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ABC MARTES 9 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA URNA EN LA CABEZA P MÁS VIEJOS FANTASMAS EUROPEOS L ingreso de Rumanía en la Unión Europea aporta el lastre de una tradición de extrema derecha que pronto va a marcar territorio en el hemiciclo de Bruselas. Ese es un decrépito fantasma, agitado por las grandes ventiscas de los años treinta, reaparecido al caer el muro de Berlín y extrañamente avivado por el lifting de la integración europea. Fue amplio el entorno intelectual de la extrema derecha rumana, relocalizada en el exilio. Ahora se relocaliza en el Parlamento Europeo. Da argumentos a quienes piensan que la integración europea ya no es, como inicialmente, la respuesta a una crisis de confianza, sino que es actualmente una de las causas de la crisis. En un par de semanas se calcula que el ingreso de Rumanía y Bulgaria en la Unión Europea significará la constitución de un grupo de ultraderecha en el Parlamento Europeo, porque con un europarlamentario del partido Ataka búlgaro y cinco del Partido de la Gran Rumanía ya se suman los diecinueve escaños- -procedentes de cinco estados- miembros distintos- -necesarios para formar grupo parlamentario, un antiguo empeño de la derecha más dura. Los restantes componentes del grupo Identidad, soberanía y transparencia -o tal vez Europa de las patrias -serían el Frente Nacional de Le Pen, la exVALENTÍ trema derecha austriaca, Alexandra PUIG Mussolini, la extrema derecha flamenca y varios europarlamentarios independientes. Representan la Europa proteccionista, xenófoba, antiamericana, particularista y antisemita. Activaron el populismo del no porque sí Reaccionan contra la eurocracia, el constructivismo, el angelismo inmigratorio y los efectos del euro en la cesta de la compra. Constituirán un búnker contra el ingreso de Turquía. Serán estrepitosos cuando Angela Merkel pretenda darle oxígeno al fallido Tratado Constitucional. El ideólogo es Andreas Moelzer, del partido austriaco liderado por Jörg Haider. El caso rumano tiene orígenes muy especiales. Liderado por Corneliu Vadim Tudor y con muy buenos resultados electorales, enlaza de una u otra forma con la extrema derecha que tan potente fue en la Rumanía que generó el despliegue de la Guardia de Hierro del carismático Codre- E nau, que alcanzó a ser el movimiento fascistoide más potente en los Balcanes. Por sus concomitancias con la estrategia de Hitler, llegó a proponer medidas antisemitas que incluso superaron los límites macabros de la Solución Final. Años después de la caída de Ceaucescu, con Corneliu Vadim Tudor el tacticismo del Partido de la Gran Rumania busca adoptar modos más asimilables, en especial en lo referente al Holocausto. Distanciarse de las actitudes que la Guardia de Hierro representó en los años treinta, como ocurre con otros movimientos de la ultraderecha europea, no impide lanzar un mensaje equiparable, pero en un contexto de integración europea totalmente distinto a la convulsión del período de entreguerras. Indudablemente, ese es un mérito de la Unión Europea, como largo proceso institucional que genera consensos minimalistas que son la estricta antítesis de la Europa de los años treinta. En este caso, puede hablarse de progreso. Aquellos años fueron, para Rumanía, un cruel ensimismamiento en la violencia, el caos y la imposición autoritaria. Fueron tiempos de asesinatos políticos, de drástica legislación antisemita y connivencia con el hitlerismo. Podrá ser incómodo que tales fuerzas confluyan en el Parlamento Europeo, pero no es malo que así estén representadas porque existen en la realidad. Es una de tantas paradojas de la Unión Europea que quienes van ser los socios del Partido de la Gran Rumanía en el Parlamento Europeo hayan sido frontalmente contrarios a la integración rumana en la Unión Europea, por temor a la avalancha inmigratoria que en España ya es conocida. Lo que ahora ocurre es que la posibilidad de formar grupo parlamentario les da acceso a un sustento económico institucional del que hasta hoy, atomizados o a título simplemente individual, carecían. Viejos y nuevos fantasmas de Europa danzan en torno a la hoguera como las brujas en Macbeth El ultranacionalismo parece darles la razón a quienes preferían el transnacionalismo de la Ilustración al nacionalismo romántico. Al que se supone líder o portavoz del grupo Identidad, soberanía y transparencia en el hemiciclo europeo, el lepeniano Bruno Gollnisch, le queda pendiente una sentencia por denegación del Holocausto. Son sombras atávicas de una Europa que no concluyó con el Tratado de Roma. vpuig abc. es OR inquietante que resulte, en este momento el Gobierno parece más preocupado por el PP que por ETA. A doce días del atentado, la prioridad de Zapatero no consiste en avanzar en una investigación de la que nada se sabe, sino en hallar el modo de comprometer a la oposición en el fracaso de su plan de diálogo con los terroristas. El presidente se ha desplomado en las encuestas y sólo busca el modo de neutralizar siquiera parcialmente su gravísimo revés político. Con la legislatura hundida por la bomba de Barajasy suproyectoestrellasepultado entre la escombreIGNACIO ra, le ha crecido en la cabeCAMACHO za una urna y ya no ve más que votos que se le escapan. Pero en vez de rebelarse con un golpe de determinación y corajeparaadmitirsuerrory cambiar deestrategia, se confunde de enemigo y trata de descargar sobre el PP una parte de la responsabilidad de su fiasco. Se vuelve a equivocar, y cada vez le queda menos margen. Parece dispuesto a cualquier cosa menos a lo que la mayoría del país espera: liderar una reacción de firmeza contra el terrorismo. La gente puede perdonarle que se haya dejado engañar- -ya le ocurrió lo mismo a Aznar y a Felipe- -fiado de buenas intenciones, pero sólo una vez. Si perseveraenelyerro, tendráquejubilarse. Ylomalo es que no parece entenderlo; si aísla al PP se la va a volver a jugar con ETA, dejando su destino político en manos de los txerokees que lo pueden a manejar a bombazos. Incluso para el objetivo egoísta de mantenerse en el poder, es un suicidio quedarse a merced de los terroristas. El terror ya decidió las elecciones en una ocasión, el 11- M, y permitir que se repita el escenario constituiría una grave irresponsabilidad histórica. Esto lo ve ya casi todo el mundo, menos él; hay gente de su partido con las manos en la cabeza. Por más quele cuesteaceptarlo, sólo tiene un camino razonable, que consiste en volver al Pacto Antiterrorista. Nadie le culparía, ya que fue él mismo quien lo promovió, y además es compatible con su discurso teórico: firmeza legal hasta que ETA renuncie y Batasuna se desmarque, y a partir de ahí, campo para la política. Lo que ocurre de veras es que Zapatero ya ha abandonado ese planteamiento, y está buscando fórmulas políticas que aceleren el proceso, obstinado contra todaevidencia. Ni siquiera hasidocapaz, en estos días aciagos, de hablar con claridad de terrorismo sigue aferrado al ambiguo genérico de la violencia La vía de tensar la cuerda con la oposición es incómoda y dolorosa, y persiste en la fractura del país que está caracterizando esta legislatura. Si no hay consenso habrá debate, y el presidente tendrá que explicar a fondo por qué se equivocó y afrontar las consecuencias. Más jaleo, más crispación, más bronca. Quizá piense que eso le conviene para llegar a las elecciones con la temperatura política muy alta, en busca de una movilización a cara de perro. Pero si dejase por un momento de pensar con la urna, se daría cuenta de que como gobernante tiene una responsabilidad que no puede declinar y que, a corto o largo plazo, acabará pasándole la factura.