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ABC MIÉRCOLES 10 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA DOS DE LOS NUESTROS esos dos chicos ecuatorianos, Estacio y Palate, les debemos algo. Un homenaje, un sentimiento, una honra, una oración, un luto, un gesto. Una memoria de dolor que acompañe siquiera un poco su soledad de muertos intempestivos, un respeto que dignifique su condición de víctimas, de inocentes asesinados por el delirio terrorista, y les saque de ese limbo neutro y ausente de simples difuntos, inoportunamente involucrados en una casualidad siniestra, un trágico accidente que dijo alguien con necia superfiIGNACIO cialidad preventiva. Y se CAMACHO lo debemos nosotros, los ciudadanos, los que nos comimos las uvas con el alborozo de costumbre y brindamos con cava por el año nuevo mientras sus cuerpos aplastados permanecían bajo los escombros de Barajas, los que no quisimos permitir que la muerte injusta y vil de dos inmigrantes nos ensombreciese el jolgorio y la fiesta. Ay, si en vez de en las montañas lejanas del Ecuador esos muchachos hubiesen nacido en Logroño, en Valladolid o en Granada. Cuántas velas habríamos encendido, cuánto llanto habríamos derramado, cuántas manifestaciones habríamos organizado, con cuánta fuerza se habría conmovido nuestra indignación colectiva. El Gobierno se los quitó de encima como pudo, deprisa y corriendo, un pésame murmurado y adiós, que ni un responso permitieron en el breve oficio de despedida; sus cadáveres eran el testimonio incómodo de un fracaso, el habeas corpus de un descalabro político, y urgía enviarlos bien pronto allá lejos, a su dolido entorno de soledades campesinas, de ponchos tristes y flores rotas, donde su duelo no estorbase los discursos de galería ni interrumpiese con preguntas incontestables el pétreo, inexorable pragmatismo de la política. Y ETA ya se ha quitado, literalmente, los muertos de encima: fue un error técnico, han dicho los asesinos con su fría crueldad, quién iba a pensar que cuando se hace explotar media tonelada de dinamita puede producirse alguna víctima. Pelillos a la mar; la tregua sigue, los vivos al bollo del diálogo y la autodeterminación, y los muertos al hoyo gélido del desamparo y el olvido. Nada de qué preocuparse, un alivio, no eran enemigos del pueblo vasco. Pero nosotros, los ciudadanos, tenemos una deuda. Con ellos, con Estacio y Palate, y con nosotros mismos; con nuestra dignidad colectiva, con nuestra responsabilidad moral. La deuda de demostrar que nos duele su muerte, que nos amputa parte de lo que somos, que no tragamos con la cínica minimización de la tragedia. Que no fue un accidente, ni una casualidad, ni una desgracia, ni un daño colateral, sino un asesinato, un acto terrorista, un crimen, una vileza. Un atentado cruento, un golpe más a nuestra libertad, a nuestra convivencia, a nuestra democracia, a nuestra ciudadanía. Y que no son dos muertos fortuitos que se olvidan para siempre con la lorquiana soledad de los perros apagados, sino dos nuevas víctimas inocentes que estremecen el corazón herido de España. Dos de los nuestros, pese a quien pese. A EL RECUADRO ¿PARA CUÁNDO EL ¡A POR ELLOS! L día que el cinismo sea admitido como deporte olímpico, nadie le quita a España el copo de todas las medallas de oro. No hay en Eurasia nación donde el Índice de Cinismo por Habitante sea tan alto. Hasta los asesinos son cínicos. ¿Pues no que salen en el Gara por la cara diciendo que no querían matar a nadie en Barajas? ¿Cuántas toneladas de cinismo son necesarias para eso? ¿Más o menos que las toneladas de escombros que sepultaron a los dos ecuatorianos asesinados? Y no acaba ahí el cinismo habitual de los asesinos, al proclamar que el alto el fuego sigue en pie. Más que de Gara esto es de libro Guinness: España es el único país del mundo donde una bomba que destruye un aparcamiento y mata a dos personas no rompe el alto el fuego. Me recuerda lo del rayo de sol por el cristal, sin romperlo ni mancharlo del catecismo de Ripalda. Aunque más cínico que todo es aceptar como lo más normal que los asesinos decreten el alto el fuego. ¿Qué alto y qué fuego? El alto el fuego lo declaran las naciones soberanas beligerantes, y aquí no hay guerra ninguna. Razón por la cual es totalmente cínico hablar de (copyright Ignacio Camacho) La paz viene tras la gueANTONIO rra, y aquí no estamos en guerra con naBURGOS die, aquí no hacemos más que poner muertos de nuestro lado, por 819 me parece que vamos ya. En este punto de la me salgo de la pastelería del cinismo de los verdugos para entrar en la bollería del cinismo de las víctimas y del poder que las debería defender y de la sociedad que las debería apoyar. El dolor de España ante los dos ecuatorianos asesinados y enviados a su pueblo por Seur 10 ha sido completamente descriptible, de cínico y casi inexistente. Un dolor homologable a aquel colectivo mirar para otro lado ante los militares, policías y guardias civiles asesinados por la ETA en las Vascongadas en los 70 y 80. Esos aviones de Torrejón los habíamos visto ya, en un trágico puente aéreo de ataúdes de guardias civiles desde Sondica a Armilla. Esa madre en la miseria de la aldea andina, rota por el hijo muerto tan lejos, también nos suena de entonces, de las serra- E nías andaluzas. Y ante todo esto, como entonces también, la dormición de la conciencia colectiva y la capacidad de respuesta de la sociedad, preocupadísima por las uvas de la Nochevieja y los regalos de Reyes y ahora por los chollos de las rebajas de enero. No sólo ZP estaba en Doñana. España entera sigue aún como en una inmensa Doñana donde una sociedad sin pulso lo ve todo como lo más inevitablemente normal, como el que contempla una catástrofe natural. Y lo más cínico de todo, el huero discurso de las palabras rotas, como el amor de Rocío Jurado, de tanto usarlas. Las pancartas de las manifestaciones del sábado serán una antología de solemnes chorradas, en la ceremonia colectiva del cinismo. En la que las más altas cotas las alcanza, como siempre, el Gobierno. Los que llegaron al poder utilizando y manipulando la matanza del 11- M tienen el cinismo de decir ahora que no es lícito usar el terrorismo para hacer política, pidiendo responsabilidades y respuesta. El máximo cinismo es que quieren meter en el congelador todo el sistema democrático, al conjuro de la mercancía averiada de las palabras chiguatas y manoseadas, y el personal queda insensible, ante la ausencia colectiva de valores. A la cabeza de todo, la llamada a la unidad ¿Qué unidad? ¿Unidad de qué y para qué? Unidad precisamente, toca madera, se llamaba el periódico del Movimiento Nacional en San Sebastián. La palabra unidad da un tufillo a totalitarismo que tira de espaldas. De la unidad de los partidos a la unanimidad del fascismo no hay ni una cuarta. Máximo cinismo cuando se apela a la unidad para no hacer lo que se debe: cumplir y hacer cumplir la ley, mandar a la Policía y aplicar el Código Penal. ¿Se apela acaso a la unidad de los partidos para que la Policía detenga a los asesinos de la llamada violencia de género, a los traficantes de drogas, a los conductores suicidas? ¿Se pide acaso la unidad de los partidos para aplicar el Código Penal a los ladrones, a los defraudadores, a los uxoricidas, a los pirómanos? Tanto es el cinismo, que aquí el ¡a por ellos! sólo se lo dicen a la selección nacional de fútbol. Los policías y los jueces hace ya años que no lo oyen para derrotar a la ETA.