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4 OPINIÓN VIERNES 12 s 1 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL MILAGRO ECONÓMICO DE MERKEL L LAPSUS Y MANIFESTACIONES S I el Gobierno y el PSOE quieren medir su liderazgo político en este momento crucial para la lucha antiterrorista, no tienen más que comprobar la desunión que reflejarán las dos manifestaciones convocadas en Madrid y en Bilbao con motivo del atentado etarra en el aeropuerto de Barajas. La crisis de la unidad democrática se va a mostrar con toda su dramática crudeza y lejos de servir de reproche al PP, al recordar el apoyo socialista al Gobierno de Aznar, señala directamente la responsabilidad personal de Rodríguez Zapatero, primero por romper aquella unidad que heredó; y, segundo, por hacer todo lo posible para frustrar su restauración. La incapacidad del Gobierno para gestionar con un mínimo de sentido común la grave crisis de confianza que han provocado sus errores de apreciación y decisión en el proceso de negociación con ETA sigue desplegando sus efectos y exterminando las escasas posibilidades de ofrecer a los españoles una política fiable de lucha y derrota de los terroristas. Más aún cuando el jefe del Ejecutivo, por tercera vez, volvió a calificar ayer de accidentes los atentados de ETA. Demasiados lapsus que evidencian que el Gobierno, sobrepasado por su propia impericia, no controla la situación en un momento que requiere, más que nunca, sosiego y firmeza para no otorgar más bazas a la banda asesina. La calculada indefinición del presidente del Gobierno sobre lo que hará en el futuro- -incertidumbre, en sí misma, desastrosa para un Estado que no debió dejar de estar volcado en la persecución implacable de ETA- -alimenta las estrategias más inicuas de quienes, de ninguna forma, quieren cancelar el proceso de diálogo con los terroristas. Y por esto mismo, las manifestaciones del sábado son producto del oportunismo del PNV verdadero experto en la materia, y de la resistencia inmoral de una parte de la izquierda a aceptar el fracaso, ocupándose más de hostigar al PP que a ETA. Es toda una lección para el PSOE que los reparos de los socialistas vascos a la manifestación convo- cada por el lendakari vayan paralelos a las razones por las que el PP y el Foro de Ermua, entre otros, no asistirán a la organizada por UGT y CC. OO. Si ahora Patxi López exige claridad en el lema de la manifestación de Bilbao- -variado a última hora de ayer para tratar de dejar fuera a Batasuna- el PP no ha hecho otra cosa que reclamar claridad para que la derrota de ETA y la recuperación de la libertad disuadieran a quienes quieren hacer del acto en la capital de España un lavado de cara del proceso de paz Los socialistas vascos han probado la medicina que en Madrid querían hacer tragar al Partido Popular, con UGT de señuelo: una apariencia de unidad, una parodia de consenso. Más allá de la foto fija de las discordias y la desunión, el problema sigue siendo que no hay respuesta que permita saber qué va hacer el Gobierno contra ETA. Y el hecho de no saberlo indica que la negociación y el diálogo con los terroristas ha calado de tal manera en el discernimiento del PSOE y del Ejecutivo que lastran no ya una rectificación política que les acerque al PP, sino también, y principalmente, la toma de decisiones que den más seguridad y tranquilidad a los españoles. No es una exageración afirmar que España siente indefensión en estos momentos porque el Gobierno es una fuente de temores e incertidumbres frente a la amenaza terrorista. Y por eso las manifestaciones del sábado no son unitarias, porque el Gobierno no ha fijado objetivos claros y capaces de convocar nítidamente a unos y obligar a otros a disipar sus ambigüedades. Así, el PP se siente excluido de la manifestación en Madrid por la intransigencia oficialista de UGT- -presto a un papel instrumental realmente impropio de un sindicato- y el PNV por su parte, se siente legitimado para volver a ju, gar a dos bandas- -ETA y PSOE- -y a utilizar dos discursos- -el de Josu Jon Imaz y el de Joseba Egibar- que le aseguren no perder el control del poder. Y entretanto, Rodríguez Zapatero parece incapaz de salir del laberinto en el que se ha metido voluntariamente. CAUTELAS POR EL CAMBIO CLIMÁTICO Y A empiezan a percibirse las consecuencias del calentamiento del planeta a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. No es casualidad que los inviernos sean cada vez más templados, ni la ausencia de nieve en las estaciones de esquí, ni el calor extremo de los últimos veranos. El sentido común aconseja no hacer oídos sordos a los informes científicos que alertan de una situación cada día más preocupante. El estudio más reciente de la Comisión Europea plantea la crisis del turismo de playa y de los cultivos agrícolas en el Mediterráneo como consecuencia de la sequía previsible. Las proyecciones macroeconómicas no dejan lugar a dudas: si no se frena el cambio climático, el crecimiento podría reducirse en un 5 por ciento anual. Los efectos demográficos son también muy serios, puesto que se provoca la muerte prematura de miles de personas. Por supuesto, también son dramáticos los efectos en materias como incendios forestales o destrucción irreversible de los ecosistemas. La situación es tan grave que los objetivos propuestos por los especialistas se limitan a paliar los daños: se trataría de conseguir que la temperatura media en el planeta no suba más de dos grados de aquí a 2050. La defensa del medio ambiente no es un lujo para las sociedades desarrolladas o un apéndice secundario de las grandes cuestiones políticas. No hay que echar en saco roto los in- formes técnicos y tampoco sirve tranquilizar la conciencia pensando que se trata de exageraciones sin fundamento. El desarrollo sin control de las economías emergentes- -como es el caso de China- -se está realizando de espaldas a la naturaleza. El incumplimiento del protocolo de Kyoto y la falta de respaldo al mismo de países como Estados Unidos reflejan la escasa conciencia sobre el futuro de una sociedad que vive instalada en las urgencias del presente. Pero el futuro ya está ahí, y estamos empezando a pagar la factura. Si los turistas abandonan la costa mediterránea por culpa de su degradación ecológica, los efectos serán dramáticos para uno de los sectores más pujantes de la economía española. De ahí que convenga estudiar con rigor la propuesta de Bruselas para que los países comunitarios reduzcan las emisiones de CO 2 a la atmósfera en un 20 por ciento, de aquí hasta el 2020. Las interconexiones entre miembros de la UE y el uso de biocombustibles son otras propuestas dignas de ser tomadas en consideración. Todo ello, sin olvidar las ventajas de la energía nuclear, tantas veces rechazada desde la demagogia irresponsable, ya que los expertos consideran que es la que libera menos CO 2. El derecho al medio ambiente figura ya en la gran mayoría de las Constituciones como uno de los derechos fundamentales de última generación. Lo importante ahora es que las sociedades desarrolladas tomen conciencia del problema: si no es por convicción, que sea al menos por interés. A economía alemana ha vuelto al marco de estabilidad y de crecimiento sostenido que su propio Gobierno patrocinó para los socios del euro, cuando la nueva moneda europea sustituyó las viejas monedas nacionales. Alemania creció el pasado año al 2,5 por ciento, su mejor tasa en lo poco que va de siglo. Crecimiento sustentado en un superávit exterior por encima de los 90.000 millones de euros (el mayor tras los de China y Japón) y en una consistente recuperación de su desmanda interna, que revela una creciente confianza de los consumidores. Consecuentemente con esos datos, la tasa de paro ha perdido los dos dígitos y el empleo crece hasta superar los 40 millones de ocupados, que es el dato que mejor dibuja el mercado laboral. Alemania arrancó el nuevo siglo con claros síntomas de agotamiento. La economía enferma de Europa decían algunos comentaristas que pronosticaban un estancamiento similar al sufrido por la economía japonesa durante la última década. La sociedad alemana no mostraba ninguna disposición para afrontar su propia crisis y los dirigentes políticos parecían incapaces de liderar un cambio de actitud y de mentalidad para implantar las reformas necesarias para recuperar la senda de prosperidad. Schroeder intentó con su programa de la Agenda 2010 despertar a esa sociedad, pero apenas lo consiguió para ponerla en marcha, como quedó acreditado en su posterior fracaso electoral. Angela Merkel asumió después la Cancillería con los votos insuficientes de su partido, una vez tejida una gran coalición con los socialdemócratas, para poner en marcha unas políticas menos ampulosas que las de su predecesor, pero- -a la vista está- -más eficaces por los resultados que vienen produciendo. La canciller, que en estos momentos lidera la Unión Europea, actúa con discreción y con firmeza, sin caer en la tentación del populismo, con prudencia para que las reformas calen en la sociedad y den frutos. Y un año después los resultados empiezan a verse. Alemania representa por sí misma el 30 por ciento de la economía del euro, de tal manera que marca la pauta de la zona. Su recuperación económica será buena no sólo para los alemanes, sino también para el resto de los europeos, que se beneficiarán, por el efecto simpatía, de la ampliación del horizonte alemán. Tras más de diez años durante los cuales el crecimiento de la zona del dólar ha sido sensiblemente superior al de la zona euro, casi el doble, la recuperación alemana permite prever que este año el crecimiento de ambas áreas será equivalente. La competitividad de los países tiene que mucho ver con las capacidades y con la productividad. El caso de Alemania supone una lección interesante para el caso español. El liderazgo de Merkel es poco espectacular, sin gestos para la galería ni electoralismo de corto plazo, pero produce resultados muy visibles, que suelen ser antecedente de más votos y de éxitos.