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30 LUNES 8- -1- -2007 ABC INTERNACIONAL www. abc. es internacional El Papa releva al arzobispo de Varsovia el día de su investidura Monseñor Wielgus ocultó su colaboración con los comunistassBenedicto XVI actúa Le apoyaba una agresiva emisora con decisión ante la suciedad en la católica Iglesia que denunció como cardenal JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Con pulso firme y rapidez fulgurante, Benedicto XVI resolvió ayer el problema de indignidad del nuevo arzobispo de Varsovia, Stanislaw Wielgus, aceptando su renuncia y nombrando administrador de la diócesis al arzobispo saliente, el veterano cardenal Jozef Glemp. La renuncia de Wielgus, culpable de haber colaborado con los servicios secretos y de haber mentido a los fieles, fue presentada y aceptada ayer mismo, horas antes de la misa de toma de posesión. El portavoz del Vaticano manifestó que la Iglesia no tiene miedo a la verdad, y sus miembros deben saber reconocer sus propias culpas La decisión del Papa sorprendió incluso a la Curia vaticana, donde se esperaba que Wielgus tomase posesión en la ceremonia prevista y afrontase a lo largo de los próximos meses la tarea de ganarse la confianza de los fieles, dimitiendo sólo en caso de no lograrla. En cambio, el Papa ha preferido cortar por lo sano a pesar de que el pasado día 21 de diciembre había manifestado conocer todas las circunstancias de su pasado cuando le nombró arzobispo de Varsovia el 7 de diciembre. El Vaticano precisó que la renuncia se encuadra en el párrafo 2 del artículo 401 del Código de Derecho Canónico sobre causa grave que disminuya la capacidad para desempeñar el cargo y, aunque la presenta el obispo interesado, con frecuencia responde a sugerencias de Roma o de la propia conferencia episcopal. La entereza de Benedicto XVI recuerda las sanciones aplicadas la pasada primavera a dos religiosos implicados en abusos sexuales y también su dolorido comentario como cardenal en el Vía Crucis del 2005 en el Coliseo durante los últimos días de Juan Pablo II: ¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia, y justo entre quienes, en el sacerdocio, deberían pertenecer completamente a Cristo! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! Al margen de que Wielgus no hubiera sido totalmente sincero al informar a Roma de su pasado como colaboracionista desde 1973, su modo de responder a las acusaciones ha sido un error añadido. El pasado viernes, insistía en que nunca delaté a nadie pero se daba cuenta de que he vuelto a hacer mal en estos últimos días cuando, frente a la febril campaña mediática, negué los hechos de mi colaboración. Esto ha puesto en entredicho la credibilidad de personas de la Iglesia, incluidos los obispos que me apoyan El hoy ex arzobispo reconocía que causé entonces un daño a la Iglesia y lo he vuelto a causar en estos últimos días, en mis esfuerzos por desmentir las acusaciones El portavoz del Vaticano, paROMA. El silencio del cardenal Stanislaw Dziwisc, arzobispo de Cracovia y antiguo secretario de Juan Pablo II, era la señal más clara de que algo no iba bien. No sólo no defendía a Wielgus sino que, en su carta pastoral de anteayer, lamentaba las debilidades personales que empañan nuestro testimonio de Jesucristo A Wielgus le defendía, en cambio, Radio María, la emisora integrista conocida por su antisemitismo y su desmesurada agresividad. Varsovia y la rápida aceptación por el Santo Padre resultan la solución adecuada para hacer frente a la desorientación creada Más revelaciones Aún así, el portavoz del Vaticano, lamentó el clima turbio del debate y la extraña alianza entre los antiguos perseguidores de la Iglesia y sus adversarios actuales advirtiendo también que el material de los archivos de los servicios secretos ha sido producido por funcionarios de un régimen opresivo y chantajista Se sabe que habrá revelaciones sobre otros prelados de Polonia. Pero la lección fundamental es que el comportamiento de los obispos tiene que estar fuera de toda duda. El relevo de Wielgus recuerda el caso del padre dominico Konrad Hejmo, organizador de las peregrinaciones polacas a Roma, desenmascarado a finales de abril del 2005, poco después de la elección de Benedicto XVI. Hejmo había sido informante de un agente de la Stasi de la antigua RDA y, aunque dijo haberlo confesado a Juan Pablo II, fue apartado inmediatamente del Vaticano. dre Federico Lombardi, manifestó ayer que el comportamiento de Wielgus en los años del régimen comunista ha comprometido gravemente su autoridad, también ante los fieles. Por eso, a pesar de su humilde y conmovedora petición de perdón, la renuncia a la sede de La mayoría fue fiel Si damos por ciertas las estimaciones de algunos historiadores polacos, habría que admitir que el 10 por ciento del clero colaboró con el régimen comunista. Con el caso Stanislaw Wielgus nos puede ocurrir lo mismo que con el árbol que no deja ver el bosque J. GRAU MADRID. De aceptar la cifra de los historiadores, habría que subrayar que mucho más del 80 por ciento del clero polaco fue fiel. Afirmar esto en nuestra sociedad dominada por el consumismo parece obvio, y no lo es. Los partidos comunistas de la Europa del Este tenían como uno de sus objetivos, acabar con la Iglesia católica. Roma era el gran enemigo. El cristianismo coherente al 100 por 100 era el único que les podía hacer mella, hundir de verdad. Y no hay que ser un lince para darse cuenta de que si se corrompe al clero las posibilidades de acabar con la Iglesia se multiplican exponencialmente. Esto lo sabían los jerifaltes marxistas en Moscú, Varsovia, Praga y Budapest. Sus policías secretas tenían un departamento para espiar a la Iglesia, y para averiguar y llevar a la práctica modos de acabar con ella. Por supuesto, ese departamento existía en la SB, la policía secreta del régimen comunista polaco. ¿Recuerdan al padre Jerzy Popieluszko, asesinado por agentes de la SB precisamente por su papel de destacado anticomunista? Los sistemas de chantaje y de presión eran de lo más diverso. Por ejemplo, tratar de enredar a un sacerdote con una mujer para chantajearle, o no dejarle viajar al extranjero si no se comprometía a colaborar, o darle una paliza. Por eso, ante el caso Wielgus habría que recordar a figuras como Juan Pablo II o como el primado de Polonia Stefan Wyszynski, que luchó día y noche por conseguir un espacio de libertad para la Iglesia, y se preocupó del clero para que fuera, como dicen en el país del Vístula, semper fidelis