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84 CIENCIAyFUTURO Tribuna Abierta MIÉRCOLES 10 s 1 s 2007 ABC Enrique Rojas Catedrático de Psiquiatría NO PERDER LA ILUSIÓN U N año más atravesamos el umbral del tiempo. Con mucha frecuencia tenemos la impresión de que la vida va demasiado deprisa. A veces se suceden las semanas y los meses y es difícil detener el curso vertiginoso del tiempo. Pasa la vida y los acontecimientos se suceden, muchas veces sin que tengamos un espacio para detenernos y saborearlo. Hablar de felicidad es hablar de ilusión. Sin ilusiones no vamos a ninguna parte. Me abro paso entre masas de pensamientos cuando en la frontera de 2007 tantas veces nos decimos por la calle ¡feliz año nuevo! El lenguaje coloquial repite esta sentencia una y otra vez, pero es bueno parar el reloj y repensar lo que queremos decir con esto: le deseamos a otra persona lo mejor. Hay dos estirpes de felicidad distintos: una felicidad puntual, que se refiere al hoy y ahora y que tiene muchas expresiones en el lenguaje común: feliz Navidad, feliz cumpleaños, felices sueños, felices vacaciones... Son momentos positivos, fugaces, transitorios, esporádicos que tienen poca consistencia pero que son importantes en el curso de nuestra vida. En el otro extremo del espectro está la felicidad como balance existencial. Que consiste en considerar la vida humana en su totalidad y que se desprende de ella una tonalidad que se refleja en el espejo de la exploración personal. Esta segunda es un estado de ánimo positivo, que consiste en estar contento con uno mismo al comprobar que los grandes argumentos de la vida han ido funcionando relativamente bien. Si lo fundamental de nuestra vida es el futuro, podríamos decir que la felicidad está en el porvenir. La felicidad es prospectiva (mira hacia delante) pero también es retrospectiva (mira hacia atrás) En este sentido ser feliz es realizarse de la mejor manera posible, pero sabiendo que todo desarrollo personal es siempre insuficiente, porque el hombre es un animal descontento. mensaje positivo. Que a pesar de todo, que por encima de todos los avatares y dificultades de la vida, queremos para los demás esos momentos positivos que se incrustan en nuestra vida y abren una ventana de aire fresco. Para muchos hoy la felicidad queda reducida a bienestar, nivel de vida, abundancia material, seguridad. Pero la felicidad no puede quedarse solamente ahí. Aunque es verdad que necesitamos unas mínimas condiciones positivas de salida, hay que ir un poco más allá: la felicidad consiste en hacer algo que merezca la pena con la propia vida: algo grande según las posibilidades de cada uno. No es posible la felicidad absoluta y total porque huele a utopía, a quimera. Hay que aspirar a una felicidad razonable: que haya una buena relación entre lo que yo he deseado y lo que he conseguido. Decía Gómez de la Serna en una de sus greguerías que aburrirse es besar la muerte Lo contrario de la felicidad es la desgracia, una mezcla de vacío, sufrimiento, tedio y disgusto por la vida. La felicidad tiene mucho que ver con la vida personal, que es como un libro en blanco en el que vamos escribiendo con nuestra conducta. Ahí se registran alegrías y tristezas, aciertos y errores. Pero lo importante es que la vida tenga una unidad interna, que no es otra cosa que coherencia, es decir que entre lo que pienso y lo que hago haya una buena relación. La felicidad es la ley natural del ser humano, la réplica de la ley de la gravedad, todos aspiramos a ella. Es una buena conjunción de amor, trabajo, cultura, amistad e ilusiones aprovechar el tiempo empieza en los primeros años de la vida. El niño observa lo que hacen sus padres y sin tener aún conciencia de la velocidad del viento, que pasa fugitivo delante de nuestras narices, el crío va sedimentando en su cabeza lo que sus padres hacen en la vida ordinaria y en la extraordinaria. Saber gestionar el tiempo personal es un arte. Ello requiere aprendizaje y buena cabeza, una adecuada programación es la base inicial en donde se forma un buen estudiante y también donde más tarde se labra una persona sólida, madura, firme y consistente. Podemos Hay una felicidad fugaz y otra permanente. La primera es pasajera, como un viento de verano; la segunda se refiere a biografía, a lo que yo he hecho con mi vida de acuerdo con lo que proyecté. Don Juan Tenorio dice en un momento de la obra Largo me lo fiáis Cada época de la vida tiene sus ilusiones. Dice la gente en el lenguaje de la calle: No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista Al desearnos felicidad, lo que hacemos es transmitir un decir que el que no sabe lo que quiere no puede ser feliz. Y al mismo tiempo es esencial tener un proyecto de vida coherente y realista. La vida es abierta y argumental. Que la vida sea abierta quiere decir que es incompleta, provisional, interminable, siempre por hacer, que nunca esta concluida ni finalizada. Por eso la vida es dramática: puede ocurrir cualquier cosa sobre ella y hay un fondo imprevisible. Porque el ser humano está siempre en continua batalla sobre sí mismo, resolviéndose como problema. Por otra parte, la vida es argumental, esto significa que la vida es programática: planificación ordenada. La vida es futuro, anticipación, proyecto, pretensión, objetivos de porvenir, empeños y propósitos. El argumento es el tejido conjuntivo que se hospeda en su seno y que cada uno lo pone con sus preferencias y aptitudes. El futuro es la dimensión fundamental de la existencia: su motor. La ilusión no es el contenido de la felicidad, sino su envoltorio. Nos pa- samos la vida pensando en el día de mañana. El hombre debe mirar hacia delante, porque la vida se dirige en esa dirección. La vida no se improvisa, sino que se programa. En la felicidad como balance yo exploro, escruto, observo, capto, registro, me detengo a la falda del camino y hago recuento de mi travesía personal. Hacemos haber y debe: arqueo de caja. Y voy explorando hacia atrás lo que he ido haciendo con ella. Zubiri, en su libro Sobre el hombre, pone de relieve que vivir es conseguirse provisionalmente, realizando la pregunta que se expresa en él: ¿qué va a ser de mí? Vivimos tiempos llenos de interés, donde los cambios vertiginosos en conceptos sustanciales hacen que mucha gente esté desorientada y sin saber a qué atenerse. Estas crisis de ahora son de desorientación. No saber hacia dónde tirar ni hacia dónde dirigirse por falta de discernimiento, de claridad en los conceptos, en las metas y en la interpretación de lo que está pasando y en consecuencia todo flota en un relativismo por saturación de contradicciones. He hablado antes del tiempo fugaz y de cómo éste atraviesa las costuras de nuestra existencia casi sin que nos demos cuenta. Pero el tiempo es un bien democrático igual para todos, y cada uno le saca el partido que quiere. Uno de los aspectos que más retrata al ser humano es el modo de aprovecharlo o perderlo. Si el tiempo vuela, hay que apresarlo, detenerlo, fijarlo, plantarle cara e intentar exprimirlo como un limón, sacándole el máximo jugo. Con exigencia y serenidad. Sin ansiedad. Cuando empieza un año nuevo quiero recordar que la educación para tengas un año feliz, que seas capaz de ponerte metas, retos, planes, objetivos. Evita la conducta adolescente, el ser traído y llevado y tiranizado por lo inmediato, por lo que solicita y reclama tu atención. No eres más libre cuando haces lo que te apetece, sino cuando eliges aquello que te hace más persona. La pedagogía del tiempo es liceo y academia. En el liceo, Aristóteles paseaba con sus alumnos y se hablaba de todo. En el mundo ateniense laacademia era un jardín donde Platón se reunía con sus discípulos. En aquel entonces enseñar consistía en formar un ciudadano para el diálogo, entre el maestro y sus discípulos, estos últimos admiraban las respuestas de aquél y discutían ardientemente sus teorías. Para ser feliz es menester haber crecido con un modelo de identidad. Hay tres niveles en el campo de los modelos: el profesor, el maestro y el testigo. El profesor es el que enseña una asignatura, una disciplina, un programa. El maestro enseña lecciones que no vienen en los libros, es una sabiduría que se cuela por los entresijos de sus palabras y va más allá de ellas; al alumno le gustaría parecerse a su maestro y quiere imitarlo. El testigo enseña lecciones con su vida, ésta habla, expresa y dice de forma rotunda lo que ese sujeto lleva dentro y produce un efecto de atracción inmediata: es un ejemplo a seguir, es la exaltación de lo mejor, con realismo y la certeza notarial de una trayectoria hecha de verdad. Por ahí veo yo esta felicidad que repetimos una y otra vez en estos días. La felicidad es la ley natural del ser humano, la réplica de la ley de la gravedad, todos aspiramos a ella. Es una buena conjunción de amor, trabajo, cultura, amistad e ilusiones. La felicidad no es alergia al sufrimiento, sino el sufrimiento superado. La capacidad para saltar por encimade los reveses, golpes y la marea negra del chapapote, de las derrotas y el árbol genealógico de los Buendía. Física y metafísica. Administración inteligente del deseo. Corazón, cabeza y cultura: la ecuación de una sinfonía llena de fuerza. Que