirriante al ser la tercera vez que confunde términos tan distintos uno y otro. www. carlosherrera. com ELIGRO: el presidente ha perdido el control. Está desconcertado ante una situación crítica y ofrece serias muestras de aturdimiento. El subconsciente se le filtra a través del lenguaje y habla por él como si fuera un ventrílocuo. Y lo malo es que se empeña en llamarle accidente al atentado, con una contumacia preocupante que provoca sobresaltos en un panorama particularmente delicado. Los pretorianos de Moncloa, los Moraleda, Fernández de la Vega y Rubalcaba, azacanean a su alrededor desesperados como bomberos a los que se les queda corta la manIGNACIO guera. Cada vez que abre CAMACHO la boca para articular un discurso a la medida de las circunstancias, su otro yo emerge de algún sitio y se abre paso por entre las telarañas de la conciencia para retratar la impostura y descubrir el estado de confusión de un gobernante sumido en la zozobra, que se resiste en su interior a aceptar el fracaso de su principal apuesta política. El resultado de estos lapsus recurrentes es una pérdida completa de credibilidad. Si ya costaba trabajo confiar en su intención de finiquitar el diálogo con ETA, la insistencia de sus deslices mentales apuntala en la opinión pública una convicción que sobrepasa la sospecha. No se puede creer a un hombre que da la sensación de no creerse a sí mismo. La gravedad de los hechos parece haber puesto en crisis su capacidad de simulación, y le provoca un desorden que transparenta su estado emocional. Se le ve el cartón. Pero es que, cuando logra controlar al ventrílocuo, cuando domina los demonios desbocados de su psique, los síntomas no resultan menos inquietantes. Dos semanas después del accidente de Barajas aún no ha sido capaz de articular una respuesta clara. No pronuncia la palabra terrorismo ni mucho menos formula con nitidez una propuesta de combatirlo con firmeza. Sencillamente, no le sale. Se parapeta detrás de sintagmas ambiguos como el del fin de la violencia que valen para la negociación y para la lucha, para la entrega y para la resistencia, para antes y para después de que ETA le destrozase su proceso. Prefirió suspenderlo a cancelarlo -lo que provocó una alarmada catarata de puntualizaciones a cargo de sus edecanes- y transita entre alambicadas indeterminaciones que sugieren la intención de ganar tiempo y evocan la posibilidad de un portillo entreabierto. Su actitud recuerda un célebre cuadro de Magritte, titulado La traición de las imágenes en él se ve una pipa y un letrero que dice esto no es una pipa El inconsciente de Zapatero insiste en que lo de Barajas no fue un atentado, aunque se vea un atentado: la bomba de un atentado, los escombros de un atentado, los muertos de un atentado. Pero al mismo tiempo, su imagen empequeñecida, titubeante y ofuscada proyecta ante la opinión pública la sugerencia de otra traición visual: se ve a un presidente, pero esto no es un presidente.