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ABC LUNES 8- -1- -2007 41 MADRID www. abc. es madrid Fue necesaria la presencia de la Guardia Civil cuando una turba se dirigió a la casa de Javier Bernuy El alcalde de Villaconejos, Lope Benavente, agradece ayer a los vecinos su participación en la recogida de firmas ÁNGEL DE ANTONIO Más de la mitad de Villaconejos, en unas horas, vota echar a El Calvo Unos 2.000 de sus 3.400 habitantes firmaron a favor del destierro del delincuente, que deberá decidirlo un juzgado de Valdemoro s ¡Esto era una calvocracia dicen los vecinos CARLOS HIDALGO MADRID. Villaconejos dijo ayer no casi de forma unánime, a que el delincuente común conocido como El Calvo vuelva al pueblo cuando salga de la cárcel. Así lo demuestran las 2.000 firmas que plasmaron otros tantos vecinos en la propuesta que piensan elevar al juzgado para que decrete una orden de alejamiento perpetuo contra quien, desde hacía seis años, sometía a todos a sus fechorías: Javier Bernuy, que es como realmente se llama. Las mesas se instalaron en la Plaza Mayor del municipio por iniciativa de su Ayuntamiento, en el que residen 3.400 habitantes, antes de las once de la mañana. Nada más disponerlas, llegaron las colas de vecinos de casi todas las edades- -las firmas de menores de edad no cuentan- con la cara bien alta pero aún con bastante recelo por poner sus nombres y apellidos junto a los testimonios, algunos escalofriantes, sobre cómo sufrieron a El Calvo y sus amigos. A uno llegó a ponerle una pistola en la cabeza aseguraba un lugareño. Una joven declaraba que la familia de Bernuy no tiene culpa de lo que pasó. Quien lo dice es una de las más de 500 personas del pueblo que, la tarde del 31 de diciembre, acudieron a las afueras, donde Bernuy vivía en una finca ilegal, para prenderle fuego. Y lo hicieron. En un principio, queríamos tirarle la casa abajo, destrozársela, como hizo él antes con un bar La dueña de este testimonio se refiere a los hechos que desencadenaron la cólera de todo un pueblo. El día antes, El Calvo se había presentado con 18 de sus secuaces en el pueblo para vacilar según su propio testimonio. Pero, realmente, a lo que fueron era a ajustar cuentas con un joven que no se amedrentó una semana antes y le dio una soberana paliza, la que medio pueblo llevaba queriendo darle desde hacía mucho. Los asesinos son ellos, que quisieron quemarme viva Agustín y Antonia son los suegros de El Calvo y dos de las personas que estaban en su finca el día que fueron a quemarla los vecinos. Estábamos tomando una sopita de tomate cuando empezó todo... Si tienen algo contra mi yerno, que le peguen un tiro a él, pero no a mí, que no soy una ladrona ni una asesina. ¡Los asesinos son ellos, que quisieron quemarme viva! exclamaba ayer Antonia en su casa del pueblo, de donde apenas sale desde lo ocurrido. Su hija, la esposa de El Calvo se ha marchado a vivir a un piso de alquiler en Madrid capital, junto a sus dos pequeños. Agustín y Antonia dicen que no saben si la chica ha denunciado al delincuente por malos tratos. Me meto unas rayas y vuelvo Pero, como el chaval ese día no andaba en el bar Cachete, a El Calvo y compañía no se les ocurrió nada mejor que destrozar el local y apalear al propietario y sus clientes. Le daba lo mismo que fueran hombres o mujeres, aunque a quienes más molestaba era a los jóvenes Cuando terminaron la faena El Calvo dijo con sorna: Sois un pueblo de maricones. Esto me lo hacen a mí, y arraso. Me voy a mi casa a tomarme unas copas y a meterme unas rayitas, y luego vuelvo a por los demás No le dio tiempo: fueron a por él. Una turba popular se dirigió a su casa. El alcalde, alarmado por el ambiente, llamó a la Guardia Civil. Bernuy les recibió a tiros. Con que veníamos a vacilar, ¿no? le reprochaban a El Calvo sus colegas de tropelías al ver a la muchedumbre. Finalmente, al alba, cuando los vecinos habían regresado a sus domicilios, fue detenido. Pero, esa misma mañana, muchos, durante la concentración en repulsa al atentado de ETA, no se creían que El Calvo estuviera al fin entre rejas. Los sms y el boca a boca hicieron el resto: esa tarde, más de medio millar de vecinos se congregó ante la casa de El Calvo Primero fueron piedras. Luego, petardos. Y, finalmente, el fuego. Había viejos, niños y jóvenes allí ávidos de venganza. Pero El Calvo estaba en el calabozo de la Guardia Civil. Dentro de la finca quedaban su mujer, embarazada, los padres de ésta y una tía. Salieron corriendo, aunque no se olvidaron la televisión de plasma. La Guardia Civil les sacó de allí. La suegra nos levantó el dedo, en señal de burla. La mujer de El Calvo es igual que él: dice que tuvo un aborto a raíz de todo, pero es mentira comenta una vecina. Sea como fuere, nadie recuerda con cariño a este individuo, que lleva seis días encarcelado en Soto del Real por homicidio doloso- -secuestró y apaleó a una mujer por una exigua deuda de su ex pareja- Como este tipo vuelva, nos tiramos a por él decía un joven. Los ánimos en Villaconejos sólo se templaron ayer durante los cinco minutos de silencio que protagonizaron más de mil vecinos. El alcalde, Lope Benavente, visiblemente emocionado, recordaba el lema de la protesta: Villaconejos unido quiere vivir en paz La recogida de firmas continuará durante toda esta semana y, luego, la decisión la tendrá un juzgado de Valdemoro.