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ABC DOMINGO 7- -1- -2007 Felipe Benítez Reyes gana el premio Nadal con su novela Mercado de espejismos 85 La delgada línea roja De la misma promoción que el soldado Ryan, Malick presta su caro vistuosismo politécnico para trazar con tiralíneas la finísima frontera entre lo heroico y lo atroz, presente en Guadalcanal y en cada guerra. Tres reyes Con George Clooney al frente, David O. Russell disfrazó de comedia este ataque frontal a la rectitud del tío Sam cuando sus sobrinos entran en combate. Misión de saqueo en los estertores de la Guerra del Golfo Guerreros Daniel Calparsoro dirigió esta inusual incursión española en el cine bélico. Una misión humanitaria en Kosovo termina con sus héroes de paz acorralados y convertidos en auténticos lobos para el hombre Visos de historia normal Literatura y cine han recordado que la guerra es el horror de los horrores, que despelleja al perdedor y descarna al ganador, y han mostrado la otra cara de los héroes y el rostro verdadero de las pequeñas historias que hay detrás de cada conflicto POR RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. ¿Así... ¿Y nada más? Es respuesta tipo, entre la gente, a un relato de guerra presencial o de álgida firma de un tratado de paz: no suenan los clarines del miedo ni las trompetas del éxito. A veces no hay más, o tal vez no se deba contar mejor: La historia la hacen grandiosa los años, y epopeya los escritores. Personas y hechos sólo se convierten en héroes en la mente de otros. La II Guerra Mundial fue un infierno y en el frente oriental peor. Pero los rusos la subliman como la gran guerra patria por compensar el agujero de sus 20 millones de muertos, muchos en oleadas como barata carne de cañón. La tragedia de Stalingrado puede leerse así o en versión oficial: el tour de force que salvó a Europa del nazismo. La Volgogrado de hoy prefiere reivindicar al imbatido héroe soviético en la monumental estatua dispuesta a cruzar el río. Berlín sigue honrando a los libertadores rusos, a sabiendas de los dos millones de mujeres alemanas violadas en el festejo. Ambos casos los ha estudiado el británico Antony Beevor, en un relato no menos vívido cuanto preciso, para dolorosa indignación de Rusia. Y es que la historia parece necesitar su versión literariamente asumible. En Alemania ha causado estupor ver a un Hitler humano en El hundimiento pues la autodefensa psicológica exige siempre deshumanizar hasta satanizar al otro, para curarse en salud: humano es uno, no el otro y, menos, Hitler. Antony Beevor como Clint Eastwood, filmes como Senderos de gloria o El soldado Ryan recuerdan que la guerra es el horror de los horrores, despelleja al perdedor y descarna al ganador; que además no lo hay. Es bueno que se sepa que en la guerra se viola a destajo, se roba mucho y se patea a niños. Que hay oficiales canallas y soldados intrépidos, y viceversa. Que pocos de ellos podrían ser psicólogos o arquitectos y, hoy que los veteranos de guerra viven hasta jubilarse, se sabe que no muchos son plenamente reinsertables en democracia. Si el ser humano se lo ha ocultado tantas veces a sí mismo, tal vez sea porque sabe de antiguo que también hay guerras que debe encarar. Y que el cine verité y la otra cara del héroe sirven a un relativismo de clase media, que necesita perdonarse sus propias debilidades en las de los demás. El historiador Thomas Carlyle decía que se puede ser héroe en la victoria y en la derrota, nunca en el abandono; que es donde suele pillarse al hombre de la calle. Pero la necesidad de humanizar a los dioses va desde los héroes griegos hasta la revolucionaria historia de Jesús de Nazareth, que conquista por su doble condición. No es claro en cambio si es más antihéroe Alonso Quijano o Sancho de Azpeitia. La percepción del héroe, sin embargo, es menos exacta que cultural: James Bond sorprendió en 1962 a una audiencia que nunca se había topado un antihéroe vividor, gourmet e imprudente, derrochando dinero público en sus aventuras; pero 40 años después era considerado demasiado héroe y Pierce Brosnan hubo de recibir una paliza en una cárcel coreana y Daniel Craig perder algún diente sanguinolento. La británica Total Film listaba recientemente los mayores antihéroes del cine, encabezados por Travis Bickle (De Niro en Taxi Driver le sigue Jean Reno en Leon Michael Douglas como D- Fens en Un día de furia y Clint Eastwood en Harry el sucio otros son Malcolm McDowell en La Naranja Mecánica Mel Gibson en Mad Max Anthony Hopkins en El silencio de los corderos y así hasta Rambo. Gente poco ortodoxa, amoral o simplemente mala, pero a los que se detesta terminar. Hasta Torrente queda aún camino, pues la historia de las pequeñas historias, entre hijos de un dios menor, tiene sus evacuaciones. Pero no todos pueden ser héroes: alguien tiene que quedarse en la cuneta para aclamarlos al paso. ABC. es Una imagen de la película Banderas de nuestros padres ABC Toda la información sobre la película en http: abc. hoycinema. com actualidad noticias bander as- nuestros- padres. htm